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lunes, 31 de agosto de 2026

Crítica de Extreme Challenge (Hong Kong, 2001) de Wei Tung, con Scott Adkins

Extreme Challenge tiene hoy un interés muy concreto: encontrarnos con un jovencísimo Scott Adkins dando sus primeros pasos en el cine. Más allá de eso, estamos ante una película bastante mediocre.

Dirigida por Wei Tung, veterano especialista y director de acción que había trabajado con Jet Li en la también mediocre Rey de Asesinos, la película arrastra prácticamente todos los defectos de cierta serie B de principios de los 2000: diálogos vergonzantes, personajes planos, situaciones repetitivas y una historia que oscila entre lo ridículo y lo olvidable.

Tampoco ayuda esa obsesión de la época por introducir efectos digitales aunque no fueran necesarios. Algunos CGI y decorados han envejecido francamente mal y contribuyen a esa sensación de producto barato.

Afortunadamente, cuando empiezan las hostias la película mejora bastante. Wei Tung plantea unos combates físicos, cercanos y con bastante contacto. La cámara se aproxima mucho a los luchadores y el montaje imprime velocidad sin hacer completamente ilegible la coreografía. No estamos ante artes marciales de primer nivel, pero sí hay varias peleas sorprendentemente disfrutables teniendo en cuenta el nivel general de la película.

Y entonces aparece Scott Adkins.

Su participación es pequeña, pero inmediatamente llama la atención. Todavía estaba lejos de convertirse en Yuri Boyka y en uno de los grandes referentes modernos del cine marcial occidental, pero ya encontramos esa combinación de potencia, velocidad y capacidad acrobática que terminaría definiendo su carrera.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con el combate de Scott Adkins contra uno de los personajes principales.

No necesariamente porque sea una coreografía extraordinaria, sino porque resulta fascinante contemplarla sabiendo lo que vendría después. Adkins aprovecha sus escasos minutos para demostrar unas cualidades físicas claramente superiores a las del resto de la película.


Resumen:

Extreme Challenge es una película floja que probablemente estaría completamente olvidada de no contar con una de las primeras apariciones cinematográficas de Scott Adkins.

Tiene malos diálogos, una historia olvidable y unos efectos digitales terriblemente envejecidos, pero también algunas peleas bastante aprovechables.

Por lo tanto, yo la recomendaría a completistas del cine marcial y, especialmente, de Scott Adkins. Para los demás, es perfectamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊

sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Ichi the Killer (Japón, 2001) de Takashi Miike

Una de las películas que más me sorprendió en su época.

Ichi the Killer es espectacular, violenta, divertida, enfermiza, hipersangrienta y sorprendentemente profunda. Se le pueden aplicar mil adjetivos porque estamos ante una película extraordinariamente rica en matices, cine en estado puro y con una personalidad que muy pocos directores aparte de Takashi Miike serían capaces de imprimir.

La cinta está llena de aciertos. Para empezar, una banda sonora magnífica, fundamental para construir ese ambiente perturbador y casi hipnótico. También destacan unos personajes absolutamente carismáticos, a cuál más excéntrico, bizarro y trastornado, dentro de un universo donde la violencia parece formar parte natural de la personalidad de todos ellos.

Visualmente, Miike está desatado. Su inventiva es constante, pero nunca gratuita: encuadres, colores, movimientos de cámara y explosiones de violencia convierten muchas escenas en imágenes imposibles de olvidar.

Y todo esto no tendría demasiado valor sin un guion mucho más interesante de lo que puede parecer a simple vista. Bajo toda su exageración hay una reflexión enfermiza sobre el dolor, el deseo, el sadismo, la identidad y la necesidad de violencia, rematada además por un final abierto a múltiples interpretaciones.


La mejor escena de acción:

Resulta difícil elegir una sola, porque toda la película está construida alrededor de estallidos de violencia absolutamente demenciales. Pero el enfrentamiento final resume perfectamente el espíritu de la cinta: brutalidad, humor negro, sadismo y una puesta en escena completamente desquiciada.


Resumen:

Ichi the Killer es una película incómoda, extrema y nada apta para todos los públicos, pero también una de las obras más personales y fascinantes de Takashi Miike.

Violenta hasta lo absurdo, visualmente inolvidable y mucho más profunda de lo que aparenta.

Obra maestra.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊