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lunes, 31 de agosto de 2026

Crítica de Extreme Challenge (Hong Kong, 2001) de Wei Tung, con Scott Adkins

Extreme Challenge tiene hoy un interés muy concreto: encontrarnos con un jovencísimo Scott Adkins dando sus primeros pasos en el cine. Más allá de eso, estamos ante una película bastante mediocre.

Dirigida por Wei Tung, veterano especialista y director de acción que había trabajado con Jet Li en la también mediocre Rey de Asesinos, la película arrastra prácticamente todos los defectos de cierta serie B de principios de los 2000: diálogos vergonzantes, personajes planos, situaciones repetitivas y una historia que oscila entre lo ridículo y lo olvidable.

Tampoco ayuda esa obsesión de la época por introducir efectos digitales aunque no fueran necesarios. Algunos CGI y decorados han envejecido francamente mal y contribuyen a esa sensación de producto barato.

Afortunadamente, cuando empiezan las hostias la película mejora bastante. Wei Tung plantea unos combates físicos, cercanos y con bastante contacto. La cámara se aproxima mucho a los luchadores y el montaje imprime velocidad sin hacer completamente ilegible la coreografía. No estamos ante artes marciales de primer nivel, pero sí hay varias peleas sorprendentemente disfrutables teniendo en cuenta el nivel general de la película.

Y entonces aparece Scott Adkins.

Su participación es pequeña, pero inmediatamente llama la atención. Todavía estaba lejos de convertirse en Yuri Boyka y en uno de los grandes referentes modernos del cine marcial occidental, pero ya encontramos esa combinación de potencia, velocidad y capacidad acrobática que terminaría definiendo su carrera.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con el combate de Scott Adkins contra uno de los personajes principales.

No necesariamente porque sea una coreografía extraordinaria, sino porque resulta fascinante contemplarla sabiendo lo que vendría después. Adkins aprovecha sus escasos minutos para demostrar unas cualidades físicas claramente superiores a las del resto de la película.


Resumen:

Extreme Challenge es una película floja que probablemente estaría completamente olvidada de no contar con una de las primeras apariciones cinematográficas de Scott Adkins.

Tiene malos diálogos, una historia olvidable y unos efectos digitales terriblemente envejecidos, pero también algunas peleas bastante aprovechables.

Por lo tanto, yo la recomendaría a completistas del cine marcial y, especialmente, de Scott Adkins. Para los demás, es perfectamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Ip Man: Pelea Final (Hong Kong, 2013) de Herman Yau, con Anthony Wong

Frente al Ip Man prácticamente superheroico de las películas de Donnie Yen, Ip Man: Pelea final intenta acercarse algo más al hombre real. Herman Yau se centra en sus últimos años en Hong Kong y presenta a un maestro envejecido, imperfecto y separado durante largos periodos de su mujer.

La película incluso toca aspectos menos amables de su biografía, como su relación sentimental posterior o su consumo de opio, pero lo hace de manera demasiado superficial. Y ahí está una de sus grandes oportunidades perdidas: pretende desmitificar a Ip Man, pero nunca se atreve a profundizar realmente en sus zonas más oscuras.

La elección de Anthony Wong resulta inicialmente sorprendente, pero acaba siendo uno de los grandes aciertos. Estamos hablando de un actor clásico del cine de Hong Kong y particularmente asociado al heroic bloodshed de los 90, al que vimos en títulos fundamentales como Hard Boiled de John Woo o Full Contact de Ringo Lam, además de películas mucho más extremas como The Untold Story o Ebola Syndrome.

Wong no es Donnie Yen, pero sorprendentemente se defiende muy bien con el Wing Chun. La acción, coreografiada por Li Chung-chi y Checkley Sin, está inteligentemente adaptada a sus capacidades: movimientos contenidos, distancias cortas y bastante menos exhibicionismo acrobático.

Herman Yau, por su parte, es uno de esos incansables artesanos de Hong Kong capaces de saltar del cine extremo de las ya nombradas The Untold Story y Ebola Syndrome a grandes producciones de acción como Shock Wave, aparte de haber dirigido otra película sobre la juventud de Ip Man llamada Ip Man: La Leyenda, que tampoco está nada mal. 


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final entre Anthony Wong y Xiong Xin-Xin.

Es un combate clásico y efectivo en el que Wong resulta sorprendentemente convincente frente a todo un veterano del cine marcial hongkonés. La película no necesita convertir a Ip Man en un superhéroe para que la pelea funcione.


Resumen:

Ip Man: Pelea Final ofrece buenas artes marciales, un Anthony Wong excelente y una visión más humana de Ip Man que otras adaptaciones.

Su problema es que resulta algo lenta entre combates, posee algunas historias secundarias que no llegan a ningún lado y, sobre todo, se queda a medio camino cuando intenta aproximarse al verdadero Ip Man. Es más biográfica que las películas de Donnie Yen, pero en mi opinión no lo suficiente.

Por lo tanto esta Pelea Final es interesante, ofrece un punto de vista diferente y por lo tanto no dejad e ser recomendable, aunque también me parece una oportunidad parcialmente perdida.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de Acción Policial (China - Hong Kong, 2013) de Ding Sheng, con Jackie Chan

Entiendo perfectamente que en 2013 Jackie Chan ya estaba lejos de su mejor momento físico, pero después de la más que digna tercera entrega de La armadura de Dios, esperaba bastante más de esta reinterpretación de Police Story.

Porque, además, Acción Policial (también conocida como Police Story: Lockdown) está prácticamente desconectada del resto de la saga. No continúa realmente sus historias ni conserva demasiado de su espíritu, y para mí es claramente la peor entrega de la franquicia.

Ding Sheng apuesta por un tono más oscuro y serio, pero visualmente la película tiene demasiadas veces esa desagradable estética de producción americana de serie B destinada directamente a vídeo. La cámara al hombro, el montaje y una fotografía bastante poco atractiva perjudican especialmente a aquello que debería ser su principal atractivo: la acción.

Jackie continúa demostrando una capacidad física admirable para su edad, pero pocas veces la película sabe aprovecharla realmente.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el combate de Jackie Chan dentro de la jaula contra Liu Ye, planteado con un estilo mucho más cercano a las MMA que al kung-fu tradicional.

Es un enfrentamiento físico, duro y bastante más contenido que las clásicas peleas de Jackie. Precisamente por ello funciona y constituye el momento más épico de una película demasiado pobre en secuencias realmente memorables.


Resumen:

Acción Policial
intenta reinventar la saga mediante un tono más oscuro y realista, pero pierde por el camino prácticamente todo aquello que la hacía especial.

Floja, visualmente poco atractiva y con una acción muy por debajo de lo esperado.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de La Ciudad de los Guerreros (Hong Kong, 2024) con Louis Koo, Sammo Hung y Philip Ng

La Ciudad de los Guerreros tiene prácticamente todos los ingredientes necesarios para convertirse en un clásico moderno del cine de acción, pero para mí se queda un escalón por debajo de la grandeza.

Y, sorprendentemente, mi principal problema está en la propia acción.

En lugar de apoyarse en coreografías complejas, físicas y perfectamente construidas, muchas peleas recurren demasiado al wirework, impactos exagerados, CGI y un montaje excesivamente acelerado. Personalmente, me resulta mucho más satisfactorio el enfoque de películas como John Wick o The Raid, así como el que estamos viendo actualmente dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino en títulos como Fight Against Evil 2 o Black Storm.

Aquí, demasiadas veces, parece que estamos viendo un cómic llevado a imagen real. Los personajes sobreviven a golpes, caídas y castigos completamente imposibles, reduciendo considerablemente la sensación de peligro y contundencia.

Y resulta especialmente sorprendente teniendo detrás de la acción al gran Kenji Tanigaki, uno de los mejores especialistas del cine asiático actual. Hay imaginación y muchísimo trabajo, evidentemente, pero esperaba bastante más de su participación.

En cambio, prácticamente todo lo demás funciona de maravilla. La recreación de la ciudad amurallada de Kowloon es espectacular, el diseño de producción resulta extraordinario, la fotografía tiene muchísimo carácter y el reparto está repleto de rostros conocidos del cine de Hong Kong.

Pero volviendo a los defectos, el otro gran problema para mí está en un guion innecesariamente enrevesado. Hay demasiados personajes, relaciones y conflictos procedentes del pasado, cuya excesiva complejidad termina restando impacto emocional, sobre todo en el tramo final.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el momento en el que el protagonista y sus tres compañeros regresan a la ciudad amurallada y se enfrentan a los invasores.

Sin entrar en demasiados spoilers, es probablemente la secuencia más coral y espectacular de toda la cinta. La acción alcanza aquí una enorme intensidad y, curiosamente, la fantasía, los cables y el montaje funcionan bastante mejor que en otros combates.

Es uno de los pocos momentos donde el exceso juega claramente a favor del espectáculo.


Resumen:

La Ciudad de los Guerreros es una buena película de acción, visualmente magnífica y realizada con enormes medios.

Pero sus peleas excesivamente fantásticas y un guion demasiado complicado impiden, para mí, que alcance el nivel de los grandes clásicos modernos del género.

Buena, sí. 

La obra maestra que muchos consideran, no.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Rey de Asesinos (Hong Kong, 1998) con Jet Li

Después de ver Rey de asesinos resulta bastante fácil comprender por qué Jet Li decidió abandonar temporalmente el cine de Hong Kong para probar suerte en Hollywood.

La sensación general es que la industria hongkonesa ya no sabía demasiado bien qué hacer con una de sus mayores estrellas de las artes marciales.

Aquí Jet Li interpreta a un personaje bastante plano, poco desarrollado y sorprendentemente carente de carisma. Y eso pesa mucho si lo comparamos con trabajos como Fist of Legend o Érase una vez en China, donde su presencia física y marcial dominaba absolutamente la pantalla.

Lo peor es que sus extraordinarias capacidades quedan claramente desaprovechadas. Hay acción, sí, pero pocas veces se construye alrededor de aquello que Jet Li hacía mejor. Faltan peleas realmente memorables, mejores coreografías y una puesta en escena capaz de explotar su velocidad y precisión.

El reparto cuenta con rostros conocidos como Simon Yam, que aporta algo más de presencia al conjunto, pero ni siquiera eso consigue elevar demasiado una película que parece funcionar con el piloto automático.


La mejor escena de lucha:

Cuesta elegir una porque, sinceramente, no hay ninguna pelea realmente memorable.

Quizá me quedaría con el tramo final en el que participa Simon Yam, más por su intensidad y por algunos stunts bastante divertidos que por la calidad puramente marcial.

Y precisamente eso resume bastante bien el problema de la película: uno termina buscando lo mejor entre escenas secundarias porque Jet Li nunca recibe un combate verdaderamente digno de su talento.


Resumen:

Rey de Asesinos es una película menor dentro de la filmografía de Jet Li.

Tiene algún momento entretenido y los completistas podrán encontrar cierto interés, pero el protagonista está sorprendentemente desaprovechado y las escenas de acción quedan muy lejos del nivel que había alcanzado pocos años antes.

Vista hoy, casi parece el síntoma definitivo de que Jet Li necesitaba un cambio de aires.

Y Hollywood estaba a punto de llegar.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de The Storm Warriors (Hong Kong, 2009) de los Hermanos Pang

La magia y el encanto que hicieron de The Storm Riders una película tan memorable desaparecen casi por completo en esta desastrosa secuela.

The Storm Warriors comete tres errores especialmente graves. El primero es visual: gran parte de la acción transcurre en cuevas y escenarios cerrados que parecen decorados baratos rodeados de fondos digitales poco convincentes. Hay algunos hallazgos visuales interesantes y planos aislados con cierta fuerza, pero son demasiado escasos para compensar un conjunto sorprendentemente artificial.

El segundo problema está en los personajes. Apenas existe desarrollo dramático y resulta muy difícil implicarse emocionalmente con héroes o villanos. Todo parece estar construido únicamente para conducirnos de una escena fantástica a la siguiente.

Y el tercero, quizá el más imperdonable para El Arte de Hostiar, está en la acción. Las peleas son sorprendentemente mediocres, con demasiado movimiento de cámara, montaje frenético y muy poca sensación de coreografía real. En lugar de aprovechar el potencial marcial del reparto, la película intenta esconder sus carencias detrás de efectos, aceleraciones y ruido visual.

Los hermanos Pang demuestran aquí que no estaban especialmente preparados para manejar una producción fantástica de estas características.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento contra el principal antagonista, interpretado por Simon Yam, es probablemente el momento más aprovechable.

No es una gran pelea, pero al menos concentra algo de tensión y permite disfrutar de una puesta en escena algo más clara que en otros combates del film.


Resumen:

The Storm Warriors es una secuela fallida en prácticamente todos los aspectos.

Tiene algún hallazgo visual aislado y un reparto atractivo, pero pierde la personalidad de la primera película, desaprovecha a sus personajes y ofrece unas escenas de acción muy por debajo de lo esperado.

Una fantasía vacía, artificial y completamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊

martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de El Puño del Dragón Rojo (Hong Kong, 1993) de Yuen Woo-ping, con Donnie Yen

Muy en la línea de la saga Érase una vez en China, El Puño del Dragón Rojo está lejos de ser un clásico de las artes marciales. Para alcanzar semejante categoría necesitaría una historia bastante más coherente, menos humor absurdo y unos personajes mucho mejor desarrollados.

Pero cuando detrás de las escenas de acción tenemos a Yuen Woo-ping, siempre hay motivos para seguir mirando.

Su desbordante imaginación vuelve a ser el principal atractivo de la película. Estamos ante ese cine de Hong Kong de principios de los 90 donde parecía que cualquier cosa era posible: personajes volando mediante cables, movimientos imposibles, objetos convertidos en armas y coreografías frenéticas que anteponen el espectáculo y la creatividad a cualquier pretensión de realismo.

Y además tenemos a Donnie Yen, todavía varios años antes de convertirse en la superestrella internacional que conocemos actualmente, demostrando ya una velocidad, precisión y capacidad física extraordinarias. Cuando la película le permite soltarse, resulta difícil apartar los ojos de la pantalla.

El problema es todo lo que ocurre entre pelea y pelea. El argumento resulta confuso, el humor ha envejecido regular y algunas situaciones son tan exageradas que terminan restando fuerza a la propia historia.


La mejor escena de lucha:

El gran enfrentamiento final.

Narrativamente no termina de funcionar demasiado bien, pero como espectáculo de acción es precisamente donde El Puño del Dragón Rojo encuentra su razón de ser.

Cables, acrobacias imposibles, golpes a una velocidad endiablada y una creatividad desbordante ejemplifican perfectamente aquel estilo frenético, exagerado y espectacular que dominó buena parte del cine de artes marciales de Hong Kong a principios de los 90.


Resumen:

El Puño del Dragón Rojo no es ninguna obra maestra. Su guion es irregular, los personajes son demasiado simples y el humor absurdo juega demasiadas veces en su contra.

Pero Yuen Woo-ping y un magnífico Donnie Yen consiguen salvarla gracias a unas escenas de acción llenas de imaginación y personalidad.

Un buen ejemplo de las virtudes —y también de los excesos— del cine marcial hongkonés de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Rambo: Last Blood (EEUU - Hong Kong - España, 2019) con Silvester Stallone

Sin ser una obra maestra, Rambo: Last Blood me parece bastante mejor de lo que buena parte de la crítica afirmó en su momento.

Adrian Grunberg, que ya había demostrado bastante oficio en Vacaciones en el infierno junto a Mel Gibson, se ganó aquí la oportunidad de cerrar —al menos por ahora— la historia de uno de los personajes más míticos de Sylvester Stallone.

El guion no es especialmente complejo, pero sí efectivo, directo y por momentos incluso bastante conmovedor. La película entiende que Rambo es ya un hombre marcado por décadas de violencia y construye alrededor de él una sencilla historia de pérdida, rabia y venganza.

El reparto incluye además varios rostros conocidos del cine mexicano y español, entre ellos Sergio Peris-Mencheta y Paz Vega, que aportan presencia y carisma al conjunto.

Y detrás de la acción encontramos también especialistas de primer nivel, entre ellos Diyan Hristov, veterano stuntman relacionado con producciones de gran calibre como las tres primeras entregas de Los Mercenarios, 300: El origen de un imperio e incluso John Wick: Capítulo 2. Esa experiencia se aprecia especialmente cuando la película abandona definitivamente el drama y se entrega a la carnicería.


La mejor escena de acción:

Sin duda, todo el enfrentamiento final en los túneles y alrededores del rancho.

Rambo despliega allí todo su arsenal de trampas y ejecuciones, recuperando su faceta más salvaje de guerrillero. Cuchillos, armas de fuego, trampas y mutilaciones se suceden sin escatimar una sola gota de sangre.

Es un auténtico festival gore que llega incluso a rivalizar con la brutalidad de la ya extremadamente violenta John Rambo. Y, sobre todo, ofrece exactamente el clímax que uno espera de la que podría ser la última aventura del personaje.


Resumen:

Rambo: Last Blood es una despedida bastante digna para John Rambo.

Tiene un argumento sencillo pero efectivo, algunos momentos sorprendentemente emotivos, buenos profesionales detrás de la acción y un Sylvester Stallone que continúa transmitiendo perfectamente el cansancio y la rabia acumulados por el personaje.

Y cuando finalmente llega la hora de repartir hostias, la película se convierte en una carnicería absolutamente desatada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

domingo, 23 de agosto de 2026

Crítica de Retroceder Nunca, Rendirse Jamás (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) de Corey Yuen, con Jean-Claude Van Damme

Retroceder nunca, rendirse jamás es una de esas películas que, más allá de su calidad, merece un pequeño lugar en la historia del cine de artes marciales.

Dirigida por Corey Yuen, al que posteriormente veríamos trabajando con Jet Li o dando forma a la acción de Transporter, supone un interesante y temprano encuentro entre el cine estadounidense y la escuela de acción de Hong Kong. Fue, además, el primer largometraje en inglés dirigido por Yuen.

Y esa procedencia hongkonesa se nota especialmente en las peleas. La acción fue diseñada por el propio Corey Yuen junto a Mang Hoi, veterano especialista, actor y coreógrafo relacionado con decenas de producciones de Hong Kong y con estrellas como Jackie Chan. El resultado son unas coreografías sorprendentemente ágiles que, cuarenta años después, siguen funcionando bastante bien.

La historia, por supuesto, es otra cuestión. Su mezcla de drama juvenil, entrenamiento marcial y fantasía resulta tremendamente naïve vista actualmente, pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto ochentero.

Y luego está Jean-Claude Van Damme.

Aparece muchísimo menos de lo que uno desearía, pero cada vez que entra en pantalla se adueña completamente de la película. Joven, rapidísimo, flexible y con una presencia física extraordinaria, ya deja claro que estaba destinado a convertirse en una estrella. No fue su primera aparición cinematográfica, pues anteriormente había realizado pequeños trabajos, pero sí supuso su primer papel verdaderamente relevante.


La mejor escena de lucha:

Más que un único combate, me quedo con todo el tramo final y la entrada en acción de Van Damme.

Su enfrentamiento definitivo quizá resulte demasiado corto, pero sus patadas, elasticidad y explosividad convierten esta parte de la película en su momento más memorable. Cada segundo suyo en pantalla demuestra por qué pocos años después acabaría convertido en uno de los grandes iconos del cine de acción.


Resumen:

Retroceder nunca, rendirse jamás es puro cine de artes marciales ochentero: ingenuo, sencillo y tremendamente nostálgico.

Corey Yuen y Mang Hoi aportan una dirección de acción muy superior a la habitual en producciones estadounidenses similares y Van Damme, pese a su escaso tiempo en pantalla, roba completamente la función.

Una curiosa y divertida conexión entre Hong Kong y Hollywood que merece ser recordada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Bleeding Steel (China - Hong Kong - Estados Unidos, 2017) con Jackie Chan

Jackie Chan demuestra en la secuencia de la Ópera de Sídney por qué es, y siempre será, una leyenda del cine de acción.

El problema es que prácticamente todo lo que rodea a ese momento está muy por debajo de su nivel. Bleeding Steel mezcla ciencia ficción, melodrama y thriller de acción sin conseguir que ninguna de esas partes termine de encajar del todo.

El guion es flojo, los personajes apenas están desarrollados y el tono cambia constantemente, pasando de momentos supuestamente dramáticos a otros casi cómicos o directamente absurdos. La parte de ciencia ficción, además, está tratada de una forma bastante torpe y termina aportando más confusión que interés.

Afortunadamente, Jackie Chan todavía conserva una capacidad física sorprendente para su edad, y las escenas de acción coordinadas por el Jackie Chan Stunt Team son claramente lo mejor de la película.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, toda la secuencia sobre el tejado de la Ópera de Sídney.

Jackie vuelve a jugarse el físico en un escenario espectacular, con una combinación de acrobacias, riesgo real y sentido del espectáculo que recuerda por momentos al Jackie de sus mejores años.

Es una escena tan buena que casi consigue justificar por sí sola aguantar todo lo demás.


Resumen:

Bleeding Steel es una película muy irregular, con una historia confusa, un melodrama poco convincente y una ciencia ficción bastante mal integrada.

Pero cuando Jackie Chan entra en acción, especialmente en la Ópera de Sídney, todavía demuestra que pocos pueden competir con él en presencia física y entrega.

Si tienes paciencia y aguante, esa secuencia puede compensar buena parte del resto.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Mi Padre es un Héroe (Hong Kong, 1995) de Corey Yuen, con Jet Li y Miao Xie

Corey Yuen realiza un trabajo bastante sólido detrás de las cámaras en Mi Padre es un Héroe, aunque la película queda claramente limitada por un guion demasiado simple y poco desarrollado.

El principal villano es uno de sus mayores problemas: resulta tremendamente tópico, está escrito sin apenas matices y además interpretado de una forma tan exagerada que por momentos roza la caricatura. Tampoco ayuda una banda sonora bastante intrusiva y envejecida, que en demasiadas ocasiones parece luchar contra las propias imágenes en lugar de acompañarlas.

Afortunadamente, la película se mantiene entretenida gracias a unas escenas de acción muy enérgicas y, sobre todo, a la presencia de un jovencísimo Miao Xie, que está tan bien que en algunos momentos llega incluso a robarle protagonismo a Jet Li.

Las peleas son vistosas y muy disfrutables, aunque vuelven a caer en dos defectos bastante habituales en muchas películas hongkonesas de Jet Li de aquella época: el abuso de cables y el empleo excesivo de cámara rápida. Es una lástima, porque tanto Jet Li como Miao Xie tenían capacidad marcial de sobra para brillar sin necesidad de recurrir constantemente a estos recursos.

Aun así, Corey Yuen sabe perfectamente cómo rodar acción y mantener el espectáculo, y el tramo final consigue compensar buena parte del melodrama y las debilidades anteriores.


La mejor escena de lucha:

El clímax final es, con diferencia, lo mejor de la película.

Jet Li y Miao Xie tienen ocasión de lucirse en una sucesión de peleas rápidas, acrobáticas y muy espectaculares. La química entre ambos funciona estupendamente y el jovencísimo Miao Xie demuestra unas capacidades físicas sorprendentes para su edad, plantándole cara en pantalla a toda una estrella como Jet Li.

El exceso de wirework y cámara acelerada sigue estando presente, pero la energía y creatividad del enfrentamiento consiguen imponerse.


Resumen:

Mi Padre es un Héroe está lejos de ser una de las mejores películas de Jet Li, pero sigue siendo una cinta de acción muy entretenida.

Su guion es flojo, el villano resulta excesivamente caricaturesco y la música ha envejecido bastante mal, pero Corey Yuen mantiene un buen nivel de espectáculo y Miao Xie demuestra, siendo todavía un niño, un talento marcial extraordinario.

El excelente tramo final termina salvando la película.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Historia de Ricky (Hong Kong, 1991) con Louis Fan

Una de las mejores películas gore de los noventa, en mi opinión, y probablemente también una de las más desquiciadas que jamás haya salido de Hong Kong.

Riki-Oh: The Story of Ricky abraza sin ningún tipo de complejo su origen de cómic y nos ofrece una auténtica ensalada de artes marciales, personajes imposibles, violencia hiperbólica y cantidades industriales de sangre y vísceras.

La historia transcurre principalmente dentro de una prisión convertida prácticamente en un universo fantástico, poblado por guardianes sádicos, luchadores grotescos y villanos que parecen haber escapado directamente de las páginas de un manga.

El presupuesto resulta evidentemente limitado, pero curiosamente termina jugando a favor de la película. Los efectos artesanales, las mutilaciones exageradas y ese aspecto de serie B absoluta le proporcionan un encanto que probablemente se habría perdido con una producción mucho más pulida.

Y cuando empiezan las hostias, la película alcanza otra dimensión. Las artes marciales se mezclan con un gore completamente demencial: cabezas aplastadas, cuerpos destrozados y litros de sangre acompañan unas peleas planteadas siempre buscando el momento más épico y exagerado posible.


La mejor escena de lucha:

Resulta difícil quedarse con una sola, pero el enfrentamiento de Ricky contra los responsables de la prisión resume perfectamente el espíritu de la película.

Más que buscar realismo, las peleas funcionan como auténticas viñetas de cómic en movimiento, con golpes imposibles y destrucción corporal llevada hasta extremos delirantes.


Resumen:

Riki-Oh es una barbaridad maravillosa.

Violenta, divertida, absurda y orgullosamente cutre, consigue convertir sus limitaciones presupuestarias en parte de su personalidad y ofrece una mezcla prácticamente irrepetible de kung-fu y gore extremo.

Un clásico absoluto del cine de culto y una película imprescindible para cualquier amante de la casquería cinematográfica.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Black Mask (Hong Kong, 1996) con Jet Li

Que Black Mask tenga un guion deslavazado, absurdo y lleno de personajes poco desarrollados es algo relativamente perdonable. Al fin y al cabo, cuando uno se sienta a ver una película de Jet Li de estas características no espera precisamente una historia memorable, sino acción de la buena.

Y desgraciadamente es ahí donde la película hace aguas.

La acción no sólo resulta más escasa de lo deseable, sino que además está rodada y montada de una forma tan acelerada y confusa que en demasiados momentos cuesta saber qué demonios está pasando. El problema es especialmente grave porque termina desluciendo por completo a Jet Li, uno de los artistas marciales más espectaculares de su generación.

Entre tiros, explosiones, montaje frenético y encuadres poco agradecidos, apenas podemos disfrutar de la precisión, velocidad y elegancia de sus movimientos. Y eso, tratándose de una película protagonizada por Jet Li, es casi imperdonable.

La estética de superhéroe urbano y ciencia ficción tiene cierto encanto noventero, pero no basta para compensar una historia floja y unas escenas de acción muy por debajo de lo que cabría esperar.


La mejor escena de lucha:

Probablemente alguno de los enfrentamientos del tramo final, donde Jet Li consigue lucirse algo más pese al montaje. Aun así, incluso los mejores momentos están lejos de aprovechar realmente su enorme talento marcial.


Resumen:

Black Mask tuvo cierta repercusión internacional y puede conservar algo de encanto para los nostálgicos del cine de acción hongkonés de los noventa, pero dentro de la filmografía de Jet Li resulta completamente prescindible.

Los fans acérrimos probablemente encuentren algo que disfrutar. Yo, personalmente, a la media hora ya estaba deseando que terminase.


Nivel de hostias: 🥊

viernes, 21 de agosto de 2026

Crítica de Karate a Muerte en Bangkok (Hong Kong, 1971) con Bruce Lee

Karate a muerte en Bangkok tiene un valor histórico indiscutible: fue la película que convirtió a Bruce Lee en una gran estrella del cine de Hong Kong. Y eso tiene todavía más mérito teniendo en cuenta que detrás de las cámaras estaba Lo Wei, director que posteriormente demostraría sus enormes limitaciones en muchas de sus películas con Jackie Chan.

La cinta presenta un argumento bastante pobre, situaciones inverosímiles y algunas decisiones dramáticas sorprendentemente crueles, incluyendo muertes que hoy resultan gratuitas y difícilmente justificables.

Tampoco ayuda su estridente banda sonora, repleta de rock psicodélico que en demasiadas ocasiones, en lugar de acompañar la acción, termina distrayendo. Tiene cierto encanto setentero, pero funciona francamente mal.

Y entonces aparece Bruce Lee.

Como actor todavía estaba algo verde, pero físicamente resulta absolutamente magnético. Sus poses, su velocidad, sus increíbles patadas y, sobre todo, su presencia transforman completamente la película. Ya existía cine de artes marciales antes de Bruce Lee, pero aquí el cuerpo del luchador se convierte definitivamente en espectáculo: su forma de moverse y combatir pasa a ser protagonista absoluta de la pantalla.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con la primera gran pelea de Bruce Lee en la fábrica de hielo, incluso por encima del enfrentamiento final, algo perjudicado por ciertos saltos y un uso bastante extraño de los cables.

Cuando Lee se quita el medallón y decide enfrentarse a una multitud de adversarios, la película cambia por completo. Velocidad, potencia y un carisma descomunal: en ese momento queda claro que había nacido una estrella.


Resumen:

Karate a muerte en Bangkok es una película bastante mediocre, con un guion paupérrimo, decisiones argumentales incomprensibles y una banda sonora horrorosa.

Pero tiene algo que compensa parcialmente todo lo demás: Bruce Lee. Aquí comenzó una fulgurante carrera como protagonista que no dejaría de crecer hasta su prematura muerte.

Como película, un aprobado raspado. Como documento histórico del cine de artes marciales, imprescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de City Hunter (Hong Kong - Japón, 1993) con Jackie Chan

City Hunter no es una de las películas más recordadas de Jackie Chan... Y con razón, porque desde luego no se encuentra entre sus mejores trabajos.

Lo que sí es esta adaptación del famoso manga japonés es probablemente una de las cintas más alocadas y surrealistas protagonizadas por la estrella de las artes marciales. Wong Jing traslada a imagen real buena parte del humor absurdo del material original, construyendo una sucesión de gags, parodias y situaciones completamente disparatadas.

Eso nos deja momentos inolvidables, como la célebre parodia de Street Fighter II —ver a Jackie Chan convertido en Chun-Li no tiene precio—, la pelea en el cine con Bruce Lee ejerciendo de improvisado mentor desde la pantalla o el delirante baile a lo Michael Jackson durante el tramo final.

Las acrobacias y peleas marca de la casa también están presentes, aunque en menor cantidad y con menos brillantez de lo habitual, ya que aquí la comedia domina claramente sobre las artes marciales.

El reparto también resulta curioso, con Richard Norton, Gary Daniels, Michael Wong y varias caras conocidas del cine de Hong Kong.


La mejor escena de lucha:

Probablemente el enfrentamiento final contra Richard Norton, especialmente por su mezcla de acción, humor y referencias pop (como la parodia antes mencionada). No es una de las grandes peleas de Jackie Chan, pero encaja perfectamente con el tono completamente desquiciado de la película.


Resumen:

City Hunter está lejos del mejor Jackie Chan, pero resulta tremendamente entretenida si se acepta su humor absurdo y su tono de parodia constante.

Irregular, ridícula y excesiva, sí... pero también muy divertida y con varias escenas absolutamente inolvidables.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítca de El Protector (The Protector) (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) con Jackie Chan

Segundo asalto de Jackie Chan a Hollywood como protagonista tras el fiasco de La furia de Chicago, y nuevo fracaso comercial para Golden Harvest... aunque, en mi opinión, el resultado cinematográfico es bastante superior.

La película cuenta con numerosas escenas de riesgo ejecutadas con la habitual entrega de Jackie y un par de peleas bastante disfrutables, aunque sin alcanzar el nivel de sus mejores trabajos hongkoneses. Aquí se dejan algo más de lado las artes marciales para apostar por una acción más directa, violenta y típicamente occidental.

La historia no deja de ser otra buddy movie policíaca más, pero gana interés gracias a su traslado a Hong Kong y a las constantes peripecias físicas de Jackie. También ayuda mucho la presencia de Danny Aiello, que aporta carisma y una buena química con el protagonista.

James Glickenhaus rueda la acción con bastante oficio y dota a la película de un tono más duro y seco de lo habitual en Jackie Chan, algo que puede chocar a sus seguidores más clásicos, pero que también le da una personalidad propia.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el mejor momento de artes marciales de la película, con Jackie Chan pudiendo mostrar algo más de velocidad y técnica. No llega a la brillantez de sus coreografías en Hong Kong, pero sí resulta contundente y bastante satisfactorio.


Resumen:

The Protector es una película bastante más interesante de lo que suele reconocerse.

Se aleja del Jackie Chan más cómico y acrobático para ofrecer un policíaco de acción más occidental, pero contiene suficientes escenas espectaculares, riesgo real y adrenalina como para merecer una reivindicación.

No está entre sus grandes obras, pero sí muy por encima de su anterior aventura americana.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de La Furia de Chicago (Hong Kong - Estados Unidos, 1980) con Jackie Chan

Primer asalto serio de Jackie Chan a Hollywood... y sonoro fracaso.

Sobre el papel, la película tenía bastantes papeletas para funcionar. Robert Clouse había dirigido a Bruce Lee en Operación Dragón y Jackie llegaba a Estados Unidos convertido ya en una gran estrella del cine de Hong Kong. Además, la cinta intenta aprovechar buena parte de aquello que lo había hecho famoso: talento natural para la comedia, acrobacias circenses, buenas coreografías y escenas de riesgo ejecutadas por el propio actor.

El problema es que todo aparece demasiado domesticado para el mercado norteamericano. Las peleas son más lentas, el ritmo menos explosivo y el potencial físico de Jackie apenas llega a desplegarse como debería.

Tampoco ayuda un guion bastante previsible y algo blando, aunque tenga algunos momentos cómicos efectivos. La presencia de Mako como instructor aporta algo de carisma y la película conserva ese tono desvergonzado propio de muchas comedias estadounidenses de principios de los ochenta.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el momento donde Jackie puede lucirse algo más, aunque incluso ahí queda lejos de la velocidad, creatividad y espectacularidad que mostraba por aquellos mismos años en Hong Kong.


Resumen:

La furia de Chicago fue un intento fallido de adaptar a Jackie Chan al mercado estadounidense, en lugar de permitir que Hollywood se adaptara a Jackie Chan.

No es tan mala como a veces se dice y, de hecho, resulta bastante entretenida, pero sí queda muy por debajo de lo que el actor era capaz de ofrecer entonces.

Un aprobado justo. Jackie tendría que esperar muchos años antes de conquistar definitivamente Occidente.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de El Chino (Hong Kong, 1980) de Jackie Chan

Por fin, en su segunda película como director, Jackie Chan se desmarcó un poco de la fórmula argumental habitual del cine de kung-fu de la época para contarnos la historia de un joven huérfano educado en una escuela de artes marciales que intenta salvar el honor de uno de sus compañeros.

La película destaca por un estilo todavía más circense, físico y malabarístico que en trabajos anteriores del actor. A ello ayuda enormemente la presencia de su amigo y compañero Yuen Biao, uno de los intérpretes más acrobáticos de su generación. Juntos protagonizan algunos de los momentos más brillantes, divertidos y espectaculares de la cinta.

También se aprecia a un Jackie Chan cada vez más seguro detrás de las cámaras, con mayor control del ritmo cómico y de las coreografías.

El problema es que la historia pierde bastante fuerza a medida que avanza. La última parte resulta más desordenada y da cierta sensación de improvisación, como si la película no tuviera muy claro hacia dónde dirigirse.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el brutal enfrentamiento final entre Jackie Chan y Hwang In-shik. Es una pelea larguísima, agotadora y físicamente durísima, donde Jackie recibe una cantidad de castigo casi absurda antes de imponerse. Un combate magnífico que anticipa en cierto modo la resistencia física y el sufrimiento extremo que volveríamos a ver años después en La leyenda del luchador borracho.


Resumen:

The Young Master —titulada en España El Chino— no está entre las mejores películas dirigidas por Jackie Chan, pero sigue siendo una cinta muy recomendable.

Divertida, acrobática y con un combate final memorable, supone además un paso importante en la evolución del estilo que Jackie perfeccionaría durante los años ochenta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hiena Salvaje (Hong Kong - Corea del Sur, 1979) de Jackie Chan

El debut de Jackie Chan como director no supuso realmente una ruptura con respecto a las dos grandes películas que había rodado poco antes junto a Yuen Woo-Ping y que terminaron de consagrarlo como estrella de las artes marciales: La serpiente a la sombra del águila y El mono borracho en el ojo del tigre.

La buena noticia es que Jackie supo mantener prácticamente intacto el nivel de aquellas cintas gracias a unas escenas de acción magníficas, unas coreografías espectaculares y un uso del humor físico que ya empezaba a convertirse en auténtica marca de la casa.

El esquema argumental vuelve a ser el clásico de tantas películas de kung-fu de los setenta: joven impulsivo, entrenamiento, humillación, aprendizaje y enfrentamiento final. Sin embargo, todo está filtrado por la personalidad de Jackie Chan, que mezcla comedia, sentimentalismo y acción con una naturalidad que iría perfeccionando durante la década siguiente.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es claramente el gran momento de la película. Jackie despliega una combinación de velocidad, acrobacias, expresividad y técnica marcial que demuestra hasta qué punto ya dominaba no sólo la interpretación física, sino también la construcción visual de una pelea.


Resumen:

Hiena salvaje es una película fundamental dentro de la primera etapa de Jackie Chan.

No inventa nada nuevo respecto a sus grandes éxitos anteriores, pero confirma que Jackie era perfectamente capaz de mantener ese nivel sin Yuen Woo-Ping detrás de la cámara. Aquí demuestra ser tan eficaz como director y coreógrafo como lo era delante de ella.

Imprescindible para cualquier aficionado al kung-fu clásico y una de las mejores películas de su etapa setentera.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Spiritual Kung Fu (Hong Kong - Taiwán, 1978), con Jackie Chan

Dentro de las muchas películas que Lo Wei rodó a finales de los setenta aprovechando la fama creciente del talentoso Jackie Chan, Spiritual Kung Fu es probablemente una de las más disfrutables.

Eso no quiere decir que estemos ante una gran película de artes marciales, pero al menos resulta bastante divertida. A diferencia de otras cintas menos acertadas como Los Super Guardaespaldas o Meteoro Inmortal, aquí sí se aprovecha adecuadamente la vena cómica de Jackie Chan, terreno en el que el actor se mueve con absoluta naturalidad.

Otro aspecto destacable son los combates, bastante superiores a los que suelen encontrarse en otras películas dirigidas por Lo Wei. Además, aquí están algo mejor filmados, recurriendo con mayor frecuencia a planos generales que permiten apreciar realmente las coreografías y las capacidades físicas de Jackie, en lugar de esos incomprensibles planos medios o cortos que tantas veces restan espectacularidad a este tipo de escenas.

La historia, eso sí, es tremendamente previsible y todo el componente sobrenatural relacionado con los fantasmas resulta bastante ridículo, aunque termina aportando cierto encanto al conjunto.


La mejor escena de lucha:

El combate final es el momento donde mejor se aprovechan las habilidades de Jackie Chan, con una coreografía rápida, acrobática y mucho más cercana al estilo que terminaría definiendo su carrera.



Resumen:

Spiritual Kung Fu es una película menor dentro de la filmografía de Jackie Chan, pero también una de las colaboraciones más entretenidas que realizó con Lo Wei.

Su humor, sus buenas peleas y una puesta en escena algo más acertada de lo habitual compensan una historia bastante simple y unas apariciones fantasmales completamente disparatadas.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊