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jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de Mortal Kombat (Estados Unidos, 2021) de Simon McQuoid, con Joe Taslim y Hiroyuki Sanada

Sinceramente, si hay dos cosas que realmente destacan en Mortal Kombat, son el gore y Joe Taslim, un rostro perfectamente conocido por cualquier seguidor del Raidverse.

La película intenta adaptar el universo del videojuego siguiendo las convenciones del blockbuster moderno de Hollywood, pero al menos tiene la valentía de abrazar uno de los elementos fundamentales de la saga: su violencia. Hay sangre, desmembramientos y fatalities bastante explícitos, algo que evita que termine convertida en otra adaptación completamente domesticada.

El problema es que, como película, funciona bastante peor.

Hay demasiados personajes y demasiado universo que presentar en un metraje insuficiente. Esto se nota especialmente en el tramo final, tremendamente acelerado, donde acontecimientos y enfrentamientos se suceden sin el desarrollo necesario. Parece que la prioridad es llegar rápidamente a las peleas y mantener una duración comercial antes que construir adecuadamente personajes y conflictos.

Y tampoco estamos, pese a lo que podría parecer, ante una gran película de artes marciales. Conforme aumenta el componente fantástico, también lo hacen el CGI y los poderes digitales, mientras disminuye aquello que más me interesa: el combate físico.


La mejor escena de lucha:

Precisamente por eso me quedo con los enfrentamientos iniciales protagonizados por Hiroyuki Sanada y Joe Taslim, antes de que Scorpion y Sub-Zero queden completamente enterrados bajo sus respectivos poderes.

Con sus rostros todavía al descubierto y el CGI mucho más contenido, ambos pueden demostrar sus auténticas capacidades físicas. Taslim está especialmente bien y vuelve a recordar por qué es uno de los nombres más reconocibles surgidos del Raidverse.

Es una pena que la película no siga más tiempo por ese camino. Cuando posteriormente llegan los poderes, criaturas y grandes efectos digitales, las peleas pierden buena parte de esa fisicidad inicial.



Resumen:

Mortal Kombat no es completamente execrable. Tiene gore abundante, algunas buenas ideas y un Joe Taslim que destaca claramente entre el reparto.

Pero su guion apresurado, el escaso desarrollo de personajes y el progresivo abuso del CGI impiden que llegue a ser una gran película de artes marciales... O simplemente una buena película a secas.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Project Wolf Hunting (Corea del Sur, 2022), de Kim Hong-sun

Project Wolf Hunting es una de las películas más salvajes, violentas y abiertamente gore que ha producido el cine surcoreano. Y eso, dependiendo de lo que busques, puede ser tanto su principal virtud como su mayor problema.

Kim Hong-sun reúne un reparto coral muy atractivo, encabezado por Seo In-guk y Jang Dong-yoon, y durante el arranque parece interesado en construir una historia de criminales, policías y personajes con diferentes motivaciones encerrados en un mismo barco. El planteamiento promete bastante.

Pero poco a poco todo eso pasa a un segundo plano. Los personajes dejan de ser personajes para convertirse, básicamente, en carnaza.

Y como aficionado al gore, es difícil no disfrutar de semejante barbaridad. Los efectos son magníficos, la sangre corre literalmente a litros y algunas muertes alcanzan unos niveles de brutalidad realmente sorprendentes. Probablemente estemos ante una de las producciones comerciales más gore que ha dado Corea del Sur.

El problema es que semejante apuesta termina devorando la propia película. Personajes inicialmente interesantes desaparecen sin haber desarrollado prácticamente nada y algunas líneas argumentales que parecían importantes terminan abruptamente.

La acción sigue esa misma filosofía. Aquí no encontramos grandes coreografías marciales ni la precisión de The Raid. Los combates buscan fundamentalmente el impacto, la violencia y las consecuencias del golpe. En ese sentido, me resulta inevitable pensar en Timo Tjahjanto y su gusto por llevar cada enfrentamiento hacia terrenos cada vez más brutales, aunque Kim Hong-sun utiliza una puesta en escena más austera y menos elaborada coreográficamente.

Y luego está ese final, claramente diseñado pensando en una continuación. La película deja demasiados frentes abiertos y, al no haberse materializado por ahora una secuela, la sensación de quedarse a medias resulta todavía mayor.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el momento en el que Alpha despierta de su letargo y comienza la masacre de los soldados japoneses.

Es larga, exagerada, tremendamente sangrienta y representa perfectamente lo que Project Wolf Hunting quiere ofrecer. Aquí la película deja definitivamente de contenerse y convierte la violencia en puro espectáculo.

Para los aficionados al gore, una auténtica fiesta.


Resumen:

Project Wolf Hunting tenía personajes, ambientación y premisa suficientes para haber sido mucho más que una carnicería. Decide conscientemente sacrificar buena parte de todo ello en favor del gore más desatado.

Como película, deja cierta sensación de oportunidad perdida. Como festival de sangre y violencia surcoreana, pocas han sido capaces de llegar tan lejos.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Fuera de las Sombras (Indonesia - EEUU, 2024) de Timo Tjahjanto

The Shadow Strays (Fuera de las Sombras)  forma parte de lo que podríamos llamar el Raidverse: esa corriente de cine de acción extremo, brutal y tremendamente físico nacida a raíz del impacto de The Raid y su secuela.

Dentro de esta escuela, Timo Tjahjanto es uno de los alumnos más aventajados de Gareth Evans. Ya lo demostró en Headshot y, sobre todo, en The Night Comes for Us, una de las pocas películas capaces de mirar de tú a tú, en fuerza y violencia, a las obras maestras de Evans.

Por desgracia, The Shadow Strays no llega a esas cotas.

Y no será por la acción, porque en ese apartado la película es una auténtica barbaridad: artes marciales pasadísimas de vueltas, tiroteos tremendamente explícitos, duelos con armas blancas y enfrentamientos encadenados contra enemigos que casi parecen jefes finales de un videojuego.

El problema está en todo lo demás. La historia resulta bastante pobre, el guion es demasiado trillado y los personajes intentan ser carismáticos sin conseguirlo del todo. Tjahjanto vuelve a demostrar que le sobra talento como artesano de la acción, pero que como narrador sigue siendo mucho más irregular.


La mejor escena de acción:

Para mí, el asalto inicial contra la guardia yakuza.

Es una auténtica declaración de intenciones: rápida, brutal, sangrienta y perfectamente diseñada para mostrar desde el principio el nivel de violencia y precisión técnica que va a manejar la película.

Probablemente sea el momento donde Tjahjanto consigue el mejor equilibrio entre coreografía, ritmo y contundencia antes de que el film empiece a caer en un exceso cada vez mayor.


Resumen:

The Shadow Strays es una película de acción espectacular, pero narrativamente bastante floja.

Tiene secuencias magníficas y una factura técnica de primer nivel, pero el guion impide que alcance el nivel de The Night Comes for Us o de las dos The Raid.

Aun así, para los aficionados a la acción ultraviolenta, física y pasada de vueltas, merece sobradamente la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

domingo, 23 de agosto de 2026

Crítica de Turno de Día (Estados Unidos, 2022) de J.J. Perry con Scott Adkins

J. J. Perry, veterano especialista y director de segunda unidad curtido durante décadas en el cine de acción, debutó como director con Turno de Día, una mezcla de vampiros, comedia y acción que, desgraciadamente, nunca termina de encontrar el tono adecuado. Perry venía de trabajar en títulos como John Wick, Blade, F9 o el remake de Oldboy, así que experiencia para montar espectáculo tenía de sobra.

El problema es que la película se empeña demasiado en ese humor banal y constante tan habitual en cierto blockbuster americano reciente, con un tono casi marvelita que choca bastante con la violencia, el gore y el potencial de su propuesta. Hay desmembramientos, vampiros retorciéndose de formas imposibles y bastante sangre, pero cada vez que la cinta parece querer ponerse seria aparece otro chiste que rompe el ambiente.

La acción, eso sí, es claramente lo mejor. Felix Betancourt participa como coordinador y coreógrafo de peleas, dentro de un equipo de especialistas muy potente. Betancourt posee una extensa carrera en acción y stunts, con trabajos posteriores o paralelos en producciones como The Gray Man, Black Adam, Guardians of the Galaxy Vol. 3, Road House o The Killer's Game.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el asalto de los hermanos Nazarian, interpretados por Steve Howey y un absolutamente espectacular Scott Adkins, al nido de vampiros.

Es el momento donde Turno de Día se convierte por unos minutos en la película que podría haber sido: ritmo salvaje, gore, artes marciales y una acción magníficamente coordinada. El propio Perry destacó esta secuencia y su larga relación profesional con Adkins, con quien ya había trabajado años atrás.

Y Scott Adkins está sencillamente brutal.


Resumen:

Lo mejor de Turno de Día: los hermanos Nazarian y, especialmente, Scott Adkins.

Lo peor: prácticamente todo lo demás.

Tiene gore, buenas ideas y un equipo de acción excelente, pero el guion, el humor constante y un tono demasiado ligero impiden que todos esos ingredientes terminen de funcionar.

Una oportunidad bastante desaprovechada.


Nivel de hostias: 🥊🥊

sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Tokyo Fist (Japón, 1995) de Shinya Tsukamoto

Impresionante.

No encuentro mejor califica
tivo para esta genial película de Shinya Tsukamoto, un cineasta con mayúsculas, poseedor de una personalidad aplastante y un estilo absolutamente único.

Tras las dos excelentes entregas de Tetsuo, Tsukamoto realizó con Tokyo Fist toda una declaración de principios. Lejos de abandonar el espíritu vanguardista y cyberpunk de sus obras anteriores, continúa buscando una nueva forma de expresión cinematográfica, sustituyendo parcialmente el metal y la transformación física de Tetsuo por la carne, los puños y el boxeo.

Volvemos a encontrarnos con una música industrial atronadora que acompaña magistralmente cada golpe, mientras la cámara, el montaje frenético y una fotografía oscura y agresiva convierten la propia película en una experiencia casi física.

Tsukamoto retrata nuevamente un Tokio solitario, brutal y deshumanizado, habitado por personajes alienados incapaces de comunicarse entre sí salvo mediante la violencia. Una relación sentimental en descomposición y la aparición de un elemento discordante empujan a sus protagonistas hacia un universo cada vez más sórdido y autodestructivo.

En cierto modo, es una variación de algunos de los temas de Tetsuo, pero desarrollados aquí con todavía mayor coherencia y profundidad.


La mejor escena de lucha:

Más que una pelea concreta, destacaría los brutales enfrentamientos de boxeo del tramo final. Tsukamoto no pretende mostrar un combate limpio ni deportivo: los golpes, la sangre, el montaje y la música convierten la violencia en una explosión física y emocional.


Resumen:

Tokyo Fist es tan brillante en su concepto como en su forma.

Violenta, experimental, enfermiza y visualmente arrolladora, es una de las películas japonesas más apasionantes de los noventa y una evolución fascinante de las obsesiones que Tsukamoto había iniciado con Tetsuo.

Imprescindible para quienes busquen un cine diferente, agresivo y sin concesiones.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de Azumi 2: La última guerrera (Japón, 2005) de Shusuke Kaneko

Aceptable continuación de la estupenda Azumi de Ryuhei Kitamura, aunque en ningún momento consigue alcanzar los niveles de calidad de la primera entrega.

El principal problema está en su cambio de tono. Esta segunda parte intenta profundizar más en los sentimientos de los personajes, pero con ello pierde buena parte de la brutalidad, el ritmo y el frenesí visual que hicieron tan especial a su predecesora. La historia se vuelve más convencional, previsible y algo repetitiva.

El arranque funciona razonablemente bien, continuando directamente los acontecimientos de la primera película y recuperando acertadamente actores y personajes. Sin embargo, hacia la mitad del metraje el argumento empieza a desinflarse y a caer en situaciones demasiado tópicas.

Especialmente desaprovechado resulta Kinkaku, posiblemente el personaje con más posibilidades de toda la cinta y al que se le podría haber sacado muchísimo más partido.

También se echa muchísimo de menos la imaginación visual de Kitamura. Shusuke Kaneko cumple detrás de las cámaras, pero las escenas de acción tienen mucha menos personalidad.


La mejor escena de lucha:

Algunos combates del tramo final funcionan bastante bien gracias a un aumento considerable del gore y la violencia, aunque ninguno alcanza el nivel de espectacularidad
del monumental clímax de la primera Azumi.

Taketo Nakamura hace un buen trabajo como coordinador de acción, pero no se puede comparar con los grandes especialistas japoneses como Yuji Shimomura.


Resumen:

Azumi 2 es una secuela correcta pero claramente inferior.

Tiene buenas peleas, más sangre y algunos momentos disfrutables, pero pierde la personalidad, la velocidad y la inventiva que Kitamura había imprimido a la original. Además, su desenlace resulta bastante decepcionante y ambiguo, salvándose prácticamente sólo el último plano.

Entretenida, pero muy lejos de su predecesora.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Gothic & Lolito Psycho (Japón, 2010) de Gô Ohara

Gothic & Lolita Psycho tiene casi más de videojuego que de película.

Su estructura narrativa es puramente consolera: la estrafalaria protagonista va dando caza a una serie de enemigos, cada uno más pintoresco que el anterior, como si fueran niveles sucesivos hasta llegar al inevitable malo final.

Precisamente por eso recuerda bastante a las primeras películas de Ryuhei Kitamura, muy influenciadas también por la cultura del videojuego y por una concepción de la acción basada más en el impacto visual que en la lógica narrativa. Gô Ohara no alcanza el virtuosismo de Kitamura, pero detrás de las cámaras demuestra bastante talento, especialmente cuando se trata de rodar combates físicos y exagerados.

Sólo hace falta ver el brutal prólogo para darse cuenta de que hay mucho trabajo detrás de las escenas de lucha.

El problema está en todo lo demás. La película tiene gore con aspersores, humor absurdo, frikismo, acción y una estética muy marcada, pero le falta una historia realmente interesante y personajes con algo más de profundidad. Al final, la mayoría quedan reducidos a simples obstáculos que la protagonista debe superar.

Tampoco funciona demasiado bien el tramo final, especialmente ese intento de giro argumental que llega tarde y aporta poco.


La mejor escena de lucha:

El prólogo es probablemente el momento más potente de la cinta, por su energía, su violencia y la forma en la que Ohara presenta desde el principio el tono desquiciado de la propuesta.


Resumen:

Gothic & Lolita Psycho es una película divertida, sangrienta y visualmente estimulante, pero también bastante desaprovechada.

Tenía todos los ingredientes para convertirse en un pequeño clásico del gore japonés moderno, pero una historia floja y unos personajes demasiado planos impiden que llegue tan lejos.

Merece la pena, sí, aunque podría haber sido muchísimo mejor.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Samurai Zombie (Japón, 2008) de Tak Sakaguchi

Sin duda, en la carrera de Tak Sakaguchi hubo un antes y un después, y ese punto de inflexión fue protagonizar la recomendadísima Versus, de Ryuhei Kitamura. A partir de entonces comenzó a aparecer con cierta regularidad en distintos papeles y cameos, casi siempre aprovechando su poderosa presencia física y esa forma de actuar tan carismática y peculiar.

En 2008 dio además el salto a la dirección con Be a Man! Samurai School y esta Samurai Zombie, una película que mantiene una evidente conexión con Versus. Y no sólo por su ambientación boscosa, su mezcla de gánsteres, acción, gore y humor absurdo, o ciertos paralelismos argumentales, sino también porque el propio Ryuhei Kitamura firma el guion.

La influencia, por tanto, resulta todavía más evidente.

El problema es que Sakaguchi no posee el mismo talento de Kitamura para convertir cada enfrentamiento en puro espectáculo. Las escenas de acción funcionan, pero rara vez alcanzan la energía y creatividad de Versus, y el tramo final se vuelve demasiado confuso y lento.

Aun así, la película está razonablemente bien realizada y demuestra que Sakaguchi había aprendido bastante sobre cine durante los años transcurridos desde su debut como actor. Hay sangre, situaciones absurdas y suficientes momentos psicotrónicos como para mantener entretenido al aficionado al gore japonés.


La mejor escena de acción:

Los enfrentamientos con los samuráis zombis ofrecen los mejores momentos, especialmente cuando la película abandona cualquier pretensión narrativa y se entrega directamente a la sangre, las espadas y el disparate.


Resumen:

Samurai Zombie está lejos de alcanzar el nivel de Versus, pese a que el guion de Kitamura hace inevitable la comparación.

La historia pierde fuerza hacia el final y la acción podría haber sido mucho más brillante, pero sigue siendo una propuesta gore divertida y bastante simpática.

Además, confirma que Tak Sakaguchi tenía cierto talento detrás de las cámaras, aparte de ser uno de los actores de culto más carismáticos del cine de acción japonés.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Azumi (Japón, 2003) de Ryuhei Kitamura

Espectacular cinta japonesa de lucha con katanas, visualmente preciosista, magníficamente realizada y técnicamente impecable.

Ryuhei Kitamura, director del película de culto Versus, demuestra una vez más su enorme talento para la acción, dotando a los combates de un estilo frenético y casi videojueguil, con un sentido del espectáculo tremendo. Movimientos de cámara imposibles, enemigos que aparecen por todas partes, espadazos y litros de sangre convierten las mejores secuencias en un auténtico festival para los amantes del chambara.

Aya Ueto funciona además estupendamente como Azumi, una joven asesina entrenada desde niña que debe enfrentarse constantemente al conflicto entre aquello para lo que ha sido educada y sus propios sentimientos.

El problema está en que Kitamura intenta ocasionalmente aportar una profundidad dramática que la película realmente no necesita. Algunas conversaciones se prolongan demasiado y ralentizan considerablemente un desarrollo cuyo principal atractivo está precisamente en la acción. El argumento es sencillo y perfectamente funcional, por lo que habría agradecido una narración algo más directa.


La mejor escena de lucha:

El monumental enfrentamiento del tramo final es sencillamente impresionante. Azumi se abre paso entre una auténtica multitud de enemigos en una larguísima secuencia repleta de espadazos, sangre y movimientos de cámara espectaculares.

El coordinador de acción Hirofumi Itagaki lo dio todo en este sprint final y Kitamura convierte el combate en puro espectáculo visual y demuestra por qué es (o fue...) uno de los directores japoneses más interesantes a la hora de rodar acción, pasando en este caso a un presupuesto mucho más elevado que en sus películas anteriores sin perder ni un ápice de su intensidad. 


Resumen:

Azumi tiene algunos problemas de ritmo y ciertos diálogos innecesariamente largos, pero cuando empieza la acción resulta difícil ponerle demasiadas pegas.

Visualmente magnífica, sangrienta, frenética y con un tramo final memorable.

Imprescindible para aficionados al cine japonés y, especialmente, para quienes disfruten del chambara.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Historia de Ricky (Hong Kong, 1991) con Louis Fan

Una de las mejores películas gore de los noventa, en mi opinión, y probablemente también una de las más desquiciadas que jamás haya salido de Hong Kong.

Riki-Oh: The Story of Ricky abraza sin ningún tipo de complejo su origen de cómic y nos ofrece una auténtica ensalada de artes marciales, personajes imposibles, violencia hiperbólica y cantidades industriales de sangre y vísceras.

La historia transcurre principalmente dentro de una prisión convertida prácticamente en un universo fantástico, poblado por guardianes sádicos, luchadores grotescos y villanos que parecen haber escapado directamente de las páginas de un manga.

El presupuesto resulta evidentemente limitado, pero curiosamente termina jugando a favor de la película. Los efectos artesanales, las mutilaciones exageradas y ese aspecto de serie B absoluta le proporcionan un encanto que probablemente se habría perdido con una producción mucho más pulida.

Y cuando empiezan las hostias, la película alcanza otra dimensión. Las artes marciales se mezclan con un gore completamente demencial: cabezas aplastadas, cuerpos destrozados y litros de sangre acompañan unas peleas planteadas siempre buscando el momento más épico y exagerado posible.


La mejor escena de lucha:

Resulta difícil quedarse con una sola, pero el enfrentamiento de Ricky contra los responsables de la prisión resume perfectamente el espíritu de la película.

Más que buscar realismo, las peleas funcionan como auténticas viñetas de cómic en movimiento, con golpes imposibles y destrucción corporal llevada hasta extremos delirantes.


Resumen:

Riki-Oh es una barbaridad maravillosa.

Violenta, divertida, absurda y orgullosamente cutre, consigue convertir sus limitaciones presupuestarias en parte de su personalidad y ofrece una mezcla prácticamente irrepetible de kung-fu y gore extremo.

Un clásico absoluto del cine de culto y una película imprescindible para cualquier amante de la casquería cinematográfica.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Ichi the Killer (Japón, 2001) de Takashi Miike

Una de las películas que más me sorprendió en su época.

Ichi the Killer es espectacular, violenta, divertida, enfermiza, hipersangrienta y sorprendentemente profunda. Se le pueden aplicar mil adjetivos porque estamos ante una película extraordinariamente rica en matices, cine en estado puro y con una personalidad que muy pocos directores aparte de Takashi Miike serían capaces de imprimir.

La cinta está llena de aciertos. Para empezar, una banda sonora magnífica, fundamental para construir ese ambiente perturbador y casi hipnótico. También destacan unos personajes absolutamente carismáticos, a cuál más excéntrico, bizarro y trastornado, dentro de un universo donde la violencia parece formar parte natural de la personalidad de todos ellos.

Visualmente, Miike está desatado. Su inventiva es constante, pero nunca gratuita: encuadres, colores, movimientos de cámara y explosiones de violencia convierten muchas escenas en imágenes imposibles de olvidar.

Y todo esto no tendría demasiado valor sin un guion mucho más interesante de lo que puede parecer a simple vista. Bajo toda su exageración hay una reflexión enfermiza sobre el dolor, el deseo, el sadismo, la identidad y la necesidad de violencia, rematada además por un final abierto a múltiples interpretaciones.


La mejor escena de acción:

Resulta difícil elegir una sola, porque toda la película está construida alrededor de estallidos de violencia absolutamente demenciales. Pero el enfrentamiento final resume perfectamente el espíritu de la cinta: brutalidad, humor negro, sadismo y una puesta en escena completamente desquiciada.


Resumen:

Ichi the Killer es una película incómoda, extrema y nada apta para todos los públicos, pero también una de las obras más personales y fascinantes de Takashi Miike.

Violenta hasta lo absurdo, visualmente inolvidable y mucho más profunda de lo que aparenta.

Obra maestra.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de Versus (Japón, 2000) de Ryuhei Kitamura, con Tak Sakaguchi

Alucinante y divertidísima. Así definiría Versus, una de esas películas que parecen hechas sin frenos (y sin presupuesto) y con la única intención de desatar toda la energía posible en pantalla.

Ryuhei Kitamura mezcla gore a raudales, zombis, yakuzas, artes marciales, tiroteos y una estupenda ambientación boscosa que termina convirtiéndose casi en un personaje más. La historia es sencilla, pero funciona perfectamente como motor para mantener la intriga y empujar al espectador hacia un desenlace absolutamente desatado.

Gran parte de la fuerza de la película está en Tak Sakaguchi, que todavía estaba lejos de convertirse en el actor de culto que sería después, pero que aquí ya demuestra un carisma físico enorme y una presencia muy particular. No siempre es el intérprete más sutil, pero encaja perfectamente en el tono exagerado de la cinta.

También es fundamental el trabajo de Yuji Shimomura, responsable de unas coreografías que aportan velocidad, claridad y personalidad a los combates. Sus peleas están rodadas con un ritmo tremendo y tienen ya ese gusto por la acción física directa que más tarde perfeccionaría en muchos otros trabajos.

Lo único que juega algo en contra son ciertos personajes secundarios prescindibles y algunos momentos que alargan innecesariamente el metraje. Pero son defectos menores dentro de una propuesta tan excesiva y única.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es sencillamente apoteósico. Espadas, golpes, saltos, sangre y una energía absolutamente desatada convierten el clímax en el resumen perfecto de todo lo que propone la película.


Resumen:

Versus es una obra de culto imprescindible para aficionados al gore, al cine de acción y a las artes marciales.

Descarada, violenta, creativa y tremendamente divertida, supuso además una carta de presentación espectacular para Tak Sakaguchi, Yuji Shimomura y Ryuhei Kitamura.

Una auténtica locura.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de The Night Comes for Us (Indonesia - Estados Unidos, 2018) de Timo Tjahjanto, con Joe Taslim e Iko Uwais

The Night Comes for Us es, sin duda, una de las mejores películas de acción del nuevo cine de acción indonesio. Quizá no esté rodada con la precisión casi enfermiza de The Raid y The Raid 2, pero se acerca bastante a su nivel... y desde luego es muchísimo más brutal.

El argumento resulta algo confuso en determinados momentos y no siempre tiene demasiado sentido, pero consigue mantener el interés gracias a su ritmo, sus personajes y una atmósfera cada vez más salvaje. Y cuando aparece la acción, la película directamente se desata.

Las coreografías son magníficas, la música acompaña perfectamente y el nivel de violencia alcanza cotas absolutamente demenciales. Timo Tjahjanto convierte cada enfrentamiento en una carnicería, pero sin olvidar nunca la espectacularidad de las artes marciales.

Joe Taslim funciona perfectamente como protagonista, mientras que Iko Uwais ofrece aquí una presencia mucho más oscura de lo habitual.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final entre Joe Taslim e Iko Uwais es una auténtica barbaridad. Largo, agotador, técnico y extremadamente violento, con ambos actores llevando su capacidad física al límite. Una de las mejores peleas del cine de acción moderno.


Resumen:

Si te gusta la vertiente más intensa, sangrienta y desatada del cine de acción, The Night Comes for Us es absolutamente imprescindible.

Está claramente por encima de Headshot y, aunque no alcanza del todo la perfección de las dos películas de The Raid, se queda muy cerca gracias a unas coreografías soberbias y una brutalidad difícil de igualar.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊