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sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Aragami (Japón, 2003) de Ryuhei Kitamura

Ryuhei Kitamura firmó con Aragami una de sus mejores películas junto con Azumi y Versus, de la cual esta película podría ser considerada un especie de secuela encubierta. Los que hayáis visto las dos cintas seguro que estáis de acuerdo. 

Pero Aragami es mucho menos punk que aquélla y se apoya ante todo en cuestiones filosóficas, referencias a Miyamoto Musashi y elementos de la mitología y las leyendas rurales japonesas, todo ello acompañado por una pausada banda sonora de trip-hop que contribuye a crear una atmósfera muy particular.

El ritmo es deliberadamente lento y buena parte del metraje se desarrolla a través de conversaciones, pero cuando la acción hace acto de presencia vuelve a aparecer el Kitamura más inspirado.

Muy pocos directores saben filmar una lucha con espadas con tanta energía y sentido del espectáculo. Las coreografías son precisas, elegantes y tremendamente vistosas, aprovechando muy bien el espacio y la fuerza visual de cada movimiento.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es sencillamente magnífico. Kitamura convierte el duelo en una exhibición de estilo, ritmo y puesta en escena, con momentos capaces de poner los pelos de punta a cualquier aficionado al chambara.

Es uno de esos combates donde la forma de rodar resulta tan importante como la propia coreografía, que vuelve a estar a cargo del gran Yuji Shimomura, que también participó en Versus y que hoy en día es uno de los coreógrafos japoneses más respetados, maestro de figuras actuales tan importantes como Kensuke Sonomura, que recientemente ha diseñado las peleas de la magistral The Furious.


Resumen:

Aragami no es probablemente la película más accesible de Kitamura debido a su ritmo pausado y su abundancia de diálogo, pero recompensa de sobra a quien entre en su propuesta. Fantástica, filosófica, atmosférica y con unas peleas de katana extraordinarias.

Si te gusta el cine fantástico japonés y el chambara, es una película que no deberías dejar pasar.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Azumi (Japón, 2003) de Ryuhei Kitamura

Espectacular cinta japonesa de lucha con katanas, visualmente preciosista, magníficamente realizada y técnicamente impecable.

Ryuhei Kitamura, director del película de culto Versus, demuestra una vez más su enorme talento para la acción, dotando a los combates de un estilo frenético y casi videojueguil, con un sentido del espectáculo tremendo. Movimientos de cámara imposibles, enemigos que aparecen por todas partes, espadazos y litros de sangre convierten las mejores secuencias en un auténtico festival para los amantes del chambara.

Aya Ueto funciona además estupendamente como Azumi, una joven asesina entrenada desde niña que debe enfrentarse constantemente al conflicto entre aquello para lo que ha sido educada y sus propios sentimientos.

El problema está en que Kitamura intenta ocasionalmente aportar una profundidad dramática que la película realmente no necesita. Algunas conversaciones se prolongan demasiado y ralentizan considerablemente un desarrollo cuyo principal atractivo está precisamente en la acción. El argumento es sencillo y perfectamente funcional, por lo que habría agradecido una narración algo más directa.


La mejor escena de lucha:

El monumental enfrentamiento del tramo final es sencillamente impresionante. Azumi se abre paso entre una auténtica multitud de enemigos en una larguísima secuencia repleta de espadazos, sangre y movimientos de cámara espectaculares.

El coordinador de acción Hirofumi Itagaki lo dio todo en este sprint final y Kitamura convierte el combate en puro espectáculo visual y demuestra por qué es (o fue...) uno de los directores japoneses más interesantes a la hora de rodar acción, pasando en este caso a un presupuesto mucho más elevado que en sus películas anteriores sin perder ni un ápice de su intensidad. 


Resumen:

Azumi tiene algunos problemas de ritmo y ciertos diálogos innecesariamente largos, pero cuando empieza la acción resulta difícil ponerle demasiadas pegas.

Visualmente magnífica, sangrienta, frenética y con un tramo final memorable.

Imprescindible para aficionados al cine japonés y, especialmente, para quienes disfruten del chambara.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊