Ryuhei Kitamura firmó con Aragami una de sus mejores películas junto con Azumi y Versus, de la cual esta película podría ser considerada un especie de secuela encubierta. Los que hayáis visto las dos cintas seguro que estáis de acuerdo.
Pero Aragami es mucho menos punk que aquélla y se apoya ante todo en cuestiones filosóficas, referencias a Miyamoto Musashi y elementos de la mitología y las leyendas rurales japonesas, todo ello acompañado por una pausada banda sonora de trip-hop que contribuye a crear una atmósfera muy particular.
El ritmo es deliberadamente lento y buena parte del metraje se desarrolla a través de conversaciones, pero cuando la acción hace acto de presencia vuelve a aparecer el Kitamura más inspirado.
Muy pocos directores saben filmar una lucha con espadas con tanta energía y sentido del espectáculo. Las coreografías son precisas, elegantes y tremendamente vistosas, aprovechando muy bien el espacio y la fuerza visual de cada movimiento.
La mejor escena de lucha:
El enfrentamiento final es sencillamente magnífico. Kitamura convierte el duelo en una exhibición de estilo, ritmo y puesta en escena, con momentos capaces de poner los pelos de punta a cualquier aficionado al chambara.
Es uno de esos combates donde la forma de rodar resulta tan importante como la propia coreografía, que vuelve a estar a cargo del gran Yuji Shimomura, que también participó en Versus y que hoy en día es uno de los coreógrafos japoneses más respetados, maestro de figuras actuales tan importantes como Kensuke Sonomura, que recientemente ha diseñado las peleas de la magistral The Furious.
Resumen:
Aragami no es probablemente la película más accesible de Kitamura debido a su ritmo pausado y su abundancia de diálogo, pero recompensa de sobra a quien entre en su propuesta. Fantástica, filosófica, atmosférica y con unas peleas de katana extraordinarias.
Si te gusta el cine fantástico japonés y el chambara, es una película que no deberías dejar pasar.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊