lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Rambo: Last Blood (EEUU - Hong Kong - España, 2019) con Silvester Stallone

Sin ser una obra maestra, Rambo: Last Blood me parece bastante mejor de lo que buena parte de la crítica afirmó en su momento.

Adrian Grunberg, que ya había demostrado bastante oficio en Vacaciones en el infierno junto a Mel Gibson, se ganó aquí la oportunidad de cerrar —al menos por ahora— la historia de uno de los personajes más míticos de Sylvester Stallone.

El guion no es especialmente complejo, pero sí efectivo, directo y por momentos incluso bastante conmovedor. La película entiende que Rambo es ya un hombre marcado por décadas de violencia y construye alrededor de él una sencilla historia de pérdida, rabia y venganza.

El reparto incluye además varios rostros conocidos del cine mexicano y español, entre ellos Sergio Peris-Mencheta y Paz Vega, que aportan presencia y carisma al conjunto.

Y detrás de la acción encontramos también especialistas de primer nivel, entre ellos Diyan Hristov, veterano stuntman relacionado con producciones de gran calibre como las tres primeras entregas de Los Mercenarios, 300: El origen de un imperio e incluso John Wick: Capítulo 2. Esa experiencia se aprecia especialmente cuando la película abandona definitivamente el drama y se entrega a la carnicería.


La mejor escena de acción:

Sin duda, todo el enfrentamiento final en los túneles y alrededores del rancho.

Rambo despliega allí todo su arsenal de trampas y ejecuciones, recuperando su faceta más salvaje de guerrillero. Cuchillos, armas de fuego, trampas y mutilaciones se suceden sin escatimar una sola gota de sangre.

Es un auténtico festival gore que llega incluso a rivalizar con la brutalidad de la ya extremadamente violenta John Rambo. Y, sobre todo, ofrece exactamente el clímax que uno espera de la que podría ser la última aventura del personaje.


Resumen:

Rambo: Last Blood es una despedida bastante digna para John Rambo.

Tiene un argumento sencillo pero efectivo, algunos momentos sorprendentemente emotivos, buenos profesionales detrás de la acción y un Sylvester Stallone que continúa transmitiendo perfectamente el cansancio y la rabia acumulados por el personaje.

Y cuando finalmente llega la hora de repartir hostias, la película se convierte en una carnicería absolutamente desatada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

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