Dirigida por Wei Tung, veterano especialista y director de acción que había trabajado con Jet Li en la también mediocre Rey de Asesinos, la película arrastra prácticamente todos los defectos de cierta serie B de principios de los 2000: diálogos vergonzantes, personajes planos, situaciones repetitivas y una historia que oscila entre lo ridículo y lo olvidable.
Tampoco ayuda esa obsesión de la época por introducir efectos digitales aunque no fueran necesarios. Algunos CGI y decorados han envejecido francamente mal y contribuyen a esa sensación de producto barato.
Afortunadamente, cuando empiezan las hostias la película mejora bastante. Wei Tung plantea unos combates físicos, cercanos y con bastante contacto. La cámara se aproxima mucho a los luchadores y el montaje imprime velocidad sin hacer completamente ilegible la coreografía. No estamos ante artes marciales de primer nivel, pero sí hay varias peleas sorprendentemente disfrutables teniendo en cuenta el nivel general de la película.
Y entonces aparece Scott Adkins.
Su participación es pequeña, pero inmediatamente llama la atención. Todavía estaba lejos de convertirse en Yuri Boyka y en uno de los grandes referentes modernos del cine marcial occidental, pero ya encontramos esa combinación de potencia, velocidad y capacidad acrobática que terminaría definiendo su carrera.
La mejor escena de lucha:
Me quedo con el combate de Scott Adkins contra uno de los personajes principales.
No necesariamente porque sea una coreografía extraordinaria, sino porque resulta fascinante contemplarla sabiendo lo que vendría después. Adkins aprovecha sus escasos minutos para demostrar unas cualidades físicas claramente superiores a las del resto de la película.
Resumen:
Extreme Challenge es una película floja que probablemente estaría completamente olvidada de no contar con una de las primeras apariciones cinematográficas de Scott Adkins.
Tiene malos diálogos, una historia olvidable y unos efectos digitales terriblemente envejecidos, pero también algunas peleas bastante aprovechables.
Por lo tanto, yo la recomendaría a completistas del cine marcial y, especialmente, de Scott Adkins. Para los demás, es perfectamente prescindible.
Nivel de hostias: 🥊🥊