El argumento apenas es una excusa para encadenar una set piece tras otra, pero la película tiene muy claro lo que hemos venido a ver: artes marciales espectaculares ejecutadas al máximo nivel.
Uwais está pletórico. Su velocidad, precisión, carisma físico y presencia en pantalla siguen siendo extraordinarios, recordándonos constantemente por qué se convirtió en una estrella internacional con The Raid. A ello ayuda el trabajo de Rama Ramadhan junto al equipo chino de acción, responsable de unas coreografías brutales, imaginativas y perfectamente adaptadas a las limitaciones del escenario.
Y precisamente ahí aparece una de las grandes virtudes del director Qin Pengfei: su increíble capacidad para rodar acción en espacios reducidos. Pasillos estrechos, asientos, compartimentos de carga o un diminuto baño se convierten en auténticos campos de batalla, aprovechando cada pared, asiento y objeto disponible sin que las peleas pierdan claridad. Es un terreno en el que Pengfei se mueve especialmente bien y aquí vuelve a demostrarlo.
Ashton Chen tampoco está aquí únicamente para acompañar a Uwais. Su nivel marcial sigue siendo extraordinario y sus enfrentamientos permiten disfrutar de un kung-fu mucho más tradicional frente al silat explosivo del indonesio. Su duelo en la bodega del avión es especialmente vistoso y aprovecha incluso las turbulencias para añadir dificultad al combate.
Eso sí, los momentos más cómicos pueden atribuirse en buena medida a la participación de Ashton Chen en la dirección. Funcionan de manera irregular y en ocasiones rompen un poco el tono de una película que, cuando se pone seria, resulta bastante más efectiva.
Tampoco ayuda demasiado una historia bastante pobre ni un patriotismo chino tan exagerado que en determinados momentos llega a distraer.
La mejor escena de lucha:
La espectacular pelea dentro del diminuto baño del avión entre Qu Jingjing, protagonista de The Bodyguard, y Hong Shuang.
Dos luchadoras metidas literalmente en un espacio donde apenas cabe una persona, utilizando paredes, techo y cada centímetro disponible para construir una coreografía feroz y tremendamente imaginativa. Es posiblemente el mejor ejemplo de la habilidad de Qin Pengfei para convertir los espacios cerrados en una ventaja en lugar de una limitación.
Muy cerca quedan los enfrentamientos entre Ashton Chen e Iko Uwais.
Resumen:
Wings of Dread tiene un argumento endeble, algunos momentos cómicos discutibles y ciertos excesos patrióticos, pero cuando empieza la acción todo eso pasa rápidamente a segundo plano.
Iko Uwais continúa siendo extraordinario, Ashton Chen demuestra que sigue poseyendo unas capacidades marciales impresionantes y Qin Pengfei vuelve a confirmar que pocos directores actuales saben sacar tanto partido a una pelea rodada en espacios mínimos.
Para los aficionados a la acción física, clara y contundente, una cita prácticamente obligatoria.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

