Dirige Jang Hoon, que años después firmaría la excelente A Taxi Driver, mientras que Kim Ki-duk se encarga del guion. Y esa combinación se nota: visualmente la película funciona muy bien, pero narrativamente aparecen tramas secundarias que no terminan de llevar a ninguna parte y un desenlace que pretende resultar tan intenso y trascendente que por momentos acaba rozando lo ridículo.
La premisa, sin embargo, es magnífica: un actor especializado en papeles de tipo duro termina rodando una película junto a un auténtico gánster, difuminándose progresivamente la frontera entre la violencia cinematográfica y la real.
So Ji-sub y Kang Ji-hwan funcionan estupendamente como protagonistas y mantienen una tensión constante entre ambos personajes.
Para El Arte de Hostiar, además, tiene otro atractivo importante: contiene numerosas escenas de combate cuerpo a cuerpo bien realizadas. Las peleas poseen un estilo seco, físico y cercano por momentos al MMA, sin florituras excesivas y con una violencia bastante creíble. No alcanzan el nivel técnico de las grandes películas puramente marciales, pero funcionan magníficamente dentro del tono de thriller.
La mejor escena de lucha:
Sin duda, el brutal enfrentamiento del tramo final.
La pelea se desarrolla de forma cada vez más salvaje, con ambos protagonistas completamente agotados y cubiertos de barro, convirtiendo el combate en algo mucho más parecido a una auténtica pelea que a una coreografía elegante. Hostias como panes, vamos.
Sucio, físico y tremendamente contundente.
Resumen:
Rough Cut tiene algunos problemas narrativos y ciertos excesos propios del universo de Kim Ki-duk, pero su magnífico reparto, la sólida dirección de Jang Hoon y unas peleas muy bien ejecutadas compensan ampliamente sus defectos.
No es película de artes marciales y la acción no es su foco principal, pero sí es un más que decente thriller coreano con explosiones violentas bastante vistosas.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊
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