jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de Transporter (Francia - Estados Unidos, 2002) con Jason Statham


De la mano de Luc Besson nos llegó esta cinta de acción que supuso el espaldarazo definitivo para la carrera de Jason Statham, uno de los pocos héroes de acción modernos capaces de recordarnos aquellos buenos tiempos dominados por mitos como Stallone o Schwarzenegger.

La dirección de Corey Yuen, todo un experto en artes marciales, se nota especialmente en las secuencias de lucha, donde Statham demuestra que es mucho más que un tipo duro con presencia. Su excelente condición física le permite ejecutar acrobacias muy trabajadas y mostrar un estilo de combate sorprendentemente elegante y depurado.

Otro de los grandes atractivos de la película son sus persecuciones en coche, dinámicas y espectaculares, que por momentos recuerdan a títulos como Ronin. En general, la acción está muy bien resuelta y mantiene un ritmo alto durante buena parte del metraje.

El argumento no es nada del otro mundo, pero cumple perfectamente con su función y consigue mantener el interés hasta el final. También se deja notar ese estilo modernete y callejero tan característico de muchas producciones de Luc Besson de aquellos años, aunque en este caso funciona bastante bien.

La mejor escena de lucha:

Sin duda, la pelea en el garaje con el suelo cubierto de aceite. Corey Yuen aprovecha la situación para construir un combate tremendamente creativo, mezclando golpes, acrobacias, objetos improvisados y un sentido del humor físico muy propio del cine de acción de Hong Kong.

Resumen:

Transporter es una notable película de acción, directa, entretenida y con excelentes secuencias físicas. Jason Statham encontró aquí uno de sus personajes más emblemáticos y Corey Yuen aportó unas coreografías muy por encima de la media occidental de la época.

Muy recomendable para los amantes del género y, para mí, claramente la mejor entrega de la trilogía de Statham.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

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