Y la mejora respecto a su irregular debut con Detective Chen es bastante evidente.
La historia está lejos de ser original, pero resulta mucho más directa, entretenida y fácil de seguir. Ashton Chen parece aquí más seguro detrás de las cámaras y consigue equilibrar mejor comedia, aventura y artes marciales, aunque todavía aparecen algunos excesos de tono que recuerdan bastante a su primera película.
También existe una curiosa conexión argumental entre The Drunken Prodigy y Detective Chen, pero mejor no desvelarla para no estropear la sorpresa.
Las escenas de acción están muy bien resueltas y aquí se nota claramente la mano de Qin Pengfei. La cámara entiende mejor el espacio, las coreografías tienen más ritmo y el conjunto resulta bastante más contundente que en el debut de Chen.
Eso sí, el uso de cables sigue siendo excesivo para mi gusto. Hay momentos donde el wirework funciona dentro del tono fantástico, pero en otros resta demasiado peso y fisicidad a los movimientos.
La mejor escena de lucha:
Sin duda, el enfrentamiento final.
Es precisamente aquí donde por fin podemos disfrutar plenamente del estilo borracho que da nombre a la película, y también donde más se aprecia la influencia de Qin Pengfei en la construcción del combate.
La pelea es rápida, vistosa y creativa, con Ashton Chen desplegando toda su capacidad física, aunque el exceso de cables impide que llegue a resultar tan contundente como podría haber sido.
Resumen:
The Drunken Prodigy supone un paso adelante muy claro para Ashton Chen como director.
Mejor ritmo, historia más sencilla, acción más sólida y un trabajo mucho más seguro detrás de las cámaras.
No está entre las grandes películas de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, pero demuestra que Chen aprendió bastante de los errores de Detective Chen y que su colaboración con Qin Pengfei tenía mucho potencial.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊
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