jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de La Odisea (Reino Unido - Estados Unidos, 2026) de Christopher Nolan, con Matt Damon

Adaptar La Odisea de Homero al cine era una empresa gigantesca, y Christopher Nolan dispone de todos los medios imaginables para conseguirlo. El resultado contiene momentos realmente espectaculares, pero también confirma algunas de las limitaciones que siempre he encontrado en su cine, especialmente cuando tiene que rodar acción física.

Porque La Odisea es épica, aventura y fantasía, pero también es violencia. El Odiseo de Homero es un personaje mucho más brutal, guerrero y salvaje de lo que encontramos aquí. Nolan suaviza considerablemente esas características y reinterpreta además la historia desde una perspectiva más melancólica y antibelicista, recurriendo constantemente a Troya para proporcionar peso emocional al viaje. Es una lectura legítima, pero también bastante alejada del espíritu de determinados pasajes del poema.

La película es además excesivamente larga. Hay set pieces magníficas y momentos donde la escala de la producción resulta apabullante, pero la parte central pierde muchísimo ritmo. Algunos episodios de Homero están magníficamente trasladados mientras otros parecen sorprendentemente desprovistos de fuerza.

También encontramos decisiones de casting deliberadamente inclusivas, con intérpretes de diferentes orígenes étnicos encarnando a personajes de la Grecia homérica. Es una convención habitual del Hollywood contemporáneo, aunque dentro de una recreación histórica puede producir cierto choque visual para algunos espectadores. En cualquier caso, me parece una cuestión bastante secundaria frente a los verdaderos problemas de la película.

Y para El Arte de Hostiar, el mayor está clarísimo.


La mejor escena de acción:

Aquí tengo un problema: no hay ningún combate cuerpo a cuerpo que considere realmente bueno.

La acción física vuelve a poner de manifiesto una de las grandes debilidades de Christopher Nolan como director. Cámara nerviosa, movimientos constantes, montaje que fragmenta los enfrentamientos y una dependencia excesiva del sonido para transmitir una contundencia que las imágenes no consiguen proporcionar.

Esto resulta especialmente grave en el tramo final. Era precisamente ahí donde la película necesitaba claridad espacial, coreografía, fisicidad y una sensación auténticamente salvaje de violencia. En cambio, tenemos ruido, golpes, escudos chocando y una cámara traqueteante que demasiadas veces impide apreciar qué está ocurriendo.

A mí, que suenen los altavoces como si el cine fuera a derrumbarse mientras apenas puedo apreciar la acción no me transmite épica.

Me transmite tedio.


Resumen:

La Odisea no es ningún desastre. Tiene una producción monumental, imágenes magníficas y algunos pasajes realmente inspirados.

Pero tampoco encuentro esa obra maestra que otros han visto en ella.

Es demasiado larga, irregular y sorprendentemente mediocre cuando necesita convertirse en auténtico cine de acción. Y quienes conozcan bien a Homero probablemente echarán de menos algo fundamental: aquella personalidad aplastante, astuta, brutal, guerrera y salvaje del Odiseo original.

Nolan ha construido su propia Odisea. Si te gusta más o menos que la de Homero, eso ya depende de ti.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

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