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martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de El Puño del Dragón Rojo (Hong Kong, 1993) de Yuen Woo-ping, con Donnie Yen

Muy en la línea de la saga Érase una vez en China, El Puño del Dragón Rojo está lejos de ser un clásico de las artes marciales. Para alcanzar semejante categoría necesitaría una historia bastante más coherente, menos humor absurdo y unos personajes mucho mejor desarrollados.

Pero cuando detrás de las escenas de acción tenemos a Yuen Woo-ping, siempre hay motivos para seguir mirando.

Su desbordante imaginación vuelve a ser el principal atractivo de la película. Estamos ante ese cine de Hong Kong de principios de los 90 donde parecía que cualquier cosa era posible: personajes volando mediante cables, movimientos imposibles, objetos convertidos en armas y coreografías frenéticas que anteponen el espectáculo y la creatividad a cualquier pretensión de realismo.

Y además tenemos a Donnie Yen, todavía varios años antes de convertirse en la superestrella internacional que conocemos actualmente, demostrando ya una velocidad, precisión y capacidad física extraordinarias. Cuando la película le permite soltarse, resulta difícil apartar los ojos de la pantalla.

El problema es todo lo que ocurre entre pelea y pelea. El argumento resulta confuso, el humor ha envejecido regular y algunas situaciones son tan exageradas que terminan restando fuerza a la propia historia.


La mejor escena de lucha:

El gran enfrentamiento final.

Narrativamente no termina de funcionar demasiado bien, pero como espectáculo de acción es precisamente donde El Puño del Dragón Rojo encuentra su razón de ser.

Cables, acrobacias imposibles, golpes a una velocidad endiablada y una creatividad desbordante ejemplifican perfectamente aquel estilo frenético, exagerado y espectacular que dominó buena parte del cine de artes marciales de Hong Kong a principios de los 90.


Resumen:

El Puño del Dragón Rojo no es ninguna obra maestra. Su guion es irregular, los personajes son demasiado simples y el humor absurdo juega demasiadas veces en su contra.

Pero Yuen Woo-ping y un magnífico Donnie Yen consiguen salvarla gracias a unas escenas de acción llenas de imaginación y personalidad.

Un buen ejemplo de las virtudes —y también de los excesos— del cine marcial hongkonés de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de El Mono Borracho en el Ojo del Tigre (Hong Kong, 1978), de Yuen Woo-Ping, con Jackie Chan

El esquema clásico del cine de kung-fu está aquí en toda su gloria: joven arrogante que abusa de su talento, joven arrogante que la pifia y es humillado, duro entrenamiento con un maestro excéntrico y, finalmente, transformación en héroe a través de un gran enfrentamiento final.

El mono borracho en el ojo del tigre sigue prácticamente al pie de la letra esta fórmula, por lo que argumentalmente no ofrece demasiadas sorpresas. Pero todo eso importa bastante poco cuando Jackie Chan entra en acción.

Aquí disfrutó de mucha más libertad que en películas anteriores como Meteoro inmortal o La mano de la muerte, desarrollando definitivamente esa mezcla tan personal de artes marciales, acrobacias y humor físico inspirado en los grandes cómicos del cine mudo.

El estilo del borracho se convirtió además en una de las señas de identidad más famosas de su carrera, imitado, homenajeado y reutilizado durante décadas.

La película puede resultar algo repetitiva y su estructura es tremendamente previsible, pero las constantes peleas, los entrenamientos y el humor hacen que el metraje avance con enorme facilidad.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es el gran momento de la película, con Jackie Chan utilizando todo lo aprendido durante su entrenamiento y desplegando el estilo borracho en una coreografía imaginativa, rapidísima y llena de personalidad.


Resumen:

Drunken Master es una de las mejores películas de la etapa clásica de Jackie Chan y una obra fundamental para entender el nacimiento del estilo que terminaría convirtiéndolo en una leyenda.

Puede que su argumento sea elemental, pero sus coreografías, su humor y el carisma de Jackie la convierten en una cinta absolutamente imprescindible para cualquier amante del cine de artes marciales.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊