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jueves, 3 de septiembre de 2026

Crítica de Desperado (China, 2024) de Siyu Cheng, con Danny Chan y Xing Yu

Desperado (también conocida con el literal y ridículo nombre de Thug in a Suit) tenía suficientes ingredientes para convertirse en una pequeña sorpresa dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, pero termina siendo una película demasiado derivativa y, sobre todo, perjudicada por un guion que hace aguas cuando más necesita sostener el espectáculo.

Argumentalmente, la referencia más evidente es El hombre sin pasado. Tenemos al hombre trajeado, de pasado misterioso, con unas habilidades muy superiores a las que al principio aparenta poseer y relacionado emocionalmente con una niña que acaba provocando que descubramos quién es realmente. Y, por extensión, resulta inevitable pensar también en John Wick, otra heredera de aquel arquetipo.

Danny Chan funciona bastante bien como protagonista, especialmente desde el punto de vista físico. Lo conocemos desde Shaolin Soccer y Kung Fu Hustle, además de por interpretar a Bruce Lee en Ip Man 4, y aquí vuelve a demostrar unas capacidades marciales más que respetables. Xing Yu, por su parte, aporta presencia como principal antagonista. Otro veterano del cine chino que hemos visto en Kung Fu Hustle, Ip Man o Flash Point, y que cumple especialmente bien desde el terreno interpretativo.

El problema es que ambos están al servicio de una historia bastante mediocre.

En cuanto a sus secuencias de acción, Desperado intenta prácticamente todo. Tenemos artes marciales, gun-fu, tiroteos, persecuciones, parkour y utilización del escenario que en ocasiones recuerda al Jackie Chan de los años 80. A ello se suman influencias de John Woo, John Wick y el thriller de acción surcoreano. El resultado es un auténtico popurrí que contiene buenas ideas, pero que nunca desarrolla una identidad propia.

Y aunque detrás de las coreografías encontramos profesionales experimentados dentro del cine de acción chino, el resultado tampoco alcanza el nivel de los mejores trabajos de Qin Pengfei o Chris Huo. Está lejos de la precisión de The Sniper o de los mejores momentos de películas como Fight Against Evil 2, Black Storm o Curbing Violence.

Esto tampoco sería necesariamente grave si la historia acompañara. Pero no lo hace. Y el desenlace, sin entrar en spoilers, es especialmente frustrante e insatisfactorio, hasta el punto de perjudicar considerablemente todo lo construido anteriormente.


La mejor escena de acción:

Para mí, la secuencia del taxi.

Aquí Desperado encuentra durante unos minutos aquello que le falta al conjunto. Hay movimiento, fisicidad, creatividad, excelente trabajo de cámara y una utilización del vehículo y del entorno que por momentos recuerda al mejor Jackie Chan. 

Es probablemente la secuencia donde todas esas influencias funcionan en lugar de estorbarse unas a otras.


Resumen:

Desperado mezcla El hombre sin pasado, John Wick, John Woo, Jackie Chan y el moderno thriller surcoreano intentando ofrecer un poco de todo: gun-fu, artes marciales, parkour, persecuciones y espectáculo.

Danny Chan y Xing Yu cumplen sobradamente a nivel interpretativo y marcial, el joven pero talentoso Siyu Cheng ofrece una dirección bastante competente, pero ni la acción alcanza el nivel de las mejores producciones de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, ni el guion consigue proporcionarles un buen vehículo.

Con una historia mejor escrita y otro final podría haber llegado fácilmente a una puntuación más alta Pero tal como está, resulta entretenida por momentos, aunque demasiado irregular y derivativa.


Nivel de hostias: 🥊🥊

lunes, 31 de agosto de 2026

Crítica de Extreme Challenge (Hong Kong, 2001) de Wei Tung, con Scott Adkins

Extreme Challenge tiene hoy un interés muy concreto: encontrarnos con un jovencísimo Scott Adkins dando sus primeros pasos en el cine. Más allá de eso, estamos ante una película bastante mediocre.

Dirigida por Wei Tung, veterano especialista y director de acción que había trabajado con Jet Li en la también mediocre Rey de Asesinos, la película arrastra prácticamente todos los defectos de cierta serie B de principios de los 2000: diálogos vergonzantes, personajes planos, situaciones repetitivas y una historia que oscila entre lo ridículo y lo olvidable.

Tampoco ayuda esa obsesión de la época por introducir efectos digitales aunque no fueran necesarios. Algunos CGI y decorados han envejecido francamente mal y contribuyen a esa sensación de producto barato.

Afortunadamente, cuando empiezan las hostias la película mejora bastante. Wei Tung plantea unos combates físicos, cercanos y con bastante contacto. La cámara se aproxima mucho a los luchadores y el montaje imprime velocidad sin hacer completamente ilegible la coreografía. No estamos ante artes marciales de primer nivel, pero sí hay varias peleas sorprendentemente disfrutables teniendo en cuenta el nivel general de la película.

Y entonces aparece Scott Adkins.

Su participación es pequeña, pero inmediatamente llama la atención. Todavía estaba lejos de convertirse en Yuri Boyka y en uno de los grandes referentes modernos del cine marcial occidental, pero ya encontramos esa combinación de potencia, velocidad y capacidad acrobática que terminaría definiendo su carrera.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con el combate de Scott Adkins contra uno de los personajes principales.

No necesariamente porque sea una coreografía extraordinaria, sino porque resulta fascinante contemplarla sabiendo lo que vendría después. Adkins aprovecha sus escasos minutos para demostrar unas cualidades físicas claramente superiores a las del resto de la película.


Resumen:

Extreme Challenge es una película floja que probablemente estaría completamente olvidada de no contar con una de las primeras apariciones cinematográficas de Scott Adkins.

Tiene malos diálogos, una historia olvidable y unos efectos digitales terriblemente envejecidos, pero también algunas peleas bastante aprovechables.

Por lo tanto, yo la recomendaría a completistas del cine marcial y, especialmente, de Scott Adkins. Para los demás, es perfectamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Ip Man: Pelea Final (Hong Kong, 2013) de Herman Yau, con Anthony Wong

Frente al Ip Man prácticamente superheroico de las películas de Donnie Yen, Ip Man: Pelea final intenta acercarse algo más al hombre real. Herman Yau se centra en sus últimos años en Hong Kong y presenta a un maestro envejecido, imperfecto y separado durante largos periodos de su mujer.

La película incluso toca aspectos menos amables de su biografía, como su relación sentimental posterior o su consumo de opio, pero lo hace de manera demasiado superficial. Y ahí está una de sus grandes oportunidades perdidas: pretende desmitificar a Ip Man, pero nunca se atreve a profundizar realmente en sus zonas más oscuras.

La elección de Anthony Wong resulta inicialmente sorprendente, pero acaba siendo uno de los grandes aciertos. Estamos hablando de un actor clásico del cine de Hong Kong y particularmente asociado al heroic bloodshed de los 90, al que vimos en títulos fundamentales como Hard Boiled de John Woo o Full Contact de Ringo Lam, además de películas mucho más extremas como The Untold Story o Ebola Syndrome.

Wong no es Donnie Yen, pero sorprendentemente se defiende muy bien con el Wing Chun. La acción, coreografiada por Li Chung-chi y Checkley Sin, está inteligentemente adaptada a sus capacidades: movimientos contenidos, distancias cortas y bastante menos exhibicionismo acrobático.

Herman Yau, por su parte, es uno de esos incansables artesanos de Hong Kong capaces de saltar del cine extremo de las ya nombradas The Untold Story y Ebola Syndrome a grandes producciones de acción como Shock Wave, aparte de haber dirigido otra película sobre la juventud de Ip Man llamada Ip Man: La Leyenda, que tampoco está nada mal. 


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final entre Anthony Wong y Xiong Xin-Xin.

Es un combate clásico y efectivo en el que Wong resulta sorprendentemente convincente frente a todo un veterano del cine marcial hongkonés. La película no necesita convertir a Ip Man en un superhéroe para que la pelea funcione.


Resumen:

Ip Man: Pelea Final ofrece buenas artes marciales, un Anthony Wong excelente y una visión más humana de Ip Man que otras adaptaciones.

Su problema es que resulta algo lenta entre combates, posee algunas historias secundarias que no llegan a ningún lado y, sobre todo, se queda a medio camino cuando intenta aproximarse al verdadero Ip Man. Es más biográfica que las películas de Donnie Yen, pero en mi opinión no lo suficiente.

Por lo tanto esta Pelea Final es interesante, ofrece un punto de vista diferente y por lo tanto no dejad e ser recomendable, aunque también me parece una oportunidad parcialmente perdida.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de Re:Born (Japón, 2016) de Yuji Shimomura, con Tak Sakaguchi

Re:Born supuso el regreso de Tak Sakaguchi al cine después de varios años alejado de las pantallas, y difícilmente podría haber elegido una película más apropiada para hacerlo. Porque esto no es solamente una película de acción: es prácticamente una oda a Sakaguchi, a sus extraordinarias capacidades físicas y a una manera muy particular de entender el combate cuerpo a cuerpo.

Durante su retiro, Sakaguchi profundizó en el denominado Zero Range Combat, un sistema desarrollado junto a Yoshitaka Inagawa basado en movimientos extremadamente cortos, rápidos y explosivos. Y Re:Born parece construida precisamente para mostrarlo.

El resultado es una acción bastante diferente a la que estamos acostumbrados. Movimientos mínimos, ataques fulminantes, manipulación de extremidades y una velocidad extraordinaria sustituyen a las grandes patadas y acrobacias habituales del cine marcial.

Y Sakaguchi está espectacular.

Tiene potencia, velocidad, presencia física y un magnetismo enorme delante de la cámara. Pero tampoco hay que olvidar que es un intérprete con personalidad. Siempre he pensado que podría considerarse una especie de Scott Adkins japonés: un artista marcial extraordinario que, de haber nacido en otra época o dentro de una industria con mayor proyección internacional para este tipo de cine, posiblemente sería una gran estrella y no únicamente una figura de culto.

Detrás de la cámara tenemos además a Yuji Shimomura, uno de los grandes nombres de la acción japonesa y precisamente el hombre que había coreografiado Versus. Por ello resulta imposible no considerar Re:Born una especie de heredera espiritual de aquella película. Argumentalmente son diferentes (aunque no tanto conceptualmente) y aquí tenemos mucho gore, pero Sakaguchi, Shimomura, la energía de la acción y, curiosamente, otra vez el bosque establecen una conexión inevitable.

El problema está en el guion. Las motivaciones y relaciones entre personajes permanecen demasiado difusas y la película obliga al espectador a rellenar numerosos huecos. Eso no tendría por qué ser negativo, pero termina provocando que la impresionante explosión de acción de sus últimos 45 minutos resulte algo vacía emocionalmente.


La mejor escena de acción:

Para mí no es una pelea concreta, sino todo el larguísimo bloque que transcurre en el bosque antes del enfrentamiento final.

Ahí está el alma de Re:Born.

Sakaguchi atraviesa el bosque enfrentándose a enemigos prácticamente sin descanso mientras Shimomura puede desarrollar todas las posibilidades del Zero Range Combat. La velocidad, utilización del entorno, desplazamientos y sucesión constante de adversarios convierten la secuencia en una auténtica exhibición.

Y resulta inevitable volver a pensar en Versus: otra vez Tak Sakaguchi, otra vez Yuji Shimomura y otra vez un bosque convertido en gigantesco escenario para repartir hostias.


Resumen:

Re:Born es original, diferente y contiene momentos de acción absolutamente extraordinarios. Yuji Shimomura realiza un trabajo formidable y Tak Sakaguchi demuestra por qué sigue siendo una de las figuras de culto más fascinantes del cine de acción japonés.

Con una historia más sólida y personajes mejor desarrollados podría haber sido mucho más.

Aun así, para los aficionados al cine de acción japonés, Yuji Shimomura o Tak Sakaguchi, es de visionado obligatorio.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Mortal Kombat (Estados Unidos, 2021) de Simon McQuoid, con Joe Taslim y Hiroyuki Sanada

Sinceramente, si hay dos cosas que realmente destacan en Mortal Kombat, son el gore y Joe Taslim, un rostro perfectamente conocido por cualquier seguidor del Raidverse.

La película intenta adaptar el universo del videojuego siguiendo las convenciones del blockbuster moderno de Hollywood, pero al menos tiene la valentía de abrazar uno de los elementos fundamentales de la saga: su violencia. Hay sangre, desmembramientos y fatalities bastante explícitos, algo que evita que termine convertida en otra adaptación completamente domesticada.

El problema es que, como película, funciona bastante peor.

Hay demasiados personajes y demasiado universo que presentar en un metraje insuficiente. Esto se nota especialmente en el tramo final, tremendamente acelerado, donde acontecimientos y enfrentamientos se suceden sin el desarrollo necesario. Parece que la prioridad es llegar rápidamente a las peleas y mantener una duración comercial antes que construir adecuadamente personajes y conflictos.

Y tampoco estamos, pese a lo que podría parecer, ante una gran película de artes marciales. Conforme aumenta el componente fantástico, también lo hacen el CGI y los poderes digitales, mientras disminuye aquello que más me interesa: el combate físico.


La mejor escena de lucha:

Precisamente por eso me quedo con los enfrentamientos iniciales protagonizados por Hiroyuki Sanada y Joe Taslim, antes de que Scorpion y Sub-Zero queden completamente enterrados bajo sus respectivos poderes.

Con sus rostros todavía al descubierto y el CGI mucho más contenido, ambos pueden demostrar sus auténticas capacidades físicas. Taslim está especialmente bien y vuelve a recordar por qué es uno de los nombres más reconocibles surgidos del Raidverse.

Es una pena que la película no siga más tiempo por ese camino. Cuando posteriormente llegan los poderes, criaturas y grandes efectos digitales, las peleas pierden buena parte de esa fisicidad inicial.



Resumen:

Mortal Kombat no es completamente execrable. Tiene gore abundante, algunas buenas ideas y un Joe Taslim que destaca claramente entre el reparto.

Pero su guion apresurado, el escaso desarrollo de personajes y el progresivo abuso del CGI impiden que llegue a ser una gran película de artes marciales... O simplemente una buena película a secas.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Chen Zhen: The Tokyo Fight (China, 2019) con Wenjie Wang

Wenjie Wang se mete aquí en la piel de Chen Zhen, un personaje que antes interpretaron auténticas leyendas como Bruce Lee, Jet Li o Donnie Yen.

Y físicamente está más que preparado para ello.

El problema es que, como actor, está muy lejos del carisma y la capacidad interpretativa de aquellos nombres. Da prácticamente la misma impresión cuando pelea, estudia, se enamora, coquetea o se enfada. Me gustó bastante más en As God, donde funcionaba mejor dentro de un reparto coral, pero aquí cargar con un personaje tan icónico deja al descubierto sus limitaciones.

La película también arrastra otro problema bastante habitual en cierto cine comercial chino: un patriotismo demasiado insistente que termina simplificando el conflicto y haciendo que la historia resulte progresivamente más previsible y unidimensional.

Y es una pena, porque la acción está bastante bien.

Hay varios combates muy trabajados, con coreografías limpias y algunos planos secuencia realmente interesantes que demuestran que había potencial para hacer una película mucho mejor si el guion y los personajes hubiesen acompañado.


La mejor escena de lucha:

Para mí, la entrada inicial de Chen Zhen en la mansión de los antagonistas.

La secuencia está planteada como un largo plano continuo y permite comprobar perfectamente lo que Wenjie Wang puede ofrecer como artista físico. Lo que le falta como actor, le sobra en velocidad, coordinación y presencia marcial.

Es precisamente una de esas escenas que hacen todavía más extraña su desaparición casi total de la primera línea después de As God, donde además se mostraba bastante más convincente interpretativamente.


Resumen:

Chen Zhen: The Tokyo Fight tiene un protagonista físicamente muy dotado y varias buenas escenas de acción, pero no termina de hacer justicia a un personaje con semejante legado.

El exceso de patriotismo, una historia demasiado simple y las limitaciones interpretativas de Wenjie Wang pesan demasiado.

Para seguidores de Chen Zhen o completistas del cine de artes marciales chino puede tener interés. 

Para el resto, más bien prescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Hold Up Down (Japón, 2005) de SABU, con Kensuke Sonomura en el diseño de acción

SABU sabe perfectamente cómo inyectar energía a una película, y Hold Up Down es una demostración magnífica de su capacidad para convertir el caos absoluto en puro entretenimiento.

Los miembros de V6 están realmente divertidos y se lanzan de cabeza a una sucesión de situaciones cada vez más absurdas, con una energía contagiosa que hace prácticamente imposible anticipar hacia dónde va a dirigirse la historia.

Y precisamente ahí está gran parte de su encanto.

Hold Up Down mezcla géneros y tonos de una forma casi imposible. Por momentos tiene la irreverencia de Sion Sono, la energía desquiciada de Takashi Miike y ese espíritu capaz de saltar entre comedia, crimen, acción y locura absoluta que recuerda a películas como Versus.

Intentar predecir lo que va a ocurrir cinco minutos después es prácticamente inútil.

Pero la gran sorpresa llega en el tramo final, cuando la película cambia de tono de forma repentina y se entrega a una larguísima secuencia de acción, peleas y auténticas artes marciales protagonizada por los propios miembros de V6.

Ahí entra en juego Kensuke Sonomura, contratado precisamente para diseñar y rodar esta secuencia, y su mano se nota muchísimo. La acción gana de repente en precisión, ritmo y fisicidad, ofreciendo un contraste refrescante con todo lo visto anteriormente.


La mejor escena de acción:

Sin duda, esa larga pelea que enfrenta a los miembros de V6 entre sí.

Es una secuencia sorprendente, muy dinámica y bastante más marcial de lo que uno esperaría en una película de estas características. Sonomura introduce coreografías limpias, cambios constantes de ritmo y una puesta en escena física que transforma por completo el tono durante varios minutos.

Precisamente porque llega después de tanta comedia absurda y caos narrativo, el cambio resulta todavía más divertido e inesperado.


Resumen:

Hold Up Down es salvaje, hilarante y completamente imprevisible.

No todas las ideas funcionan igual de bien, pero SABU lanza tantas sobre la pantalla y acierta con tantas que sus defectos terminan importando bastante poco.

Y ese tramo final, con Kensuke Sonomura tomando el control de la acción, es la guinda perfecta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de The Karate Kid (Estados Unidos - China - Hong Kong , 2010) con Jackie Chan

La versión de 2010 de Karate Kid es un remake hollywoodiense muy convencional, cargado de todos esos recursos emocionales tan habituales del cine familiar norteamericano: sentimentalismo, momentos diseñados para arrancar la lágrima y una estructura absolutamente previsible.

Puede resultar algo empalagosa, sí, pero al mismo tiempo es una película entretenida, muy bien producida y bastante eficaz dentro de lo que pretende ser.

El principal problema está, sorprendentemente, en las artes marciales. Porque aquí no estamos realmente ante karate, sino ante kung-fu, y precisamente el kung-fu está rodado de una forma bastante poco inspirada.

La cámara al hombro al estilo norteamericano y el montaje rápido interfieren constantemente en las coreografías. En lugar de permitir que los combates se desarrollen con continuidad, ritmo y claridad física, la película parece más interesada en destacar uno o dos golpes espectaculares antes de cortar inmediatamente.

Como consecuencia, muchas de las peleas pierden impacto y espectacularidad. Se echa mucho de menos la presencia de un auténtico director de acción detrás de la cámara.

La gran excepción es, por supuesto, Jackie Chan. Su sola presencia eleva la película, y además ofrece una interpretación bastante más contenida y dramática de lo habitual.

También merece una mención especial la excelente banda sonora de James Horner, que aporta mucha más emoción a determinadas escenas de la que probablemente tendría el propio guion por sí solo.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el enfrentamiento de Jackie Chan contra varios jóvenes.

Es el único momento donde las artes marciales parecen cobrar vida de verdad. Jackie controla el espacio, utiliza los movimientos de los rivales contra ellos y demuestra, incluso sin necesidad de grandes acrobacias, una comprensión física de la acción que el resto de la película no consigue alcanzar.


Resumen:

Karate Kid es un remake agradable, sentimental y técnicamente impecable, pero también una oportunidad desaprovechada.

Funciona bastante bien como película familiar, pero para una cinta construida alrededor del kung-fu, sus peleas simplemente no están rodadas con la claridad y el talento que merecían.

Eso sí, Jackie Chan y James Horner elevan considerablemente el conjunto.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Blade of Fury (China, 2024) de Qin Pengfei, con Ashton Chen

Blade of Fury funciona como un spin-off de la saga Eye for an Eye, protagonizada por Miao Xie, pero las diferentes cualidades de su nuevo protagonista, Ashton Chen, permiten a Qin Pengfei desarrollar un estilo de acción bastante distinto.

Mientras las dos entregas de Eye for an Eye apuestan por enfrentamientos más brutales, contundentes y centrados en las armas blancas, Blade of Fury se decanta por una acción mucho más acrobática e hiperquinética, con abundante wirework y el inconfundible sello de Qin Pengfei, que vuelve a demostrar por qué es uno de los nombres esenciales de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.

Ashton Chen se encuentra como pez en el agua. Su enorme agilidad y sus capacidades acrobáticas encajan perfectamente con unas coreografías más fantásticas, aunque personalmente sigo prefiriendo la contundencia física de Miao Xie. En cualquier caso, las escenas de acción son magníficas y muestran nuevamente la facilidad de Qin Pengfei para aprovechar las características particulares de sus intérpretes.

Además, el reparto está repleto de auténticos especialistas.


La mejor escena de acción:

Más que un único combate, me quedo con todo el extraordinario encadenamiento de peleas inmediatamente anterior al enfrentamiento final.

Es prácticamente un festival de artes marciales en el que Ashton Chen va enfrentándose a distintos rivales, entre ellos el omnipresente y siempre extraordinario Liu Fengchao, uno de los mejores secundarios marciales de esta nueva generación.

También aparece Qu Jingjing, a quien posteriormente Qin Pengfei convertiría en protagonista de The Bodyguard y que volveríamos a encontrar en Wings of Dread, donde protagoniza junto a Hong Shuang aquella extraordinaria pelea dentro del baño.

Es precisamente esta sucesión de enfrentamientos la que mejor resume las virtudes de Blade of Fury: velocidad, acrobacias, cables, utilización del escenario y una enorme cantidad de talento marcial delante y detrás de la cámara.


Resumen:

Si disfrutaste de Eye for an Eye, Blade of Fury es prácticamente imprescindible, aunque su propuesta de acción sea bastante diferente.

Qin Pengfei vuelve a ofrecer peleas extraordinarias y Ashton Chen demuestra que puede aportar a este universo una fisicidad mucho más acrobática que la de Miao Xie.

Ahora solo falta que algún día alguien decida enfrentar a ambos.

Miao Xie contra Ashton Chen bajo la dirección de Qin Pengfei sería un auténtico choque de titanes de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de La Ciudad de los Guerreros (Hong Kong, 2024) con Louis Koo, Sammo Hung y Philip Ng

La Ciudad de los Guerreros tiene prácticamente todos los ingredientes necesarios para convertirse en un clásico moderno del cine de acción, pero para mí se queda un escalón por debajo de la grandeza.

Y, sorprendentemente, mi principal problema está en la propia acción.

En lugar de apoyarse en coreografías complejas, físicas y perfectamente construidas, muchas peleas recurren demasiado al wirework, impactos exagerados, CGI y un montaje excesivamente acelerado. Personalmente, me resulta mucho más satisfactorio el enfoque de películas como John Wick o The Raid, así como el que estamos viendo actualmente dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino en títulos como Fight Against Evil 2 o Black Storm.

Aquí, demasiadas veces, parece que estamos viendo un cómic llevado a imagen real. Los personajes sobreviven a golpes, caídas y castigos completamente imposibles, reduciendo considerablemente la sensación de peligro y contundencia.

Y resulta especialmente sorprendente teniendo detrás de la acción al gran Kenji Tanigaki, uno de los mejores especialistas del cine asiático actual. Hay imaginación y muchísimo trabajo, evidentemente, pero esperaba bastante más de su participación.

En cambio, prácticamente todo lo demás funciona de maravilla. La recreación de la ciudad amurallada de Kowloon es espectacular, el diseño de producción resulta extraordinario, la fotografía tiene muchísimo carácter y el reparto está repleto de rostros conocidos del cine de Hong Kong.

Pero volviendo a los defectos, el otro gran problema para mí está en un guion innecesariamente enrevesado. Hay demasiados personajes, relaciones y conflictos procedentes del pasado, cuya excesiva complejidad termina restando impacto emocional, sobre todo en el tramo final.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el momento en el que el protagonista y sus tres compañeros regresan a la ciudad amurallada y se enfrentan a los invasores.

Sin entrar en demasiados spoilers, es probablemente la secuencia más coral y espectacular de toda la cinta. La acción alcanza aquí una enorme intensidad y, curiosamente, la fantasía, los cables y el montaje funcionan bastante mejor que en otros combates.

Es uno de los pocos momentos donde el exceso juega claramente a favor del espectáculo.


Resumen:

La Ciudad de los Guerreros es una buena película de acción, visualmente magnífica y realizada con enormes medios.

Pero sus peleas excesivamente fantásticas y un guion demasiado complicado impiden, para mí, que alcance el nivel de los grandes clásicos modernos del género.

Buena, sí. 

La obra maestra que muchos consideran, no.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Black Storm (China, 2024) de Qin Pengfei, con Ashton Chen

Black Storm es otra estupenda muestra de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, una corriente que en los últimos años ha encontrado en plataformas como iQIYI un terreno perfecto para crecer y experimentar.

Dirigida por Qin Pengfei y protagonizada por Ashton Chen, la película guarda bastantes similitudes con Curbing Violence, también estrenada en 2024 y también con Bao Bei'er como antagonista. Aquí interpreta a un villano muy diferente, pero vuelve a estar magnífico, aportando personalidad, amenaza y una presencia que eleva cada escena en la que aparece.

Pero, evidentemente, lo más importante está en la acción.

Y aquí Black Storm juega a un nivel altísimo. De hecho, puede que estemos ante uno de los mejores trabajos de Qin Pengfei como director de acción, perfectamente comparable con Fight Against Evil 2. A estas alturas, casi todo depende de qué protagonista prefieras: Miao Xie o Ashton Chen.

Personalmente, sigo quedándome con Miao Xie. Su estilo quizá sea menos acrobático, pero transmite más potencia y contundencia, y además me parece un actor más convincente. Dicho esto, Ashton Chen está aquí bastante mejor que en trabajos como Detective Chen o The Drunken Prodigy.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el larguísimo enfrentamiento entre Ashton Chen y Liu Fengchao.

Es una pelea completísima: constantes cambios de altura, persecuciones, distintos escenarios, stunts, utilización del entorno y una coreografía que evoluciona continuamente sin perder claridad.

Lo impresionante es que ni siquiera se trata de una excepción aislada. La película contiene dos o tres enfrentamientos más que también podrían considerarse memorables, lo que deja claro el listón extraordinariamente alto que Qin Pengfei y Ashton Chen se impusieron aquí.


Resumen:

Black Storm es una de las películas más sólidas de Qin Pengfei y otro ejemplo perfecto de por qué la Nueva Ola de Cine de Acción Chino merece mucha más atención fuera de China.

Gran villano, Ashton Chen en plena forma y una cantidad de acción de primer nivel que pocas producciones de mayor presupuesto consiguen igualar.

Muy recomendable para cualquier aficionado serio al cine de acción.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de The Rebel (Vietnam, 2007) con Johnny Trí Nguyen

The Rebel es una película que cualquier aficionado al cine de artes marciales debería tener en el radar.

Su principal virtud está, sin duda, en la acción y en la extraordinaria capacidad física de Johnny Trí Nguyen, un artista marcial magnífico cuyo arsenal de patadas resulta espectacular. Por velocidad, elasticidad y variedad de giros, hay momentos en los que incluso puede recordar a Scott Adkins.

La influencia de Ong-Bak y del boom del cine marcial provocado por Tony Jaa resulta evidente, aunque The Rebel consigue adquirir personalidad propia gracias a su ambientación en la Indochina francesa. Esa combinación entre cine histórico y artes marciales le proporciona una estética bastante diferente a la de otras producciones surgidas durante aquellos años.

Las peleas pueden parecer ocasionalmente algo lentas (se nota que estamos en la época pre-Gareth Evans), pero son físicas, contundentes y permiten apreciar perfectamente las habilidades de sus intérpretes.

El problema llega cuando dejan de repartirse hostias. El ritmo se vuelve demasiado irregular, algunas escenas dramáticas se prolongan innecesariamente y Johnny Trí Nguyen resulta bastante más convincente peleando que interpretando. Su presencia física es indiscutible, pero determinados momentos emocionales dejan claras sus limitaciones como actor.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final entre Johnny Trí Nguyen y Dustin Nguyen, que interpreta al despiadado Sy. Dustin, rostro conocido también por trabajos como 21 Jump Street y, posteriormente, la serie Warrior, construye aquí un antagonista tremendamente carismático y peligroso.

El combate permite a ambos actores soltarse sin cortapisas y Johnny despliega algunas de sus patadas y giros más espectaculares. ¡Hay incluso movimientos aéreos de rotación completa que recuerdan a las patadas de 720 grados!


Resumen:

The Rebel podría haber sido una gran película de artes marciales con un ritmo más ajustado y mejores escenas dramáticas.

No lo consigue, pero cuando comienza la acción demuestra por qué Johnny Trí Nguyen merece mucha más atención entre los aficionados al género.

Física, contundente y con una identidad vietnamita muy marcada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Smashing Machine (Estados Unidos, 2025), de Benny Safdie, con Dwayne Johnson

Tras su separación creativa y personal, los hermanos Safdie estrenaron en 2025 sendas películas deportivas sobre hombres consumidos por su obsesión competitiva, aunque tomando caminos muy diferentes.

Mientras Marty Supreme acaparó buena parte de la conversación mediática, The Smashing Machine tuvo una trayectoria comercial mucho más discreta. Personalmente, sin embargo, me parece claramente la mejor de las dos.

Benny Safdie evita convertir la vida de Mark Kerr en el típico relato deportivo de ascenso, caída y redención. La película mantiene un ritmo pausado pero nunca aburrido y, sobre todo, consigue algo que para mí Marty Supreme no lograba: que realmente me importen sus personajes.

Y buena parte del mérito pertenece a Dwayne Johnson.

Estamos probablemente ante la mejor interpretación de su carrera. The Rock contiene prácticamente todos los tics que han caracterizado su faceta como estrella y consigue transmitir la vulnerabilidad que escondía un luchador aparentemente invencible. Para mi gusto, su trabajo merecía perfectamente una nominación al Oscar.

Eso sí, existe un problema evidente: Johnson es demasiado mayor para interpretar al Mark Kerr de esta etapa. La historia abarca principalmente el periodo 1997-2000, cuando Kerr rondaba los 30 años, mientras que Johnson superaba los 50 durante el rodaje. Su extraordinario estado físico y su experiencia como luchador profesional ayudan muchísimo a vender el personaje y aportan credibilidad a los combates, pero creo que un actor más joven podría haber funcionado igual o incluso mejor.

El reparto que lo rodea también ayuda enormemente. Especialmente interesante resulta Ryan Bader, auténtico campeón de MMA, interpretando a Mark Coleman. Su experiencia real aporta una fisicidad extraordinaria a los combates; de hecho, Bader explicó que algunos golpes rodados en el suelo fueron reales para aumentar su autenticidad.


La mejor pelea:

Para mí, curiosamente, ni siquiera pertenece a Mark Kerr.

Me quedo con Mark Coleman (Ryan Bader) contra Igor Vovchanchyn (Oleksandr Usyk) durante la final del PRIDE Grand Prix 2000. Usyk, campeón mundial de boxeo, interpreta al mítico luchador ucraniano, mientras Bader aporta su enorme experiencia real en MMA

Es un enfrentamiento corto, brutal y tremendamente convincente, además de reproducir un combate histórico en el que Coleman derrotó realmente a Vovchanchyn.


Resumen:

The Smashing Machine no reinventa el drama deportivo, pero posee humanidad, buenos personajes, combates sorprendentemente auténticos y un Dwayne Johnson que finalmente demuestra que detrás de la gigantesca estrella de acción también había un actor dramático esperando una oportunidad como esta.

Para mí, bastante mejor que Marty Supreme, y de obligatorio visionado si te gusta el mundo de las artes marciales mixtas. 


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

miércoles, 26 de agosto de 2026

Crítica de Curbing Violence (China, 2024) de Qin Pengfei

Qin Pengfei vuelve a demostrar por qué se ha convertido en uno de los directores más fiables e importantes de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino. En esta ocasión mezcla la atmósfera oscura, enfermiza y violenta del thriller criminal coreano con las espectaculares coreografías que se han convertido ya en su principal seña de identidad.

Y lo mejor de Curbing Violence es precisamente el equilibrio. No tiene una cantidad descomunal de peleas como The Bodyguard, pero aquí el thriller y la acción se complementan perfectamente. La historia mantiene el interés y crea una atmósfera opresiva que consigue que, cuando finalmente llegan las hostias, estas tengan todavía mayor impacto.

La protagonista es Jiang Luxia, toda una veterana del cine de acción chino, y está estupenda como Qiu Yizhao. Tiene presencia física, velocidad y contundencia suficientes para cargar con una película especialmente exigente en este aspecto.

Frente a ella encontramos a Bao Bei'er, magnífico como Cheng Jie. Es un antagonista despreciable, excesivo y perturbador, y resulta especialmente interesante que Qin Pengfei volviera a utilizarlo como villano en Black Storm. En ambas películas demuestra una enorme facilidad para interpretar a personajes repulsivos y peligrosos.

Y luego tenemos la aparición de Miao Xie, recuperando nada menos que a Li Hongqi, su personaje de Fight Against Evil. Es un cameo breve, pero roba absolutamente cada segundo en pantalla y refuerza esa curiosa sensación de universo compartido que Qin Pengfei ha ido construyendo entre algunas de sus películas.



La mejor escena de lucha:

Precisamente, Miao Xie y Jiang Luxia luchando mano a mano.

Para mí es el gran momento de la película. Dos artistas marciales tremendamente dotados trabajando juntos dentro de una secuencia rápida, física y brutal, donde Qin Pengfei vuelve a mostrar su enorme talento para mantener la acción perfectamente legible sin sacrificar velocidad ni contundencia.


Resumen:

Curbing Violence es uno de los trabajos más completos de Qin Pengfei.

Quizá sus mejores escenas de acción no alcancen por muy poco el extraordinario nivel de Fight Against Evil 2, pero como película ofrece un equilibrio incluso mejor entre thriller, atmósfera y violencia.

Oscura, desagradable cuando tiene que serlo y con una acción que, cuando aparece, es sencillamente de 24 quilates.

Una recomendación clarísima para cualquier seguidor de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Detective Chen 2 (China, 2026) de Ashton Chen y Qin Pengfei

Detective Chen 2 supone un avance bastante evidente respecto a la primera película. Ashton Chen continúa creciendo como director, pero esta vez cuenta con la ayuda de todo un maestro de la nueva ola del cine de acción chino: Qin Pengfei. Y la diferencia se nota, sobre todo, donde más importa para El Arte de Hostiar: en las peleas.

La película contiene una enorme cantidad de acción, claramente superior en calidad y cantidad a la primera entrega. Qin Pengfei aporta su habitual capacidad para construir combates rápidos, físicos y contundentes, aprovechando especialmente bien los espacios reducidos y utilizando el escenario como parte activa de las coreografías.

Ashton Chen está fantástico en este terreno. Sus capacidades marciales nunca estuvieron en duda, pero resulta especialmente satisfactorio comprobar cómo continúa creciendo también como actor y director, mostrando cada vez mayor presencia dramática sin perder su velocidad, precisión y magnetismo físico.

El guion mejora respecto al original y resulta algo más directo, aunque continúa siendo innecesariamente enrevesado. Demasiados giros, personajes ambiguos y situaciones inverosímiles provocan que ocasionalmente cueste incluso saber quién está realmente de cada lado.

También resulta muy agradable reencontrarse con numerosos rostros de la primera entrega, algo que aporta continuidad y hace que quienes ya hayan visto aquella disfruten todavía más esta segunda aventura.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, Ashton Chen contra Huang Tao, a quien ya vimos como Li Jiulang, uno de los principales antagonistas de Eye for an Eye 2.

El combate se desarrolla en una buhardilla repleta de travesaños, vigas y maderas que Qin Pengfei aprovecha magistralmente. La cámara se introduce entre ambos luchadores mientras el propio escenario condiciona constantemente sus movimientos, creando una pelea rápida, física y tremendamente espectacular.

Para mí, es la mejor escena de acción de la película, aunque la divertidísima secuencia del tranvía le disputa seriamente el puesto.


Resumen:

Detective Chen 2 mejora claramente a su predecesora: mejor ritmo, argumento algo más sencillo y, sobre todo, muchísima más y mejor acción.

Sigue complicándose demasiado narrativamente, pero la combinación Ashton Chen–Qin Pengfei funciona estupendamente y confirma la evolución del primero como artista marcial, actor y director.

Una buena película de artes marciales y una secuela claramente superior.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de El Puño del Dragón Rojo (Hong Kong, 1993) de Yuen Woo-ping, con Donnie Yen

Muy en la línea de la saga Érase una vez en China, El Puño del Dragón Rojo está lejos de ser un clásico de las artes marciales. Para alcanzar semejante categoría necesitaría una historia bastante más coherente, menos humor absurdo y unos personajes mucho mejor desarrollados.

Pero cuando detrás de las escenas de acción tenemos a Yuen Woo-ping, siempre hay motivos para seguir mirando.

Su desbordante imaginación vuelve a ser el principal atractivo de la película. Estamos ante ese cine de Hong Kong de principios de los 90 donde parecía que cualquier cosa era posible: personajes volando mediante cables, movimientos imposibles, objetos convertidos en armas y coreografías frenéticas que anteponen el espectáculo y la creatividad a cualquier pretensión de realismo.

Y además tenemos a Donnie Yen, todavía varios años antes de convertirse en la superestrella internacional que conocemos actualmente, demostrando ya una velocidad, precisión y capacidad física extraordinarias. Cuando la película le permite soltarse, resulta difícil apartar los ojos de la pantalla.

El problema es todo lo que ocurre entre pelea y pelea. El argumento resulta confuso, el humor ha envejecido regular y algunas situaciones son tan exageradas que terminan restando fuerza a la propia historia.


La mejor escena de lucha:

El gran enfrentamiento final.

Narrativamente no termina de funcionar demasiado bien, pero como espectáculo de acción es precisamente donde El Puño del Dragón Rojo encuentra su razón de ser.

Cables, acrobacias imposibles, golpes a una velocidad endiablada y una creatividad desbordante ejemplifican perfectamente aquel estilo frenético, exagerado y espectacular que dominó buena parte del cine de artes marciales de Hong Kong a principios de los 90.


Resumen:

El Puño del Dragón Rojo no es ninguna obra maestra. Su guion es irregular, los personajes son demasiado simples y el humor absurdo juega demasiadas veces en su contra.

Pero Yuen Woo-ping y un magnífico Donnie Yen consiguen salvarla gracias a unas escenas de acción llenas de imaginación y personalidad.

Un buen ejemplo de las virtudes —y también de los excesos— del cine marcial hongkonés de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Drunken Prodigy (China, 2024) de Ashton Chen

En su segunda película como director, Ashton Chen contó con la ayuda de Qin Pengfei para encargarse de las escenas de acción, formando un tándem que volveríamos a ver más adelante en producciones como Wings of Dread y Detective Chen 2.

Y la mejora respecto a su irregular debut con Detective Chen es bastante evidente.

La historia está lejos de ser original, pero resulta mucho más directa, entretenida y fácil de seguir. Ashton Chen parece aquí más seguro detrás de las cámaras y consigue equilibrar mejor comedia, aventura y artes marciales, aunque todavía aparecen algunos excesos de tono que recuerdan bastante a su primera película.

También existe una curiosa conexión argumental entre The Drunken Prodigy y Detective Chen, pero mejor no desvelarla para no estropear la sorpresa.

Las escenas de acción están muy bien resueltas y aquí se nota claramente la mano de Qin Pengfei. La cámara entiende mejor el espacio, las coreografías tienen más ritmo y el conjunto resulta bastante más contundente que en el debut de Chen.

Eso sí, el uso de cables sigue siendo excesivo para mi gusto. Hay momentos donde el wirework funciona dentro del tono fantástico, pero en otros resta demasiado peso y fisicidad a los movimientos.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final.

Es precisamente aquí donde por fin podemos disfrutar plenamente del estilo borracho que da nombre a la película, y también donde más se aprecia la influencia de Qin Pengfei en la construcción del combate.

La pelea es rápida, vistosa y creativa, con Ashton Chen desplegando toda su capacidad física, aunque el exceso de cables impide que llegue a resultar tan contundente como podría haber sido.


Resumen:

The Drunken Prodigy supone un paso adelante muy claro para Ashton Chen como director.

Mejor ritmo, historia más sencilla, acción más sólida y un trabajo mucho más seguro detrás de las cámaras.

No está entre las grandes películas de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, pero demuestra que Chen aprendió bastante de los errores de Detective Chen y que su colaboración con Qin Pengfei tenía mucho potencial.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hunt the Wicked (China, 2024) de Chris Huo, con Miao Xie y Andy On

La enorme presencia en pantalla de Miao Xie y Andy On, unida a la fantástica química que existe entre ambos, ya sería suficiente motivo para acercarse a Hunt the Wicked. Si además añadimos un par de secuencias de acción realmente espectaculares y un guion sorprendentemente sólido para este tipo de producción, el resultado es una película de acción muy disfrutable.

Chris Huo firma aquí uno de sus mejores trabajos. No me parece un director tan fiable como Qin Pengfei —películas como Blind War o The Comeback están claramente por debajo de sus mejores títulos—, pero cuando acierta puede alcanzar un nivel altísimo. En ese sentido, Hunt the Wicked recuerda bastante a The Sniper, aquella sorprendentemente buena película de 2021 con la que empezó a mostrar todo su potencial para esta nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie vuelve a estar magnífico, con su habitual mezcla de intensidad, precisión y presencia física. Andy On, por su parte, funciona perfectamente como contrapunto: carismático, amenazante y con una energía que hace que cada encuentro entre ambos tenga peso.

También destaca la presencia de Hong Shuang, que interpreta a la pareja de Andy On y a la que posteriormente veríamos protagonizando junto a Qu Jingjing la famosa pelea del baño de Wings of Dread.

El principal problema es que algunas situaciones y personajes están demasiado pasados de vueltas, el tramo central pierde algo de ritmo y, sobre todo, se echan de menos más peleas. Porque cuando la acción aparece, la película sube varios enteros.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el primer gran enfrentamiento entre Miao Xie y Andy On.

Es rápido, físico y tremendamente intenso, y funciona además como una declaración de intenciones perfecta para ambos personajes. La coreografía permite apreciar las capacidades reales de los dos actores y la química entre ellos eleva todavía más la secuencia.

Para mí, es claramente el mejor momento de acción de toda la película.


Resumen:

Hunt the Wicked es uno de los mejores trabajos de Chris Huo y otra producción muy representativa del gran momento que atraviesa la nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie y Andy On están estupendos, las mejores peleas son de primer nivel y el guion funciona mejor de lo esperado.

Le sobran algunos excesos, le falta algo de ritmo en el centro y, sobre todo, más acción.

Pero merece mucho la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins: Nice Days (Japón, 2024) de Yugo Sakamoto

A la tercera va la vencida. Baby Assassins: Nice Days es, para mí, la película que por fin consigue encontrar el equilibrio que buscaba la saga desde su primera entrega.

Yugo Sakamoto mantiene intacta la peculiar personalidad de la serie, pero esta vez saca a Chisato y Mahiro de su zona de confort mediante un cambio de ambientación que le sienta estupendamente. Sigue habiendo humor absurdo, conversaciones cotidianas y situaciones extravagantes, pero el ritmo narrativo funciona mucho mejor y, sobre todo, tenemos una cantidad de acción considerablemente mayor.

Y cuando detrás de las peleas está Kensuke Sonomura, eso son palabras mayores.

En las dos películas anteriores ya habíamos podido apreciar su particular manera de entender la acción: coreografías extremadamente complejas que, paradójicamente, intenta que nunca parezcan coreografiadas. Pero en Nice Days encontramos a un Sonomura mucho más maduro. Los movimientos son rápidos, espontáneos y tremendamente físicos; los personajes fallan golpes, reaccionan, improvisan y utilizan constantemente el espacio que los rodea.

La planificación está ahí, y es extraordinaria, pero permanece escondida detrás de una sensación de violencia auténtica.

También ayuda muchísimo tener por fin un antagonista verdaderamente memorable. Kaede Fuyumura, interpretado por Sosuke Ikematsu, es posiblemente el mejor villano de las tres películas: extraño, imprevisible y suficientemente peligroso como para convertirse en un auténtico desafío para nuestras protagonistas.

Y quizá sea simplemente porque ya llevamos tres películas acompañándolas, pero también es aquí donde finalmente he terminado cogiendo verdadero cariño a Chisato y Mahiro. Sus excentricidades ya no parecen simplemente una sucesión de chistes, sino parte inseparable de la personalidad de estas dos asesinas japonesas tan particulares.


La mejor escena de lucha:

El brutal enfrentamiento final entre Akari Takaishi y Sosuke Ikematsu, es decir, Chisato contra Fuyumura.

Aquí la tensión acumulada alcanza finalmente su punto álgido y Sonomura puede dar rienda suelta a todo lo que caracteriza su estilo. Velocidad, contacto físico, utilización del escenario, cambios constantes de distancia y una coreografía extraordinariamente compleja que continúa transmitiendo la sensación de que los personajes realmente están intentando sobrevivir.

Es posiblemente uno de los mejores combates de toda la trilogía.


Resumen:

Baby Assassins: Nice Days es la entreg
a más completa de las tres.

Mejor ritmo, cambio de ambientación, el antagonista más memorable de la saga y, fundamentalmente, más minutos de acción y las mejores peleas hasta el momento.

Y por encima de todo está Kensuke Sonomura, alcanzando una madurez extraordinaria como director de acción y perfeccionando esa peculiar capacidad para hacer que una coreografía tremendamente elaborada parezca simplemente una pelea que ha estallado delante de la cámara.

Por primera vez, la peculiar vida cotidiana de Chisato y Mahiro y las hostias funcionan realmente bien dentro de la misma película.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins 2: 2 Babies (Japón, 2023) de Yugo Sakamoto

Resulta curioso que Baby Assassins 2 consiga ser incluso más floja que su primera entrega, porque detrás de sus escenas de acción vuelve a existir una cantidad enorme de talento, con nombres como Kensuke Sonomura y Naohiro Kawamoto. El problema es que Yugo Sakamoto vuelve a empeñarse en que las hostias sean casi lo de menos.

La película avanza demasiado poco respecto a la primera. Se repiten situaciones, dinámicas entre Chisato y Mahiro y, sobre todo, ese humor cotidiano y absurdo que ya era uno de los elementos más discutibles de su predecesora. Hay interminables conversaciones intrascendentes, chistes que no terminan de funcionar y un ritmo demasiado pausado para una historia que tampoco tiene demasiado que contar.

Y es una pena, porque cuando llega la acción vuelve a quedar claro que aquí había material para mucho más.

El trabajo de Kensuke Sonomura resulta nuevamente extraordinario. Una de sus mayores virtudes consiste precisamente en conseguir que la coreografía no parezca una coreografía. Detrás existe una planificación milimétrica, pero delante de la cámara vemos caos, improvisación, cuerpos chocando y personajes reaccionando a lo que sucede a su alrededor. Las peleas se sienten físicas y espontáneas en lugar de parecer una exhibición de movimientos memorizados.


La mejor escena de lucha:

Curiosamente, me quedo con la primera gran pelea de la película, en la que ni siquiera participan Chisato ni Mahiro.

Es un auténtico maremágnum de cuerpos, golpes, caos y desenfreno. Sonomura organiza una secuencia aparentemente descontrolada en la que, sin embargo, todo está cuidadosamente planificado: posiciones, movimientos de cámara, entradas y salidas de personajes y utilización del espacio.

Precisamente ahí está su genialidad. No vemos la coreografía, pero está absolutamente presente.

Hay otra excelente pelea cerca del desenlace, pero nuevamente resulta frustrante que una película con semejante talento detrás de la acción ofrezca tan poca cantidad de ella.


Resumen:

Baby Assassins 2 tenía la oportunidad perfecta para
corregir los defectos de la primera entrega, pero prácticamente los repite.

Historia previsible, ritmo deficiente, conversaciones interminables y demasiado poco aprovechamiento de Chisato y Mahiro como pareja de asesinas.

Cuando Sonomura y compañía toman las riendas, la película vuelve a demostrar un nivel extraordinario. El problema es todo el tiempo que tenemos que esperar entre una pelea y otra.

Una secuela decepcionante y, para mí, incluso inferior a la primera.


Nivel de hostias: 🥊🥊