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jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de Re:Born (Japón, 2016) de Yuji Shimomura, con Tak Sakaguchi

Re:Born supuso el regreso de Tak Sakaguchi al cine después de varios años alejado de las pantallas, y difícilmente podría haber elegido una película más apropiada para hacerlo. Porque esto no es solamente una película de acción: es prácticamente una oda a Sakaguchi, a sus extraordinarias capacidades físicas y a una manera muy particular de entender el combate cuerpo a cuerpo.

Durante su retiro, Sakaguchi profundizó en el denominado Zero Range Combat, un sistema desarrollado junto a Yoshitaka Inagawa basado en movimientos extremadamente cortos, rápidos y explosivos. Y Re:Born parece construida precisamente para mostrarlo.

El resultado es una acción bastante diferente a la que estamos acostumbrados. Movimientos mínimos, ataques fulminantes, manipulación de extremidades y una velocidad extraordinaria sustituyen a las grandes patadas y acrobacias habituales del cine marcial.

Y Sakaguchi está espectacular.

Tiene potencia, velocidad, presencia física y un magnetismo enorme delante de la cámara. Pero tampoco hay que olvidar que es un intérprete con personalidad. Siempre he pensado que podría considerarse una especie de Scott Adkins japonés: un artista marcial extraordinario que, de haber nacido en otra época o dentro de una industria con mayor proyección internacional para este tipo de cine, posiblemente sería una gran estrella y no únicamente una figura de culto.

Detrás de la cámara tenemos además a Yuji Shimomura, uno de los grandes nombres de la acción japonesa y precisamente el hombre que había coreografiado Versus. Por ello resulta imposible no considerar Re:Born una especie de heredera espiritual de aquella película. Argumentalmente son diferentes (aunque no tanto conceptualmente) y aquí tenemos mucho gore, pero Sakaguchi, Shimomura, la energía de la acción y, curiosamente, otra vez el bosque establecen una conexión inevitable.

El problema está en el guion. Las motivaciones y relaciones entre personajes permanecen demasiado difusas y la película obliga al espectador a rellenar numerosos huecos. Eso no tendría por qué ser negativo, pero termina provocando que la impresionante explosión de acción de sus últimos 45 minutos resulte algo vacía emocionalmente.


La mejor escena de acción:

Para mí no es una pelea concreta, sino todo el larguísimo bloque que transcurre en el bosque antes del enfrentamiento final.

Ahí está el alma de Re:Born.

Sakaguchi atraviesa el bosque enfrentándose a enemigos prácticamente sin descanso mientras Shimomura puede desarrollar todas las posibilidades del Zero Range Combat. La velocidad, utilización del entorno, desplazamientos y sucesión constante de adversarios convierten la secuencia en una auténtica exhibición.

Y resulta inevitable volver a pensar en Versus: otra vez Tak Sakaguchi, otra vez Yuji Shimomura y otra vez un bosque convertido en gigantesco escenario para repartir hostias.


Resumen:

Re:Born es original, diferente y contiene momentos de acción absolutamente extraordinarios. Yuji Shimomura realiza un trabajo formidable y Tak Sakaguchi demuestra por qué sigue siendo una de las figuras de culto más fascinantes del cine de acción japonés.

Con una historia más sólida y personajes mejor desarrollados podría haber sido mucho más.

Aun así, para los aficionados al cine de acción japonés, Yuji Shimomura o Tak Sakaguchi, es de visionado obligatorio.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hold Up Down (Japón, 2005) de SABU, con Kensuke Sonomura en el diseño de acción

SABU sabe perfectamente cómo inyectar energía a una película, y Hold Up Down es una demostración magnífica de su capacidad para convertir el caos absoluto en puro entretenimiento.

Los miembros de V6 están realmente divertidos y se lanzan de cabeza a una sucesión de situaciones cada vez más absurdas, con una energía contagiosa que hace prácticamente imposible anticipar hacia dónde va a dirigirse la historia.

Y precisamente ahí está gran parte de su encanto.

Hold Up Down mezcla géneros y tonos de una forma casi imposible. Por momentos tiene la irreverencia de Sion Sono, la energía desquiciada de Takashi Miike y ese espíritu capaz de saltar entre comedia, crimen, acción y locura absoluta que recuerda a películas como Versus.

Intentar predecir lo que va a ocurrir cinco minutos después es prácticamente inútil.

Pero la gran sorpresa llega en el tramo final, cuando la película cambia de tono de forma repentina y se entrega a una larguísima secuencia de acción, peleas y auténticas artes marciales protagonizada por los propios miembros de V6.

Ahí entra en juego Kensuke Sonomura, contratado precisamente para diseñar y rodar esta secuencia, y su mano se nota muchísimo. La acción gana de repente en precisión, ritmo y fisicidad, ofreciendo un contraste refrescante con todo lo visto anteriormente.


La mejor escena de acción:

Sin duda, esa larga pelea que enfrenta a los miembros de V6 entre sí.

Es una secuencia sorprendente, muy dinámica y bastante más marcial de lo que uno esperaría en una película de estas características. Sonomura introduce coreografías limpias, cambios constantes de ritmo y una puesta en escena física que transforma por completo el tono durante varios minutos.

Precisamente porque llega después de tanta comedia absurda y caos narrativo, el cambio resulta todavía más divertido e inesperado.


Resumen:

Hold Up Down es salvaje, hilarante y completamente imprevisible.

No todas las ideas funcionan igual de bien, pero SABU lanza tantas sobre la pantalla y acierta con tantas que sus defectos terminan importando bastante poco.

Y ese tramo final, con Kensuke Sonomura tomando el control de la acción, es la guinda perfecta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de Baby Assassins: Nice Days (Japón, 2024) de Yugo Sakamoto

A la tercera va la vencida. Baby Assassins: Nice Days es, para mí, la película que por fin consigue encontrar el equilibrio que buscaba la saga desde su primera entrega.

Yugo Sakamoto mantiene intacta la peculiar personalidad de la serie, pero esta vez saca a Chisato y Mahiro de su zona de confort mediante un cambio de ambientación que le sienta estupendamente. Sigue habiendo humor absurdo, conversaciones cotidianas y situaciones extravagantes, pero el ritmo narrativo funciona mucho mejor y, sobre todo, tenemos una cantidad de acción considerablemente mayor.

Y cuando detrás de las peleas está Kensuke Sonomura, eso son palabras mayores.

En las dos películas anteriores ya habíamos podido apreciar su particular manera de entender la acción: coreografías extremadamente complejas que, paradójicamente, intenta que nunca parezcan coreografiadas. Pero en Nice Days encontramos a un Sonomura mucho más maduro. Los movimientos son rápidos, espontáneos y tremendamente físicos; los personajes fallan golpes, reaccionan, improvisan y utilizan constantemente el espacio que los rodea.

La planificación está ahí, y es extraordinaria, pero permanece escondida detrás de una sensación de violencia auténtica.

También ayuda muchísimo tener por fin un antagonista verdaderamente memorable. Kaede Fuyumura, interpretado por Sosuke Ikematsu, es posiblemente el mejor villano de las tres películas: extraño, imprevisible y suficientemente peligroso como para convertirse en un auténtico desafío para nuestras protagonistas.

Y quizá sea simplemente porque ya llevamos tres películas acompañándolas, pero también es aquí donde finalmente he terminado cogiendo verdadero cariño a Chisato y Mahiro. Sus excentricidades ya no parecen simplemente una sucesión de chistes, sino parte inseparable de la personalidad de estas dos asesinas japonesas tan particulares.


La mejor escena de lucha:

El brutal enfrentamiento final entre Akari Takaishi y Sosuke Ikematsu, es decir, Chisato contra Fuyumura.

Aquí la tensión acumulada alcanza finalmente su punto álgido y Sonomura puede dar rienda suelta a todo lo que caracteriza su estilo. Velocidad, contacto físico, utilización del escenario, cambios constantes de distancia y una coreografía extraordinariamente compleja que continúa transmitiendo la sensación de que los personajes realmente están intentando sobrevivir.

Es posiblemente uno de los mejores combates de toda la trilogía.


Resumen:

Baby Assassins: Nice Days es la entreg
a más completa de las tres.

Mejor ritmo, cambio de ambientación, el antagonista más memorable de la saga y, fundamentalmente, más minutos de acción y las mejores peleas hasta el momento.

Y por encima de todo está Kensuke Sonomura, alcanzando una madurez extraordinaria como director de acción y perfeccionando esa peculiar capacidad para hacer que una coreografía tremendamente elaborada parezca simplemente una pelea que ha estallado delante de la cámara.

Por primera vez, la peculiar vida cotidiana de Chisato y Mahiro y las hostias funcionan realmente bien dentro de la misma película.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins 2: 2 Babies (Japón, 2023) de Yugo Sakamoto

Resulta curioso que Baby Assassins 2 consiga ser incluso más floja que su primera entrega, porque detrás de sus escenas de acción vuelve a existir una cantidad enorme de talento, con nombres como Kensuke Sonomura y Naohiro Kawamoto. El problema es que Yugo Sakamoto vuelve a empeñarse en que las hostias sean casi lo de menos.

La película avanza demasiado poco respecto a la primera. Se repiten situaciones, dinámicas entre Chisato y Mahiro y, sobre todo, ese humor cotidiano y absurdo que ya era uno de los elementos más discutibles de su predecesora. Hay interminables conversaciones intrascendentes, chistes que no terminan de funcionar y un ritmo demasiado pausado para una historia que tampoco tiene demasiado que contar.

Y es una pena, porque cuando llega la acción vuelve a quedar claro que aquí había material para mucho más.

El trabajo de Kensuke Sonomura resulta nuevamente extraordinario. Una de sus mayores virtudes consiste precisamente en conseguir que la coreografía no parezca una coreografía. Detrás existe una planificación milimétrica, pero delante de la cámara vemos caos, improvisación, cuerpos chocando y personajes reaccionando a lo que sucede a su alrededor. Las peleas se sienten físicas y espontáneas en lugar de parecer una exhibición de movimientos memorizados.


La mejor escena de lucha:

Curiosamente, me quedo con la primera gran pelea de la película, en la que ni siquiera participan Chisato ni Mahiro.

Es un auténtico maremágnum de cuerpos, golpes, caos y desenfreno. Sonomura organiza una secuencia aparentemente descontrolada en la que, sin embargo, todo está cuidadosamente planificado: posiciones, movimientos de cámara, entradas y salidas de personajes y utilización del espacio.

Precisamente ahí está su genialidad. No vemos la coreografía, pero está absolutamente presente.

Hay otra excelente pelea cerca del desenlace, pero nuevamente resulta frustrante que una película con semejante talento detrás de la acción ofrezca tan poca cantidad de ella.


Resumen:

Baby Assassins 2 tenía la oportunidad perfecta para
corregir los defectos de la primera entrega, pero prácticamente los repite.

Historia previsible, ritmo deficiente, conversaciones interminables y demasiado poco aprovechamiento de Chisato y Mahiro como pareja de asesinas.

Cuando Sonomura y compañía toman las riendas, la película vuelve a demostrar un nivel extraordinario. El problema es todo el tiempo que tenemos que esperar entre una pelea y otra.

Una secuela decepcionante y, para mí, incluso inferior a la primera.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Baby Assassins (Japón, 2021) de Yugo Sakamoto

Baby Assassins parece una de esas películas nacidas al calor del éxito de John Wick, aunque no tanto por el estilo de sus peleas como por su peculiar universo de asesinos profesionales, organizaciones secretas, encargos y criminales que afrontan el asesinato casi como cualquier otro trabajo cotidiano. Aunque, si seguimos tirando del hilo, parte de estas ideas ya estaban presentes en la magnífica El Hombre sin Pasado, de Corea del Sur.

La premisa es bastante divertida: dos chicas prácticamente adolescentes intentan compatibilizar una absurda vida cotidiana con su trabajo como asesinas a sueldo. Y precisamente ahí está también mi principal problema con la película.

Yugo Sakamoto apuesta por una mezcla de comedia costumbrista, humor absurdo y cierto nihilismo juvenil que no siempre funciona. Hay demasiadas chorraditas argumentales, algunos personajes resultan poco convincentes —especialmente los antagonistas— y la acción ocupa bastante menos metraje de lo que uno podría esperar.

Pero cuando llegan las hostias, la película cambia por completo.

Aquí encontramos el enorme talento de Kensuke Sonomura, uno de los nombres fundamentales de la moderna acción japonesa, realizando un trabajo memorable. Sus peleas son rápidas y viscerales, pero sobre todo parecen auténticas. Sonomura tiene una extraordinaria capacidad para esconder la coreografía: los movimientos no parecen una sucesión de técnicas previamente ensayadas, sino reacciones espontáneas de personajes que realmente están intentando golpearse, esquivar o sobrevivir.

Y en Baby Assassins ese estilo funciona a las mil maravillas.

La mejor escena de lucha:

Para mí, el enfrentamiento inicial en el supermercado.

Caótico, creativo y tremendamente divertido, sirve además como perfecta presentación de Chisato y Mahiro, esa peculiar pareja de asesinas que terminaría protagonizando dos películas más y una serie de televisión.

Desde los primeros minutos Sonomura deja claro lo que puede hacer: movimientos rapidísimos, utilización constante del escenario y una coreografía que parece surgir naturalmente del caos.

Es una pena que el resto de la película no mantenga ese nivel.


Resumen:

Baby Assassins tiene personalidad y unas escenas de acción extraordinarias, pero como película me resulta demasiado irregular.

El peculiar humor de Yugo Sakamoto no siempre funciona, sobra bastante relleno y la cantidad de acción es escasa. Sin embargo, el trabajo de Kensuke Sonomura es excepcional y anticipa muchas de las virtudes que seguiríamos viendo en la nueva ola del cine de acción japonés.

Cuando se habla, bromea y divaga, Baby Assassins puede resultar desesperante si ese tono no va contigo. Cuando Sonomura toma el control y empiezan las hostias, es otra película.


Nivel de hostias: 🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Yakuza: Like a Dragon (Japón, 2007) de Takashi Miike

Como adaptación del argumento del videojuego, Yakuza: Like a Dragon es bastante desastrosa. Como película de Takashi Miike, en cambio, resulta mucho más interesante.

Miike no parece demasiado preocupado por trasladar con fidelidad toda la complejidad narrativa del juego. Prefiere quedarse con sus personajes, su universo criminal y algunas situaciones concretas para pasarlas por su propio filtro de humor absurdo, violencia súbita y personajes excéntricos.

Y su estilo se nota muchísimo. Hay momentos que recuerdan incluso al Miike más desquiciado de Dead or Alive, especialmente cuando la película abandona cualquier pretensión de normalidad y se entrega a la exageración.

Kazuki Kitamura está estupendo como Kazuma Kiryu. Ya lo habíamos visto en producciones tan interesantes como Killers, y aquí demuestra una presencia física y un carisma perfectos para el personaje. Su interpretación es seca, contenida y bastante convincente.

Los efectos digitales son baratos y muy evidentes, pero curiosamente no terminan de desentonar del todo con el tono casi de cómic y videojuego que maneja Miike.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento entre Kazuma Kiryu y Goro Majima.

Es el momento en el que mejor confluyen el universo del videojuego y la particular visión de Takashi Miike. Una pelea enérgica, exagerada y con ese punto de locura tan característico del director, además de enfrentar a los dos personajes con mayor presencia física de la película.

El combate final también resulta bastante disfrutable, pero Kiryu contra Majima es para mí la mejor escena de acción de toda la cinta.


Resumen:

Yakuza: Like a Dragon es una mala adaptación si lo que buscas es fidelidad al videojuego, pero una película bastante disfrutable si entras en el juego de Takashi Miike.

Tiene CGI barato, una narración caótica y bastantes excentricidades, pero también carisma, violencia, humor absurdo y el sello inconfundible de su director.

Tómala o déjala.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Battlefield Baseball (Japón, 2003) con Tak Sakaguchi

Tras convertirse en una auténtica estrella de culto gracias a Versus y a sus colaboraciones con Ryuhei Kitamura, Tak Sakaguchi protagonizó esta absoluta locura titulada Battlefield Baseball.

Realizada con un presupuesto paupérrimo, la película compensa sus enormes limitaciones económicas con imaginación, desvergüenza y unas ganas tremendas de hacer el cafre. Aquí cabe absolutamente de todo: cine deportivo, artes marciales, gore, comedia absurda e incluso musical, en una mezcla imposible que sólo podía surgir del Japón de principios de los 2000.

Tak Sakaguchi vuelve a ser el principal atractivo. Quizá nunca haya sido un actor especialmente sutil, pero su enorme presencia física, su peculiar carisma y sus auténticas capacidades marciales hacen que resulte imposible apartar los ojos de él cuando entra en acción. Es exactamente esa personalidad que ya había explotado Kitamura en Versus, llevada aquí hacia terrenos todavía más delirantes.

La película es tremendamente irregular y algunos gags funcionan bastante mejor que otros, pero nunca deja de sorprender. El gore es barato, los efectos descaradamente cutres y todo desprende un aroma de serie B absoluta que, lejos de perjudicarla, forma parte esencial de su encanto.

Y cuando parece que ya no puede volverse más absurda, llega un tramo final completamente demencial.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento de Sakaguchi contra la madre de Cuatro Ojos dentro de la casa.

Es probablemente el momento donde mejor se aprovechan sus capacidades marciales, con un espacio reducido que permite construir una pelea mucho más física y elaborada que el resto de la acción.


Resumen:

Battlefield Baseball es una auténtica frikada japonesa de principios de los 2000: barata, irregular, sangrienta y completamente desquiciada.

Pero también tiene ideas brillantes, Tak Sakaguchi está pletórico y consigue divertir hasta su delirante desenlace.

Sólo para espectadores dispuestos a aceptar la locura. Para ellos, muy recomendable.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Tokyo Fist (Japón, 1995) de Shinya Tsukamoto

Impresionante.

No encuentro mejor califica
tivo para esta genial película de Shinya Tsukamoto, un cineasta con mayúsculas, poseedor de una personalidad aplastante y un estilo absolutamente único.

Tras las dos excelentes entregas de Tetsuo, Tsukamoto realizó con Tokyo Fist toda una declaración de principios. Lejos de abandonar el espíritu vanguardista y cyberpunk de sus obras anteriores, continúa buscando una nueva forma de expresión cinematográfica, sustituyendo parcialmente el metal y la transformación física de Tetsuo por la carne, los puños y el boxeo.

Volvemos a encontrarnos con una música industrial atronadora que acompaña magistralmente cada golpe, mientras la cámara, el montaje frenético y una fotografía oscura y agresiva convierten la propia película en una experiencia casi física.

Tsukamoto retrata nuevamente un Tokio solitario, brutal y deshumanizado, habitado por personajes alienados incapaces de comunicarse entre sí salvo mediante la violencia. Una relación sentimental en descomposición y la aparición de un elemento discordante empujan a sus protagonistas hacia un universo cada vez más sórdido y autodestructivo.

En cierto modo, es una variación de algunos de los temas de Tetsuo, pero desarrollados aquí con todavía mayor coherencia y profundidad.


La mejor escena de lucha:

Más que una pelea concreta, destacaría los brutales enfrentamientos de boxeo del tramo final. Tsukamoto no pretende mostrar un combate limpio ni deportivo: los golpes, la sangre, el montaje y la música convierten la violencia en una explosión física y emocional.


Resumen:

Tokyo Fist es tan brillante en su concepto como en su forma.

Violenta, experimental, enfermiza y visualmente arrolladora, es una de las películas japonesas más apasionantes de los noventa y una evolución fascinante de las obsesiones que Tsukamoto había iniciado con Tetsuo.

Imprescindible para quienes busquen un cine diferente, agresivo y sin concesiones.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de Azumi 2: La última guerrera (Japón, 2005) de Shusuke Kaneko

Aceptable continuación de la estupenda Azumi de Ryuhei Kitamura, aunque en ningún momento consigue alcanzar los niveles de calidad de la primera entrega.

El principal problema está en su cambio de tono. Esta segunda parte intenta profundizar más en los sentimientos de los personajes, pero con ello pierde buena parte de la brutalidad, el ritmo y el frenesí visual que hicieron tan especial a su predecesora. La historia se vuelve más convencional, previsible y algo repetitiva.

El arranque funciona razonablemente bien, continuando directamente los acontecimientos de la primera película y recuperando acertadamente actores y personajes. Sin embargo, hacia la mitad del metraje el argumento empieza a desinflarse y a caer en situaciones demasiado tópicas.

Especialmente desaprovechado resulta Kinkaku, posiblemente el personaje con más posibilidades de toda la cinta y al que se le podría haber sacado muchísimo más partido.

También se echa muchísimo de menos la imaginación visual de Kitamura. Shusuke Kaneko cumple detrás de las cámaras, pero las escenas de acción tienen mucha menos personalidad.


La mejor escena de lucha:

Algunos combates del tramo final funcionan bastante bien gracias a un aumento considerable del gore y la violencia, aunque ninguno alcanza el nivel de espectacularidad
del monumental clímax de la primera Azumi.

Taketo Nakamura hace un buen trabajo como coordinador de acción, pero no se puede comparar con los grandes especialistas japoneses como Yuji Shimomura.


Resumen:

Azumi 2 es una secuela correcta pero claramente inferior.

Tiene buenas peleas, más sangre y algunos momentos disfrutables, pero pierde la personalidad, la velocidad y la inventiva que Kitamura había imprimido a la original. Además, su desenlace resulta bastante decepcionante y ambiguo, salvándose prácticamente sólo el último plano.

Entretenida, pero muy lejos de su predecesora.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Gothic & Lolito Psycho (Japón, 2010) de Gô Ohara

Gothic & Lolita Psycho tiene casi más de videojuego que de película.

Su estructura narrativa es puramente consolera: la estrafalaria protagonista va dando caza a una serie de enemigos, cada uno más pintoresco que el anterior, como si fueran niveles sucesivos hasta llegar al inevitable malo final.

Precisamente por eso recuerda bastante a las primeras películas de Ryuhei Kitamura, muy influenciadas también por la cultura del videojuego y por una concepción de la acción basada más en el impacto visual que en la lógica narrativa. Gô Ohara no alcanza el virtuosismo de Kitamura, pero detrás de las cámaras demuestra bastante talento, especialmente cuando se trata de rodar combates físicos y exagerados.

Sólo hace falta ver el brutal prólogo para darse cuenta de que hay mucho trabajo detrás de las escenas de lucha.

El problema está en todo lo demás. La película tiene gore con aspersores, humor absurdo, frikismo, acción y una estética muy marcada, pero le falta una historia realmente interesante y personajes con algo más de profundidad. Al final, la mayoría quedan reducidos a simples obstáculos que la protagonista debe superar.

Tampoco funciona demasiado bien el tramo final, especialmente ese intento de giro argumental que llega tarde y aporta poco.


La mejor escena de lucha:

El prólogo es probablemente el momento más potente de la cinta, por su energía, su violencia y la forma en la que Ohara presenta desde el principio el tono desquiciado de la propuesta.


Resumen:

Gothic & Lolita Psycho es una película divertida, sangrienta y visualmente estimulante, pero también bastante desaprovechada.

Tenía todos los ingredientes para convertirse en un pequeño clásico del gore japonés moderno, pero una historia floja y unos personajes demasiado planos impiden que llegue tan lejos.

Merece la pena, sí, aunque podría haber sido muchísimo mejor.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Sukiyaki Western Django (Japón, 2007) de Takashi Miike, con Quentin Tarantino

Auténtica gamberrada de la mano de uno de los directores más libres, atrevidos, adictivos y talentosos de las últimas décadas: Takashi Miike.

En esta ocasión nos presenta una especie de western a la japonesa donde las espadas samurái se cruzan con los revólveres, la contemplación
con la locura y la genialidad con la vulgaridad. Es decir, puro Takashi Miike. Y a mí, personalmente, me encanta.

La película destaca por una realización técnica magnífica, con planos muy cuidados y varias escenas de acción realmente brillantes. También funciona estupendamente la música de Kôji Endô, que homenajea claramente a Ennio Morricone sin abandonar completamente su propia personalidad.

El reparto está muy bien elegido, especialmente Masanobu Andô y Yûsuke Iseya, magníficos y tremendamente carismáticos en sus respectivos papeles. Hideaki Itô resulta algo menos memorable como protagonista, aunque tampoco supone ningún lastre.

Especialmente interesante resulta la aparición de Quentin Tarantino en un pequeño papel. Sukiyaki Western Django forma parte de la misma tradición cinematográfica que años después Tarantino volvería a reinterpretar en Django Unchained. Ambas miran directamente al mítico Django de Sergio Corbucci de 1966, pero resulta fascinante contemplar cómo Tarantino participó primero en esta delirante reinvención japonesa de Miike antes de realizar su propia revisión del spaghetti western. 

Más que considerar la película de Miike el origen directo de Django Unchained, podríamos verla como un curioso eslabón intermedio dentro de esa continua conversación cinematográfica entre Japón, Italia y Estados Unidos.


La mejor escena de acción:

La espectacular batalla final es, sin duda, el gran momento de la película. Espadas, disparos, sangre y caos se mezclan en un clímax absolutamente desatado que anticipa, en cierto modo, la gigantesca batalla que Miike llevaría todavía más lejos en 13 asesinos.


Resumen:

Sukiyaki Western Django es una locura divertida, original y visualmente potentísima.

No está entre las mejores películas de Takashi Miike, pero tiene suficientes imágenes memorables, personalidad y secuencias de acción como para resultar muy recomendable. Además, su conexión con Tarantino y con el legado del Django de Corbucci la convierte en una pieza especialmente curiosa dentro de la historia moderna del western.

Para los seguidores de Miike (y Quentin Tarantino), prácticamente obligatoria.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Aragami (Japón, 2003) de Ryuhei Kitamura

Ryuhei Kitamura firmó con Aragami una de sus mejores películas junto con Azumi y Versus, de la cual esta película podría ser considerada un especie de secuela encubierta. Los que hayáis visto las dos cintas seguro que estáis de acuerdo. 

Pero Aragami es mucho menos punk que aquélla y se apoya ante todo en cuestiones filosóficas, referencias a Miyamoto Musashi y elementos de la mitología y las leyendas rurales japonesas, todo ello acompañado por una pausada banda sonora de trip-hop que contribuye a crear una atmósfera muy particular.

El ritmo es deliberadamente lento y buena parte del metraje se desarrolla a través de conversaciones, pero cuando la acción hace acto de presencia vuelve a aparecer el Kitamura más inspirado.

Muy pocos directores saben filmar una lucha con espadas con tanta energía y sentido del espectáculo. Las coreografías son precisas, elegantes y tremendamente vistosas, aprovechando muy bien el espacio y la fuerza visual de cada movimiento.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es sencillamente magnífico. Kitamura convierte el duelo en una exhibición de estilo, ritmo y puesta en escena, con momentos capaces de poner los pelos de punta a cualquier aficionado al chambara.

Es uno de esos combates donde la forma de rodar resulta tan importante como la propia coreografía, que vuelve a estar a cargo del gran Yuji Shimomura, que también participó en Versus y que hoy en día es uno de los coreógrafos japoneses más respetados, maestro de figuras actuales tan importantes como Kensuke Sonomura, que recientemente ha diseñado las peleas de la magistral The Furious.


Resumen:

Aragami no es probablemente la película más accesible de Kitamura debido a su ritmo pausado y su abundancia de diálogo, pero recompensa de sobra a quien entre en su propuesta. Fantástica, filosófica, atmosférica y con unas peleas de katana extraordinarias.

Si te gusta el cine fantástico japonés y el chambara, es una película que no deberías dejar pasar.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Azumi (Japón, 2003) de Ryuhei Kitamura

Espectacular cinta japonesa de lucha con katanas, visualmente preciosista, magníficamente realizada y técnicamente impecable.

Ryuhei Kitamura, director del película de culto Versus, demuestra una vez más su enorme talento para la acción, dotando a los combates de un estilo frenético y casi videojueguil, con un sentido del espectáculo tremendo. Movimientos de cámara imposibles, enemigos que aparecen por todas partes, espadazos y litros de sangre convierten las mejores secuencias en un auténtico festival para los amantes del chambara.

Aya Ueto funciona además estupendamente como Azumi, una joven asesina entrenada desde niña que debe enfrentarse constantemente al conflicto entre aquello para lo que ha sido educada y sus propios sentimientos.

El problema está en que Kitamura intenta ocasionalmente aportar una profundidad dramática que la película realmente no necesita. Algunas conversaciones se prolongan demasiado y ralentizan considerablemente un desarrollo cuyo principal atractivo está precisamente en la acción. El argumento es sencillo y perfectamente funcional, por lo que habría agradecido una narración algo más directa.


La mejor escena de lucha:

El monumental enfrentamiento del tramo final es sencillamente impresionante. Azumi se abre paso entre una auténtica multitud de enemigos en una larguísima secuencia repleta de espadazos, sangre y movimientos de cámara espectaculares.

El coordinador de acción Hirofumi Itagaki lo dio todo en este sprint final y Kitamura convierte el combate en puro espectáculo visual y demuestra por qué es (o fue...) uno de los directores japoneses más interesantes a la hora de rodar acción, pasando en este caso a un presupuesto mucho más elevado que en sus películas anteriores sin perder ni un ápice de su intensidad. 


Resumen:

Azumi tiene algunos problemas de ritmo y ciertos diálogos innecesariamente largos, pero cuando empieza la acción resulta difícil ponerle demasiadas pegas.

Visualmente magnífica, sangrienta, frenética y con un tramo final memorable.

Imprescindible para aficionados al cine japonés y, especialmente, para quienes disfruten del chambara.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Ichi the Killer (Japón, 2001) de Takashi Miike

Una de las películas que más me sorprendió en su época.

Ichi the Killer es espectacular, violenta, divertida, enfermiza, hipersangrienta y sorprendentemente profunda. Se le pueden aplicar mil adjetivos porque estamos ante una película extraordinariamente rica en matices, cine en estado puro y con una personalidad que muy pocos directores aparte de Takashi Miike serían capaces de imprimir.

La cinta está llena de aciertos. Para empezar, una banda sonora magnífica, fundamental para construir ese ambiente perturbador y casi hipnótico. También destacan unos personajes absolutamente carismáticos, a cuál más excéntrico, bizarro y trastornado, dentro de un universo donde la violencia parece formar parte natural de la personalidad de todos ellos.

Visualmente, Miike está desatado. Su inventiva es constante, pero nunca gratuita: encuadres, colores, movimientos de cámara y explosiones de violencia convierten muchas escenas en imágenes imposibles de olvidar.

Y todo esto no tendría demasiado valor sin un guion mucho más interesante de lo que puede parecer a simple vista. Bajo toda su exageración hay una reflexión enfermiza sobre el dolor, el deseo, el sadismo, la identidad y la necesidad de violencia, rematada además por un final abierto a múltiples interpretaciones.


La mejor escena de acción:

Resulta difícil elegir una sola, porque toda la película está construida alrededor de estallidos de violencia absolutamente demenciales. Pero el enfrentamiento final resume perfectamente el espíritu de la cinta: brutalidad, humor negro, sadismo y una puesta en escena completamente desquiciada.


Resumen:

Ichi the Killer es una película incómoda, extrema y nada apta para todos los públicos, pero también una de las obras más personales y fascinantes de Takashi Miike.

Violenta hasta lo absurdo, visualmente inolvidable y mucho más profunda de lo que aparenta.

Obra maestra.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de Versus (Japón, 2000) de Ryuhei Kitamura, con Tak Sakaguchi

Alucinante y divertidísima. Así definiría Versus, una de esas películas que parecen hechas sin frenos (y sin presupuesto) y con la única intención de desatar toda la energía posible en pantalla.

Ryuhei Kitamura mezcla gore a raudales, zombis, yakuzas, artes marciales, tiroteos y una estupenda ambientación boscosa que termina convirtiéndose casi en un personaje más. La historia es sencilla, pero funciona perfectamente como motor para mantener la intriga y empujar al espectador hacia un desenlace absolutamente desatado.

Gran parte de la fuerza de la película está en Tak Sakaguchi, que todavía estaba lejos de convertirse en el actor de culto que sería después, pero que aquí ya demuestra un carisma físico enorme y una presencia muy particular. No siempre es el intérprete más sutil, pero encaja perfectamente en el tono exagerado de la cinta.

También es fundamental el trabajo de Yuji Shimomura, responsable de unas coreografías que aportan velocidad, claridad y personalidad a los combates. Sus peleas están rodadas con un ritmo tremendo y tienen ya ese gusto por la acción física directa que más tarde perfeccionaría en muchos otros trabajos.

Lo único que juega algo en contra son ciertos personajes secundarios prescindibles y algunos momentos que alargan innecesariamente el metraje. Pero son defectos menores dentro de una propuesta tan excesiva y única.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es sencillamente apoteósico. Espadas, golpes, saltos, sangre y una energía absolutamente desatada convierten el clímax en el resumen perfecto de todo lo que propone la película.


Resumen:

Versus es una obra de culto imprescindible para aficionados al gore, al cine de acción y a las artes marciales.

Descarada, violenta, creativa y tremendamente divertida, supuso además una carta de presentación espectacular para Tak Sakaguchi, Yuji Shimomura y Ryuhei Kitamura.

Una auténtica locura.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de City Hunter (Hong Kong - Japón, 1993) con Jackie Chan

City Hunter no es una de las películas más recordadas de Jackie Chan... Y con razón, porque desde luego no se encuentra entre sus mejores trabajos.

Lo que sí es esta adaptación del famoso manga japonés es probablemente una de las cintas más alocadas y surrealistas protagonizadas por la estrella de las artes marciales. Wong Jing traslada a imagen real buena parte del humor absurdo del material original, construyendo una sucesión de gags, parodias y situaciones completamente disparatadas.

Eso nos deja momentos inolvidables, como la célebre parodia de Street Fighter II —ver a Jackie Chan convertido en Chun-Li no tiene precio—, la pelea en el cine con Bruce Lee ejerciendo de improvisado mentor desde la pantalla o el delirante baile a lo Michael Jackson durante el tramo final.

Las acrobacias y peleas marca de la casa también están presentes, aunque en menor cantidad y con menos brillantez de lo habitual, ya que aquí la comedia domina claramente sobre las artes marciales.

El reparto también resulta curioso, con Richard Norton, Gary Daniels, Michael Wong y varias caras conocidas del cine de Hong Kong.


La mejor escena de lucha:

Probablemente el enfrentamiento final contra Richard Norton, especialmente por su mezcla de acción, humor y referencias pop (como la parodia antes mencionada). No es una de las grandes peleas de Jackie Chan, pero encaja perfectamente con el tono completamente desquiciado de la película.


Resumen:

City Hunter está lejos del mejor Jackie Chan, pero resulta tremendamente entretenida si se acepta su humor absurdo y su tono de parodia constante.

Irregular, ridícula y excesiva, sí... pero también muy divertida y con varias escenas absolutamente inolvidables.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de El Despiadado (Taiwán - Hong Kong - Japón, 1976) con Jackie Chan

Esta temprana película de Jackie Chan como protagonista, conocida en España como El Despiadado y también como La Cámara de los 36 Hombres de Madera, es una de las propuestas más interesantes de sus primeros años antes de convertirse definitivamente en una estrella internacional de las artes marciales.

Chen Chi-Hwa demuestra aquí bastante oficio detrás de las cámaras, algo que también dejaría patente en otra de las mejores películas de esta primera etapa de Jackie Chan, El estilo de la serpiente y la grulla de Shaolin.

La historia sigue a un joven que intenta completar su formación en el templo Shaolin mientras busca respuestas sobre su pasado. No estamos todavía ante el Jackie Chan plenamente reconocible de sus obras posteriores, pero ya pueden apreciarse algunos elementos que acabarían definiendo su estilo, especialmente cierto sentido del humor y una enorme capacidad física.

El gran atractivo está, por supuesto, en las artes marciales. La película ofrece varias buenas secuencias de entrenamiento y combate, con una puesta en escena clásica y un Jackie todavía muy joven demostrando unas cualidades extraordinarias.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, la célebre secuencia de entrenamiento contra los hombres de madera de Shaolin. Es el momento más recordado de la película y uno de los mejores ejemplos del cine de entrenamiento marcial de aquella época.


Resumen:

Shaolin Wooden Men es una película muy recomendable para quienes quieran descubrir al Jackie Chan anterior a La serpiente a la sombra del águila y El mono borracho en el ojo del tigre.

No está entre sus grandes obras maestras, pero sí entre las mejores películas de esa etapa temprana y conserva suficiente encanto, buenas peleas y curiosidad histórica como para merecer la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

viernes, 5 de enero de 2018

Crítica de La Leyenda del Gran Judo (Japón, 1943) de Akira Kurosawa

Precisamente uno de los mejores directores de la historia del cine nos presentó una película absolutamente fundamental a la hora de entender el cine de artes marciales, centrada en el nacimiento del Judo como disciplina.

Kurosawa no puede evitar añadir una buena cantidad de misticismo e incluso cierto toque onírico para retratar la historia de el fundador del Judo y uno de sus alumnos más legendarios, el poderoso Sanshiro Sugata.

La cinta no se puede comparar en cuanto a escenas de acción al cine de artes marciales de décadas posteriores, pero sí en cuanto a guion y la excelente forma que presenta Kurosawa de otorgar el toque épico que cualquier cinta de artes marciales que se precie necesita.
 

La mejor escena de lucha:

Sin duda la escena de lucha final es lo mejor de todo el film. Épica, tremendamente estética y maravillosamente filmada. Toda una maravilla digna del mejor cine de artes marciales.


Resumen:

Si a todo lo nombrado antes le añades un buen reparto y un maravillosa fotografía obtenemos una película muy notable, que desgraciadamente se ve lastrada por la mutilación a la que fue sometida por el gobierno japonés antes del estreno, que hace que la historia termine resultando un tanto confusa y de la sensación de estar inacabada.

Sin embargo, si te gusta el cine de artes marciales ni lo dudes... Dale a esta buena película una oportunidad.
 
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Crows 2 (Kurôzu zero II) (Japón, 2009) de Takashi Miike

Fuente de póster: IMDB
¨Crows Zero 2¨ sigue a pies juntillas la fórmula expuesta por el gran Takashi Miike en la primera entrega, así como también continúa la historia más o menos en el mismo punto donde aquélla nos dejó.

Así que los que disfrutaron con la primera parte, lo pasarán pipa con esta estupenda secuela, quizá algo más centrada en los combates que en la presentación de personajes (esto ya se hizo en la primera parte...), con un tono un poco más serio y dramático, y con mucha, mucha mala leche y acción salvaje.

Estoy seguro de que Takashi Miike disfrutó con la decadente y sucia representación del instituto Suzuran, quizá un reflejo de su propio instituto Kawachi de su ciudad natal Osaka, que según sus propias palabras era un sitio considerablemente duro, donde tuvo que aprender a desenvolverse por su cuenta... Algo que sin duda influyó más tarde en su cine y en su forma de representar la violencia. Y las dos entregas de ¨Crows Zero¨, son un vivo reflejo de ello.

Por lo demás, la cinta nos vuelve a ofrecer una adecuada banda sonora (con muchos temas rescatados de la primera película), el mismo reparto (algo muy de agradecer) y una realización ágil y virtuosa por parte de Miike, destacando el hábil manejo de la cámara tanto en las secuencias dramáticas, donde se mueve constantemente de forma concéntrica recalcando la suciedad de los entornos, como sobre todo en las impresionantes escenas de combate, donde no podemos sino mirar absortos y boquiabiertos el espectáculo ofrecido.


La mejor escena de lucha:

El combate final quizá no es tan rompedor y atractivo como el de ¨Crows Zero¨, pero su magnitud y su ¨ascendente¨ brutalidad son dignas de aplauso. Ver para creer, vaya.

Aquí volvemos a asistir a hostias de todos los colores, calibres y formas imaginables. Algo menos espectacular que la lluvia de la primera cinta, como ya he dicho, pero igual de violenta y salvaje sin duda.


Resumen:

Como únicos puntos negativos, quizá decir que no sorprende tanto como la primera parte, y que en ocasiones resulta algo reiterativa por la repetición de esquemas, lo cual la hacen bajar un poco la nota... Pero son fallos menores que no impiden que ¨Crows Zero 2¨, al igual que su precuela, sea una película absolutamente recomendable para cualquier aficionado al cine de acción y peleas en general.

Brutal, adictiva y espectacular a partes iguales. Y encima, con mensaje... ¿Qué más se puede pedir?


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

martes, 26 de julio de 2016

Crítica de Crows Zero (Kurôzu zero) (Japón, 2007) de Takashi Miike

Fuente del póster: Asiabeam.
Brutal cinta de peleas callejeras de Takashi Miike, adaptación del manga ¨Crows¨ y que nos sumerge de lleno en un mundo adolescente alternativo, deformado y violento. Pura alegoría, vaya.

En este sentido, la cinta de Miike podría interpretarse como otra vuelta de tuerca al concepto expuesto en ¨Battle Royale¨ de Kinji Fukasaku. Pero en lugar de ofrecer castigo a los violentos e indómitos adolescentes, los profesores de ¨Crows Zero¨ asisten impotentes a la furia de los alumnos del instituto Suzuran. Son ellos, los alumnos, los que imponen las reglas. Y entre ellos luchan para instalarse en la cumbre.

Con este punto de partida, asistimos a una cinta que nos ofrece una historia bien hilvanada y emocionante, más humor de lo que suele ser habitual en el cine de Miike (aunque justo los momentos humorísticos son los más flojos del film...) y unas escenas de combates sencillamente espectaculares.


La mejor escena de lucha:
Por supuesto, la palma en cuanto a dichos combates se la lleva la excelsa batalla final. Una violenta y sucia delicia que hizo las delicias en su día en el festival de Sitges.

Aquí asistimos de nuevo al enorme talento de Takashi Miike a la hora de rodar escenas de acción, que habitualmente tienen un carácter más explosivo y sintético en su cine. En "Crows Zero" nos ofrece todo lo que contrario, sin embargo, ya que asistimos a un auténtico tour de force de mamporros y hostias de todos los colores que en esta trepidante recta final te dejarán completamente exhausto. ¡Ver para creer!


Resumen:

Sólo me resta destacar la excelente banda sonora, el reparto repleto de rostros jóvenes muy bien elegidos, y el mensaje aleccionador y antiviolento que destila la historia... ¡Es que Miike en el fondo es un pacifista!

Así que en mi opinión, ¨Crows Zero¨ es una más que recomendable película de acción, que gustará a los que busquen cine de acción diferente, atrevido y realizado con auténtica maestría.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊