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viernes, 28 de agosto de 2026

Crítica de El juego del Asesino (Estados Unidos, 2024) de J.J. Perry, con Scott Adkins, Marko Zaror y Daniel Bernhardt

Resulta difícil entender cómo una película capaz de reunir a Scott Adkins, Marko Zaror y Daniel Bernhardt pueda acabar siendo una propuesta de acción tan vulgar como El juego del asesino.

J.J. Perry vuelve a la dirección después de la también bastante ramplona Day Shift: Turno de día, y por ahora su carrera como realizador me está convenciendo mucho menos que su enorme trayectoria como especialista y coordinador de acción.

El principal problema es que El juego del asesino no ofrece prácticamente nada nuevo. Tenemos asesinos extravagantes, violencia, humor, romance y una sucesión de enfrentamientos que parecen diseñados para explotar el extraordinario reparto marcial. Pero que desgraciadamente, casi nunca lo hacen.

Dave Bautista es además una elección discutible para una película semejante. Tiene presencia física y ha demostrado ser un actor bastante mejor de lo que inicialmente parecía, pero aquí sus limitaciones resultan evidentes. Es muy rígido, sus movimientos son poco fluidos y carece de la formación marcial de buena parte de sus adversarios. Resulta difícil aceptar que alguien con semejantes limitaciones físicas pueda despachar alegremente a algunos de los mejores artistas marciales del cine de acción actual.

Y esto sería menos grave si Perry concediera verdadero protagonismo a sus secundarios... Pero tampoco.

Daniel Bernhardt está prácticamente de adorno y apenas puede demostrar nada de lo que sabe hacer. Marko Zaror dispone de algo más de espacio y vuelve a mostrar su extraordinaria habilidad física. Y Scott Adkins, aunque aparece muy poco, aprovecha cada segundo. Verlo acercándose a los 50 años ejecutando nuevamente su espectacular Guyver Kick con semejante velocidad y limpieza continúa siendo una maravilla.

¡Y al menos también tenemos gore! El juego del asesino es generosa en sangre y algunas muertes resultan bastante divertidas. Por lo demás la realización es correcta, la banda sonora acompaña bien, y poco más.


La mejor escena de lucha:

Me quedo precisamente con todo el bloque en el que entran en acción Scott Adkins y Marko Zaror.

Son apenas unos minutos, pero inmediatamente cambia el nivel físico de la película. Adkins y Zaror poseen una velocidad, coordinación y capacidad marcial que dejan claro el enorme potencial que tenía semejante reparto.

Y también lo desaprovechado que está.


Resumen:

El juego del asesino tenía todos los ingredientes para convertirse en un pequeño festival para aficionados al cine marcial y termina siendo otra película de asesinos bastante convencional.

Algo de gore, un par de peleas aprovechables y unos minutos de Adkins y Zaror salvan parcialmente el conjunto.

Pero con la promesa de semejante reparto, esperaba muchísimo más.


Nivel de hostias: 🥊🥊

jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de La Odisea (Reino Unido - Estados Unidos, 2026) de Christopher Nolan, con Matt Damon

Adaptar La Odisea de Homero al cine era una empresa gigantesca, y Christopher Nolan dispone de todos los medios imaginables para conseguirlo. El resultado contiene momentos realmente espectaculares, pero también confirma algunas de las limitaciones que siempre he encontrado en su cine, especialmente cuando tiene que rodar acción física.

Porque La Odisea es épica, aventura y fantasía, pero también es violencia. El Odiseo de Homero es un personaje mucho más brutal, guerrero y salvaje de lo que encontramos aquí. Nolan suaviza considerablemente esas características y reinterpreta además la historia desde una perspectiva más melancólica y antibelicista, recurriendo constantemente a Troya para proporcionar peso emocional al viaje. Es una lectura legítima, pero también bastante alejada del espíritu de determinados pasajes del poema.

La película es además excesivamente larga. Hay set pieces magníficas y momentos donde la escala de la producción resulta apabullante, pero la parte central pierde muchísimo ritmo. Algunos episodios de Homero están magníficamente trasladados mientras otros parecen sorprendentemente desprovistos de fuerza.

También encontramos decisiones de casting deliberadamente inclusivas, con intérpretes de diferentes orígenes étnicos encarnando a personajes de la Grecia homérica. Es una convención habitual del Hollywood contemporáneo, aunque dentro de una recreación histórica puede producir cierto choque visual para algunos espectadores. En cualquier caso, me parece una cuestión bastante secundaria frente a los verdaderos problemas de la película.

Y para El Arte de Hostiar, el mayor está clarísimo.


La mejor escena de acción:

Aquí tengo un problema: no hay ningún combate cuerpo a cuerpo que considere realmente bueno.

La acción física vuelve a poner de manifiesto una de las grandes debilidades de Christopher Nolan como director. Cámara nerviosa, movimientos constantes, montaje que fragmenta los enfrentamientos y una dependencia excesiva del sonido para transmitir una contundencia que las imágenes no consiguen proporcionar.

Esto resulta especialmente grave en el tramo final. Era precisamente ahí donde la película necesitaba claridad espacial, coreografía, fisicidad y una sensación auténticamente salvaje de violencia. En cambio, tenemos ruido, golpes, escudos chocando y una cámara traqueteante que demasiadas veces impide apreciar qué está ocurriendo.

A mí, que suenen los altavoces como si el cine fuera a derrumbarse mientras apenas puedo apreciar la acción no me transmite épica.

Me transmite tedio.


Resumen:

La Odisea no es ningún desastre. Tiene una producción monumental, imágenes magníficas y algunos pasajes realmente inspirados.

Pero tampoco encuentro esa obra maestra que otros han visto en ella.

Es demasiado larga, irregular y sorprendentemente mediocre cuando necesita convertirse en auténtico cine de acción. Y quienes conozcan bien a Homero probablemente echarán de menos algo fundamental: aquella personalidad aplastante, astuta, brutal, guerrera y salvaje del Odiseo original.

Nolan ha construido su propia Odisea. Si te gusta más o menos que la de Homero, eso ya depende de ti.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Amanecer Rojo (Estados Unidos, 1984) de John Milius, con Patrick Swayze

Hoy hacemos una pequeña excursión fuera de las artes marciales y los mamporros en El Arte de Hostiar. Amanecer rojo es fundamentalmente cine bélico y de guerrilla, pero contiene suficientes disparos, explosiones y violencia como para justificar su presencia en el blog.

Desgraciadamente, la excursión no ha merecido demasiado la pena.

Quizá Amanecer rojo haya envejecido fatal. O quizá simplemente siempre haya sido casi dos horas de tiroteos, emboscadas y explosiones bastante ramplonas alrededor de una premisa tan absurda como poco convincente: un grupo de adolescentes norteamericanos convertido en guerrilla contra una invasión soviético-cubana.

Lo sorprendente es que detrás de la historia original y del guion está Kevin Reynolds, junto al propio Milius. Reynolds demostraría posteriormente bastante más talento como director en películas como Robin Hood: príncipe de los ladrones o El conde de Montecristo. Aquí, sin embargo, los personajes apenas tienen desarrollo suficiente para que nos importe demasiado lo que les ocurra.

El reparto resulta hoy casi más interesante que la película. Tenemos ya juntos a Patrick Swayze y Jennifer Grey, tres años antes de convertirse en una de las parejas cinematográficas más famosas de los 80 con Dirty Dancing. Y también aparece un jovencísimo Charlie Sheen, antes de que Oliver Stone le proporcionara un personaje infinitamente más interesante en la extraordinaria Platoon.


La mejor escena de acción:

Es difícil elegir porque prácticamente todas me parecen igual de repetitivas.

Quizá me quedaría con el asalto al carro de combate, fundamentalmente por el supuesto "dramatismo" de la secuencia. Pero tampoco estamos ante nada particularmente memorable.


Resumen

Amanecer rojo es repetitiva, demasiado larga y sorprendentemente aburrida. Ni sus personajes ni sus escenas de acción consiguen justificar la fama que ha adquirido con los años.

Y viniendo de John Milius apenas dos años después de una obra tan poderosa, visual, filosófica y enorme como Conan el Bárbaro, el bajón resulta difícil de comprender.

Una decepción considerable.


Nivel de hostias: 🥊

Crítica de Beekeeper: El protector (Estados Unidos - Reino Unido, 2024) de David Ayer, con Jason Statham

The Beekeeper es una copia bastante descarada de la fórmula John Wick. Pero seamos sinceros: cuando tienes a Jason Statham repartiendo estopa, buenas escenas de acción y una historia que avanza a toda velocidad, el resultado termina siendo tremendamente entretenido.

David Ayer es un director competente, aunque irregular. Responsable de la estupenda Sin tregua y de la más que correcta Corazones de acero, aquí deja a un lado cualquier pretensión de profundidad para abrazar sin complejos el cine de acción más directo.

Y Statham hace lo de siempre. Pero lo
de siempre se le da muy bien.

Su Adam Clay es otro héroe taciturno con un pasado misterioso que intenta llevar una existencia tranquila hasta que alguien comete el inevitable error de provocar a la persona equivocada. La construcción del personaje bebe descaradamente de John Wick, aunque aquella fórmula tenía a su vez una deuda enorme con El Hombre sin Pasado, película surcoreana que ya en 2010 estableció buena parte de las características de este arquetipo moderno.

El guion de Kurt Wimmer tampoco pretende reinventar nada. Estamos ante un guionista capaz de ofrecernos propuestas tan interesantes como Equilibrium y también auténticos desastres, pero aquí cumple perfectamente con su cometido: narración sencilla, ritmo elevado y excusas suficientes para llevar a Statham de una paliza a la siguiente.

La acción está coordinada por Eddie J. Fernandez, veterano especialista con una larguísima trayectoria, y se beneficia enormemente de las capacidades físicas de Statham. Hay golpes secos, llaves, armas improvisadas y una violencia bastante contundente, sin necesidad de convertir cada pelea en un festival de CGI.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el asalto inicial al refugio del protagonista.

Es el momento en el que finalmente vemos de lo que Adam Clay es capaz. Statham entra en acción por primera vez y la película establece inmediatamente las reglas: velocidad, contundencia y enemigos que han cometido un gravísimo error al enfrentarse a él.

A partir de ahí, en realidad, asistiremos a distintas variaciones de lo mismo.

También hay otro enfrentamiento hacia el final que está entre lo mejor de la película, aunque resulta preferible no explicar dónde ni contra quién para evitar spoilers.


Resumen:

The Beekeeper no tiene absolutamente ninguna intención de revolucionar el género. David Ayer toma la fórmula John Wick, Kurt Wimmer construye un vehículo narrativo sencillo y Jason Statham hace aquello que lleva décadas haciendo extraordinariamente bien.

¿Original? En absoluto.

¿Divertida? Muchísimo.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Mortal Kombat (Estados Unidos, 2021) de Simon McQuoid, con Joe Taslim y Hiroyuki Sanada

Sinceramente, si hay dos cosas que realmente destacan en Mortal Kombat, son el gore y Joe Taslim, un rostro perfectamente conocido por cualquier seguidor del Raidverse.

La película intenta adaptar el universo del videojuego siguiendo las convenciones del blockbuster moderno de Hollywood, pero al menos tiene la valentía de abrazar uno de los elementos fundamentales de la saga: su violencia. Hay sangre, desmembramientos y fatalities bastante explícitos, algo que evita que termine convertida en otra adaptación completamente domesticada.

El problema es que, como película, funciona bastante peor.

Hay demasiados personajes y demasiado universo que presentar en un metraje insuficiente. Esto se nota especialmente en el tramo final, tremendamente acelerado, donde acontecimientos y enfrentamientos se suceden sin el desarrollo necesario. Parece que la prioridad es llegar rápidamente a las peleas y mantener una duración comercial antes que construir adecuadamente personajes y conflictos.

Y tampoco estamos, pese a lo que podría parecer, ante una gran película de artes marciales. Conforme aumenta el componente fantástico, también lo hacen el CGI y los poderes digitales, mientras disminuye aquello que más me interesa: el combate físico.


La mejor escena de lucha:

Precisamente por eso me quedo con los enfrentamientos iniciales protagonizados por Hiroyuki Sanada y Joe Taslim, antes de que Scorpion y Sub-Zero queden completamente enterrados bajo sus respectivos poderes.

Con sus rostros todavía al descubierto y el CGI mucho más contenido, ambos pueden demostrar sus auténticas capacidades físicas. Taslim está especialmente bien y vuelve a recordar por qué es uno de los nombres más reconocibles surgidos del Raidverse.

Es una pena que la película no siga más tiempo por ese camino. Cuando posteriormente llegan los poderes, criaturas y grandes efectos digitales, las peleas pierden buena parte de esa fisicidad inicial.



Resumen:

Mortal Kombat no es completamente execrable. Tiene gore abundante, algunas buenas ideas y un Joe Taslim que destaca claramente entre el reparto.

Pero su guion apresurado, el escaso desarrollo de personajes y el progresivo abuso del CGI impiden que llegue a ser una gran película de artes marciales... O simplemente una buena película a secas.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de The Karate Kid (Estados Unidos - China - Hong Kong , 2010) con Jackie Chan

La versión de 2010 de Karate Kid es un remake hollywoodiense muy convencional, cargado de todos esos recursos emocionales tan habituales del cine familiar norteamericano: sentimentalismo, momentos diseñados para arrancar la lágrima y una estructura absolutamente previsible.

Puede resultar algo empalagosa, sí, pero al mismo tiempo es una película entretenida, muy bien producida y bastante eficaz dentro de lo que pretende ser.

El principal problema está, sorprendentemente, en las artes marciales. Porque aquí no estamos realmente ante karate, sino ante kung-fu, y precisamente el kung-fu está rodado de una forma bastante poco inspirada.

La cámara al hombro al estilo norteamericano y el montaje rápido interfieren constantemente en las coreografías. En lugar de permitir que los combates se desarrollen con continuidad, ritmo y claridad física, la película parece más interesada en destacar uno o dos golpes espectaculares antes de cortar inmediatamente.

Como consecuencia, muchas de las peleas pierden impacto y espectacularidad. Se echa mucho de menos la presencia de un auténtico director de acción detrás de la cámara.

La gran excepción es, por supuesto, Jackie Chan. Su sola presencia eleva la película, y además ofrece una interpretación bastante más contenida y dramática de lo habitual.

También merece una mención especial la excelente banda sonora de James Horner, que aporta mucha más emoción a determinadas escenas de la que probablemente tendría el propio guion por sí solo.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el enfrentamiento de Jackie Chan contra varios jóvenes.

Es el único momento donde las artes marciales parecen cobrar vida de verdad. Jackie controla el espacio, utiliza los movimientos de los rivales contra ellos y demuestra, incluso sin necesidad de grandes acrobacias, una comprensión física de la acción que el resto de la película no consigue alcanzar.


Resumen:

Karate Kid es un remake agradable, sentimental y técnicamente impecable, pero también una oportunidad desaprovechada.

Funciona bastante bien como película familiar, pero para una cinta construida alrededor del kung-fu, sus peleas simplemente no están rodadas con la claridad y el talento que merecían.

Eso sí, Jackie Chan y James Horner elevan considerablemente el conjunto.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de The Smashing Machine (Estados Unidos, 2025), de Benny Safdie, con Dwayne Johnson

Tras su separación creativa y personal, los hermanos Safdie estrenaron en 2025 sendas películas deportivas sobre hombres consumidos por su obsesión competitiva, aunque tomando caminos muy diferentes.

Mientras Marty Supreme acaparó buena parte de la conversación mediática, The Smashing Machine tuvo una trayectoria comercial mucho más discreta. Personalmente, sin embargo, me parece claramente la mejor de las dos.

Benny Safdie evita convertir la vida de Mark Kerr en el típico relato deportivo de ascenso, caída y redención. La película mantiene un ritmo pausado pero nunca aburrido y, sobre todo, consigue algo que para mí Marty Supreme no lograba: que realmente me importen sus personajes.

Y buena parte del mérito pertenece a Dwayne Johnson.

Estamos probablemente ante la mejor interpretación de su carrera. The Rock contiene prácticamente todos los tics que han caracterizado su faceta como estrella y consigue transmitir la vulnerabilidad que escondía un luchador aparentemente invencible. Para mi gusto, su trabajo merecía perfectamente una nominación al Oscar.

Eso sí, existe un problema evidente: Johnson es demasiado mayor para interpretar al Mark Kerr de esta etapa. La historia abarca principalmente el periodo 1997-2000, cuando Kerr rondaba los 30 años, mientras que Johnson superaba los 50 durante el rodaje. Su extraordinario estado físico y su experiencia como luchador profesional ayudan muchísimo a vender el personaje y aportan credibilidad a los combates, pero creo que un actor más joven podría haber funcionado igual o incluso mejor.

El reparto que lo rodea también ayuda enormemente. Especialmente interesante resulta Ryan Bader, auténtico campeón de MMA, interpretando a Mark Coleman. Su experiencia real aporta una fisicidad extraordinaria a los combates; de hecho, Bader explicó que algunos golpes rodados en el suelo fueron reales para aumentar su autenticidad.


La mejor pelea:

Para mí, curiosamente, ni siquiera pertenece a Mark Kerr.

Me quedo con Mark Coleman (Ryan Bader) contra Igor Vovchanchyn (Oleksandr Usyk) durante la final del PRIDE Grand Prix 2000. Usyk, campeón mundial de boxeo, interpreta al mítico luchador ucraniano, mientras Bader aporta su enorme experiencia real en MMA

Es un enfrentamiento corto, brutal y tremendamente convincente, además de reproducir un combate histórico en el que Coleman derrotó realmente a Vovchanchyn.


Resumen:

The Smashing Machine no reinventa el drama deportivo, pero posee humanidad, buenos personajes, combates sorprendentemente auténticos y un Dwayne Johnson que finalmente demuestra que detrás de la gigantesca estrella de acción también había un actor dramático esperando una oportunidad como esta.

Para mí, bastante mejor que Marty Supreme, y de obligatorio visionado si te gusta el mundo de las artes marciales mixtas. 


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Presa Mortal (Estados Unidos, 1987) de David A. Prior

Presa mortal puede ser una película de culto para los amantes del cine trash y del «tan mala que resulta buena». Para mí, sin embargo, es un producto horrendo, repulsivo y casi un insulto al arte cinematográfico.

David A. Prior escribe y dirige esta baratísima variación de El malvado Zaroff, transformada en una especie de Rambo de saldo: un grupo de mercenarios secuestra a Mike Danton para utilizarlo como presa humana, sin sospechar que han elegido al tipo equivocado.

Y acción hay muchísima. El problema es que prácticamente toda es mala. Tiroteos, explosiones y abundantes enfrentamientos cuerpo a cuerpo se suceden con una planificación pobre, montaje rudimentario y una puesta en escena que provo
ca bastante más risa que emoción. El propio David A. Prior reconocería que las peleas se improvisaban básicamente preparando unos pocos movimientos, rodándolos y pasando a los siguientes.

Ted Prior, hermano del director, posee al menos una presencia física imponente y pasa buena parte de la película exhibiendo una musculatura digna del cine de acción de aquellos años. Pero poco más.


La mejor escena de lucha:

Probablemente el enfrentamiento final entre Danton y Thornton, más por ser uno de los pocos momentos en los que la película intenta construir un combate cuerpo a cuerpo propiamente dicho que por su calidad real.

Incluso entonces, la coreografía y la realización continúan siendo paupérrimas.


Resumen:

Presa mortal es barata, cutre, mal interpretada, peor rodada y llena de una acción que rara vez transmite la más mínima sensación de peligro.

Entiendo perfectamente que haya alcanzado cierto estatus de culto precisamente por sus excesos y su incompetencia —incluso su recepción popular actual conserva ese componente de «tan mala que es divertida»—, pero conmigo no funciona.

Un auténtico desastre.


Nivel de hostias: 🥊

Crítica de Mission Impossible: Sentencia Final (Estados Unidos, 2025) con Tom Cruise

The Final Reckoning (Sentencia Final) se siente durante demasiado tiempo como un larguísimo epílogo de Dead Reckoning (Sentencia Mortal) y, como consecuencia, tiene relativamente poco que ofrecer desde un punto de vista narrativo.

Christopher McQuarrie vuelve a demostrar su solvencia detrás de las cámaras, pero la película está demasiado obsesionada con cerrar tramas, recuperar personajes y conectar acontecimientos de toda la saga. El resultado es excesivamente largo y solemne para una historia que, en realidad, no necesitaba tanta complicación.

Afortunadamente, cuando llega la acción, Mission: Impossible continúa jugando en primera división.

Y buena parte de la responsabilidad vuelve a recaer en Tom Cruise, cuya obsesión por realizar personalmente escenas de riesgo cada vez más demenciales sigue siendo prácticamente irrepetible en el Hollywood actual. A estas alturas, sus películas funcionan también como escaparate de una forma de hacer cine de acción basada en especialistas, preparación física y riesgo real que cada vez resulta menos habitual.

La película vuelve a contar además con un enorme equipo de especialistas, encabezado por Wade Eastwood, colaborador habitual de Cruise y McQuarrie y uno de los grandes coordinadores de acción contemporáneos, responsable también de trabajos en Mission: Impossible – Fallout, Rogue Nation, Dead Reckoning o No Time to Die.


La mejor escena de acción:

La espectacular secuencia de las avionetas.

Tom Cruise colgado literalmente de una aeronave en pleno vuelo resume perfectamente lo mejor de esta saga: riesgo físico, espectáculo real y una estrella completamente dispuesta a jugarse el pellejo para conseguir una imagen que difícilmente tendría el mismo impacto realizada íntegramente mediante CGI.


Resumen:

Narrativamente, The Final Reckoning resulta decepcionante: demasiado larga, demasiado solemne y excesivamente dependiente de su predecesora.

Pero las espectaculares escenas de acción y los ya legendarios riesgos físicos que Tom Cruise continúa asumiendo mantienen la película a flote.

Puede que la historia ya no esté a la altura, pero el espectáculo sigue siendo extraordinario.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Nadie 2 (Estados Unidos - Canadá - Japón, 2025) de Timo Tjahjanto, con Bob Odenkirk

Pese a la solvente dirección de Timo Tjahjanto, que por fin da su salto a Hollywood, y un puñado de buenas escenas de acción, el guion de Nobody 2 es tan pobre que termina echando por tierra casi todo lo que funcionaba en la estupenda primera entrega.

Y resulta especialmente decepcionante porque Tjahjanto parecía una elección perfecta. Después de películas como The Night Comes for Us, pocos directores actuales han demostrado semejante facilidad para representar una violencia física, rápida y brutal. Aquí deja algunos buenos momentos, pero está mucho más contenido y nunca consigue compensar una historia absurda, unos villanos caricaturescos y un tono excesivamente cómico.

Al menos, el apartado de especialistas sigue jugando en primera división. Greg Rementer regresa como diseñador y coordinador de stunts, acompañado por Kyle McLean, mientras que Kirk Jenkins se ocupa de las coreografías de lucha. Rementer es todo un peso pesado de la acción occidental moderna: trabajó en Atomic Blonde —ganando un Taurus World Stunt Award por su espectacular pelea— y posteriormente diseñó o coordinó acción en producciones como Nobody, Bullet Train, Bad Boys: Ride or Die o Red One. 

De hecho, las peleas fueron preparadas durante semanas y previsualizadas golpe por golpe antes del rodaje, algo que explica que, incluso cuando la película falla narrativamente, la acción mantenga un nivel técnico considerable.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con la pelea del salón recreativo. Es física, divertida y aprovecha estupendamente el espacio y las máquinas, incluyendo falsos planos secuencia unidos mediante cortes ocultos.


Resumen:

Nobody 2 tenía a Timo Tjahjanto, Bob Odenkirk y un equipo de especialistas magnífico. Había talento de sobra para superar a la primera.

Pero un guion pésimo y un tono demasiado caricaturesco terminan desperdiciando gran parte de ese potencial.

Las hostias siguen funcionando. La película que las rodea, desgraciadamente, no.

Una auténtica decepción.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de El Contable (Estados Unidos, 2016) con Ben Affleck

El contable tiene un guion bastante sólido, un reparto excelente y algunas buenas escenas de acción, pero falla precisamente en uno de sus elementos fundamentales: Ben Affleck no termina de funcionar como héroe de acción.

La película llegó en plena expansión del modelo establecido por la coreana El Hombre Sin pasado y popularizado en occidente por John Wick y resulta difícil no encontrar ciertos paralelismos. Christian Wolff es otro profesional aparentemente imperturbable, extremadamente metódico, con un pasado misterioso y unas capacidades para matar que contrastan deliberadamente con su aspecto cotidiano. Sin embargo, Affleck carece aquí de la agilidad y presencia física necesarias para vender completamente esa faceta del personaje.

Resulta curioso porque detrás de las cámaras encontramos a Gavin O'Connor, director de la estupenda Warrior, donde ya había demostrado que sabía filmar violencia física y sacar un enorme partido de sus actores.

Además, El contable contó con un potente equipo de especialistas encabezado por Jeff Imada, toda una institución del cine de acción estadounidense, con una carrera que incluye títulos como Arma Letal, El club de la lucha, la saga Bourne o Collateral. El propio Affleck recibió entrenamiento en artes marciales y manejo de armas para intentar hacer creíble al personaje.

Y hay momentos en los que funciona. Los tiroteos son secos y contundentes y algunos enfrentamientos cuerpo a cuerpo están bien planteados. Pero nunca alcanza esa sensación de precisión, velocidad y espectacularidad que los mejores exponentes de esta nueva escuela de acción consiguieron desarrollar.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el asalto a la mansión del tramo final, donde finalmente podemos ver a Christian Wolff utilizando conjuntamente sus habilidades con armas de fuego y combate cuerpo a cuerpo.


Resumen:

El contable tiene buenas ideas, un reparto excelente y un director competente, pero su intento de convertir a Ben Affleck en una especie de héroe de acción pos-John Wick funciona sólo a medias.

No es una mala película y merece la pena verla, pero tampoco consigue pasar de un aprobado holgado.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Road House (De Profesión: Duro) (EEUU - 1989) con Partrick Swayze y Benny Urquídez

Road House, también conocida como De Profesión: Duro en España es divertida, excesiva y tremendamente representativa del cine de acción de los 80, pero también una película que ha envejecido bastante mal.

Su principal baza es Patrick Swayze, que aprovecha su extraordinaria preparación física como bailarín y el entrenamiento específico de combate realizado para la película. No era un artista marcial profesional, pero su coordinación, flexibilidad y capacidad para memorizar movimientos hacen que resulte bastante convincente en las peleas.

La presencia de Benny "The Jet" Urquidez en el equipo de especialistas aporta además auténtica experiencia marcial a una cinta donde los combates son físicos, directos y muy propios de su época.

El problema es que Road House acumula demasiados excesos. Su actitud hipermasculina resulta hoy bastante más cansina y el último acto se vuelve directamente absurdo, abandonando cualquier coherencia para entregarse a una escalada de violencia bastante ridícula.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento entre Dalton y Jimmy.

Es probablemente la pelea más recordada de la película, larga, física y contundente, y el momento donde mejor se aprecia el esfuerzo de Swayze para resultar creíble como luchador.


Resumen:

Road House conserva cierto encanto ochentero y un Patrick Swayze entregado, pero su machismo exagerado, su guion simplón y un tramo final completamente disparatado pesan demasiado.

Se deja ver por nostalgia y por algunas buenas peleas, pero está lejos de ser una gran película de acción.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Nadie (Estados Unidos, 2021) de Ilya Naishuller, con Bob Odenkirk y Daniel Bernhardt

La gente de 87Eleven sabe perfectamente cómo hacer buen cine de acción, y si además tenemos detrás a Derek Kolstad, guionista de John Wick, era difícil que el resultado no tuviera algo especial.

Nobody es cine de acción con mayúsculas.

Ilya Naishuller, director de Hardcore Henry, demuestra aquí que puede contener bastante más su estilo sin perder energía. La cámara es menos frenética, el montaje mucho más limpio y la acción está rodada con una claridad que permite disfrutar de cada golpe, cada caída y cada movimiento.

También merece especial reconocimiento Bob Odenkirk, que realiza un enorme esfuerzo físico para convertirse en un héroe de acción creíble. Su transformación recuerda, salvando las distancias, al trabajo que hizo Keanu Reeves para encarnar a John Wick o al reciclaje de Liam Neeson como estrella de acción a partir de Taken.

Y el universo 87Eleven se nota por todas partes: violencia seca, coreografías muy físicas, armas utilizadas como parte natural del combate y un gusto evidente por los especialistas de primer nivel. Incluso aparece Daniel Bernhardt, todo un clásico de este tipo de producciones.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, la pelea dentro del autobús.

Se ha convertido ya en un pequeño clásico del cine de acción occidental reciente. El espacio reducido, la violencia progresiva, el cansancio de Odenkirk y la presencia de Daniel Bernhardt convierten la secuencia en una auténtica maravilla.

No hay héroes invencibles ni movimientos perfectos: hay golpes, tropiezos, dolor y una brutalidad física tremendamente satisfactoria.


Resumen:

Nobody recoge muchas de las virtudes de John Wick, pero consigue desarrollar una personalidad propia gracias al carisma de Bob Odenkirk y al estilo de Ilya Naishuller.

Divertida, violenta, bien rodada y con una de las mejores peleas occidentales de los últimos años.

¡Cine de acción con mayúsculas!


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Rambo: Last Blood (EEUU - Hong Kong - España, 2019) con Silvester Stallone

Sin ser una obra maestra, Rambo: Last Blood me parece bastante mejor de lo que buena parte de la crítica afirmó en su momento.

Adrian Grunberg, que ya había demostrado bastante oficio en Vacaciones en el infierno junto a Mel Gibson, se ganó aquí la oportunidad de cerrar —al menos por ahora— la historia de uno de los personajes más míticos de Sylvester Stallone.

El guion no es especialmente complejo, pero sí efectivo, directo y por momentos incluso bastante conmovedor. La película entiende que Rambo es ya un hombre marcado por décadas de violencia y construye alrededor de él una sencilla historia de pérdida, rabia y venganza.

El reparto incluye además varios rostros conocidos del cine mexicano y español, entre ellos Sergio Peris-Mencheta y Paz Vega, que aportan presencia y carisma al conjunto.

Y detrás de la acción encontramos también especialistas de primer nivel, entre ellos Diyan Hristov, veterano stuntman relacionado con producciones de gran calibre como las tres primeras entregas de Los Mercenarios, 300: El origen de un imperio e incluso John Wick: Capítulo 2. Esa experiencia se aprecia especialmente cuando la película abandona definitivamente el drama y se entrega a la carnicería.


La mejor escena de acción:

Sin duda, todo el enfrentamiento final en los túneles y alrededores del rancho.

Rambo despliega allí todo su arsenal de trampas y ejecuciones, recuperando su faceta más salvaje de guerrillero. Cuchillos, armas de fuego, trampas y mutilaciones se suceden sin escatimar una sola gota de sangre.

Es un auténtico festival gore que llega incluso a rivalizar con la brutalidad de la ya extremadamente violenta John Rambo. Y, sobre todo, ofrece exactamente el clímax que uno espera de la que podría ser la última aventura del personaje.


Resumen:

Rambo: Last Blood es una despedida bastante digna para John Rambo.

Tiene un argumento sencillo pero efectivo, algunos momentos sorprendentemente emotivos, buenos profesionales detrás de la acción y un Sylvester Stallone que continúa transmitiendo perfectamente el cansancio y la rabia acumulados por el personaje.

Y cuando finalmente llega la hora de repartir hostias, la película se convierte en una carnicería absolutamente desatada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

domingo, 23 de agosto de 2026

Crítica de Retroceder Nunca, Rendirse Jamás (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) de Corey Yuen, con Jean-Claude Van Damme

Retroceder nunca, rendirse jamás es una de esas películas que, más allá de su calidad, merece un pequeño lugar en la historia del cine de artes marciales.

Dirigida por Corey Yuen, al que posteriormente veríamos trabajando con Jet Li o dando forma a la acción de Transporter, supone un interesante y temprano encuentro entre el cine estadounidense y la escuela de acción de Hong Kong. Fue, además, el primer largometraje en inglés dirigido por Yuen.

Y esa procedencia hongkonesa se nota especialmente en las peleas. La acción fue diseñada por el propio Corey Yuen junto a Mang Hoi, veterano especialista, actor y coreógrafo relacionado con decenas de producciones de Hong Kong y con estrellas como Jackie Chan. El resultado son unas coreografías sorprendentemente ágiles que, cuarenta años después, siguen funcionando bastante bien.

La historia, por supuesto, es otra cuestión. Su mezcla de drama juvenil, entrenamiento marcial y fantasía resulta tremendamente naïve vista actualmente, pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto ochentero.

Y luego está Jean-Claude Van Damme.

Aparece muchísimo menos de lo que uno desearía, pero cada vez que entra en pantalla se adueña completamente de la película. Joven, rapidísimo, flexible y con una presencia física extraordinaria, ya deja claro que estaba destinado a convertirse en una estrella. No fue su primera aparición cinematográfica, pues anteriormente había realizado pequeños trabajos, pero sí supuso su primer papel verdaderamente relevante.


La mejor escena de lucha:

Más que un único combate, me quedo con todo el tramo final y la entrada en acción de Van Damme.

Su enfrentamiento definitivo quizá resulte demasiado corto, pero sus patadas, elasticidad y explosividad convierten esta parte de la película en su momento más memorable. Cada segundo suyo en pantalla demuestra por qué pocos años después acabaría convertido en uno de los grandes iconos del cine de acción.


Resumen:

Retroceder nunca, rendirse jamás es puro cine de artes marciales ochentero: ingenuo, sencillo y tremendamente nostálgico.

Corey Yuen y Mang Hoi aportan una dirección de acción muy superior a la habitual en producciones estadounidenses similares y Van Damme, pese a su escaso tiempo en pantalla, roba completamente la función.

Una curiosa y divertida conexión entre Hong Kong y Hollywood que merece ser recordada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Turno de Día (Estados Unidos, 2022) de J.J. Perry con Scott Adkins

J. J. Perry, veterano especialista y director de segunda unidad curtido durante décadas en el cine de acción, debutó como director con Turno de Día, una mezcla de vampiros, comedia y acción que, desgraciadamente, nunca termina de encontrar el tono adecuado. Perry venía de trabajar en títulos como John Wick, Blade, F9 o el remake de Oldboy, así que experiencia para montar espectáculo tenía de sobra.

El problema es que la película se empeña demasiado en ese humor banal y constante tan habitual en cierto blockbuster americano reciente, con un tono casi marvelita que choca bastante con la violencia, el gore y el potencial de su propuesta. Hay desmembramientos, vampiros retorciéndose de formas imposibles y bastante sangre, pero cada vez que la cinta parece querer ponerse seria aparece otro chiste que rompe el ambiente.

La acción, eso sí, es claramente lo mejor. Felix Betancourt participa como coordinador y coreógrafo de peleas, dentro de un equipo de especialistas muy potente. Betancourt posee una extensa carrera en acción y stunts, con trabajos posteriores o paralelos en producciones como The Gray Man, Black Adam, Guardians of the Galaxy Vol. 3, Road House o The Killer's Game.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el asalto de los hermanos Nazarian, interpretados por Steve Howey y un absolutamente espectacular Scott Adkins, al nido de vampiros.

Es el momento donde Turno de Día se convierte por unos minutos en la película que podría haber sido: ritmo salvaje, gore, artes marciales y una acción magníficamente coordinada. El propio Perry destacó esta secuencia y su larga relación profesional con Adkins, con quien ya había trabajado años atrás.

Y Scott Adkins está sencillamente brutal.


Resumen:

Lo mejor de Turno de Día: los hermanos Nazarian y, especialmente, Scott Adkins.

Lo peor: prácticamente todo lo demás.

Tiene gore, buenas ideas y un equipo de acción excelente, pero el guion, el humor constante y un tono demasiado ligero impiden que todos esos ingredientes terminen de funcionar.

Una oportunidad bastante desaprovechada.


Nivel de hostias: 🥊🥊

sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de El Cuervo (Estados Unidos, 1994) de Alex Proyas, con Brandon Lee

Quizá sea mi película preferida... Ya lo delata mi imagen en redes sociales.

El Cuervo es una obra poética, oscura y profundamente melancólica, una mezcla de géneros cautivadora en la que lo romántico se funde con el terror, el drama y la acción más desenfrenada.

Estéticamente es una película impresionante. La fotografía crea un ambiente onírico, decadente y tremendamente oscuro que acabaría marcando un estilo fácilmente reconocible en producciones posteriores. Basta con pensar en películas como Blade o Matrix para percibir parte de esa influencia visual.

Alex Proyas, que años después se consagraría definitivamente con la también excelente Dark City, dirige la película con enorme personalidad y un ritmo magnífico. Es de esas cintas que, pese a conocer de memoria, continúan funcionando visionado tras visionado.

La banda sonora merece también una mención especial, tanto por el excelente trabajo de Graeme Revell como por la selección de canciones, perfectamente integrada en el espíritu de la película. Todo respira esa sensación de decadencia, tristeza y pesimismo tan propia de cierta juventud de principios de los noventa.

Brandon Lee tampoco era un actor extraordinario, pero aquí encontró el personaje perfecto. Supo transmitir con enorme eficacia la tristeza, la rabia y la desesperación de Eric Draven, el magnífico personaje creado por James O'Barr.

Hay además un detalle especialmente interesante visto con perspectiva: Chad Stahelski participó en la película como doble de Brandon Lee y, tras la muerte del actor, fue utilizado en algunas de las escenas necesarias para completar el rodaje. Stahelski y Lee se conocían y habían entrenado juntos, algo que facilitó que pudiera reproducir parte de su forma de moverse.

Aquella experiencia cobra todavía más importancia décadas después. Stahelski acabaría convirtiéndose en uno de los grandes especialistas y directores de acción de Hollywood y cofundaría junto a David Leitch 87Eleven Action Design, compañía decisiva en la renovación del cine de acción estadounidense y de la que terminarían surgiendo películas como John Wick. De algún modo, El Cuervo forma parte de la prehistoria de esa escuela moderna de especialistas que apuesta por intérpretes físicamente preparados, coreografías elaboradas y una acción donde el movimiento pueda verse con claridad.


La mejor escena de acción:

El asalto al edificio de Top Dollar resume perfectamente el espíritu de la película: estilización, violencia, oscuridad y un Brandon Lee entregado por completo al personaje.


Resumen:

El Cuervo es, para mí, una de las mejores películas genuinamente góticas jamás realizadas.

Visualmente fascinante, emocionalmente poderosa, musicalmente inolvidable y protagonizada por un Brandon Lee que convirtió a Eric Draven en un icono eterno. Además, contemplada hoy, resulta fascinante encontrar en ella los primeros pasos de Chad Stahelski, futuro fundador de 87Eleven y uno de los responsables de transformar el cine de acción moderno.

Una obra maestra con todas las de la ley, y la película que mejor ha retratado esa melancolía y desesperación de la generación grunge de principios de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Estragos (Reino Unido - Estados Unidos, 2025) de Gareth Evans, con Tom Hardy

Havoc, en España conocida como Estragos y que es hasta ahora la última película de Gareth Evans, llegaba con unas expectativas altísimas... Que empiezan a desinflarse prácticamente desde el principio.

El principal problema está en un guion flojo, genérico y sorprendentemente poco interesante. Cuando por fin llega la acción, uno ya está demasiado aburrido como para que ni siquiera las habituales coreografías de Evans consigan levantar por completo la película.

Y eso que técnicamente siguen siendo espectaculares. El problema es que aquí todo está llevado hasta tal extremo que por momentos roza lo ridículo, acercándose mucho más al tono hiperbólico de Gangs of London que a la precisión, claridad y contundencia de The Raid.

Evans sigue demostrando que funciona mucho mejor en el cuerpo a cuerpo que en los tiroteos. Las peleas físicas son claramente lo mejor de la cinta, pero ni siquiera ellas consiguen compensar un conjunto tan irregular.

Tampoco ayuda un Tom Hardy que parece funcionar con el piloto automático puesto, acompañado por un reparto bastante poco inspirado. A eso hay que sumar unos efectos digitales y unos escenarios artificiales que terminan restando todavía más fuerza al resultado.


La mejor escena de lucha:

El tramo final contiene los mejores momentos de combate cuerpo a cuerpo, donde Gareth Evans vuelve a demostrar parte de su talento para la violencia física y las coreografí
as contundentes.

Aun así, queda muy lejos de sus mejores trabajos.


Resumen:

Havoc es una decepción considerable.

Tiene algunos destellos del Gareth Evans que todos conocemos, pero quedan sepultados bajo un guion anodino, una acción excesivamente exagerada y una puesta en escena demasiado artificial.

Al final, más que satisfacer las ganas de volver a ver a Evans en plena forma, consigue que echemos todavía más de menos una hipotética The Raid 3.


Nivel de hostias: 🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítca de El Protector (The Protector) (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) con Jackie Chan

Segundo asalto de Jackie Chan a Hollywood como protagonista tras el fiasco de La furia de Chicago, y nuevo fracaso comercial para Golden Harvest... aunque, en mi opinión, el resultado cinematográfico es bastante superior.

La película cuenta con numerosas escenas de riesgo ejecutadas con la habitual entrega de Jackie y un par de peleas bastante disfrutables, aunque sin alcanzar el nivel de sus mejores trabajos hongkoneses. Aquí se dejan algo más de lado las artes marciales para apostar por una acción más directa, violenta y típicamente occidental.

La historia no deja de ser otra buddy movie policíaca más, pero gana interés gracias a su traslado a Hong Kong y a las constantes peripecias físicas de Jackie. También ayuda mucho la presencia de Danny Aiello, que aporta carisma y una buena química con el protagonista.

James Glickenhaus rueda la acción con bastante oficio y dota a la película de un tono más duro y seco de lo habitual en Jackie Chan, algo que puede chocar a sus seguidores más clásicos, pero que también le da una personalidad propia.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el mejor momento de artes marciales de la película, con Jackie Chan pudiendo mostrar algo más de velocidad y técnica. No llega a la brillantez de sus coreografías en Hong Kong, pero sí resulta contundente y bastante satisfactorio.


Resumen:

The Protector es una película bastante más interesante de lo que suele reconocerse.

Se aleja del Jackie Chan más cómico y acrobático para ofrecer un policíaco de acción más occidental, pero contiene suficientes escenas espectaculares, riesgo real y adrenalina como para merecer una reivindicación.

No está entre sus grandes obras, pero sí muy por encima de su anterior aventura americana.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de La Furia de Chicago (Hong Kong - Estados Unidos, 1980) con Jackie Chan

Primer asalto serio de Jackie Chan a Hollywood... y sonoro fracaso.

Sobre el papel, la película tenía bastantes papeletas para funcionar. Robert Clouse había dirigido a Bruce Lee en Operación Dragón y Jackie llegaba a Estados Unidos convertido ya en una gran estrella del cine de Hong Kong. Además, la cinta intenta aprovechar buena parte de aquello que lo había hecho famoso: talento natural para la comedia, acrobacias circenses, buenas coreografías y escenas de riesgo ejecutadas por el propio actor.

El problema es que todo aparece demasiado domesticado para el mercado norteamericano. Las peleas son más lentas, el ritmo menos explosivo y el potencial físico de Jackie apenas llega a desplegarse como debería.

Tampoco ayuda un guion bastante previsible y algo blando, aunque tenga algunos momentos cómicos efectivos. La presencia de Mako como instructor aporta algo de carisma y la película conserva ese tono desvergonzado propio de muchas comedias estadounidenses de principios de los ochenta.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el momento donde Jackie puede lucirse algo más, aunque incluso ahí queda lejos de la velocidad, creatividad y espectacularidad que mostraba por aquellos mismos años en Hong Kong.


Resumen:

La furia de Chicago fue un intento fallido de adaptar a Jackie Chan al mercado estadounidense, en lugar de permitir que Hollywood se adaptara a Jackie Chan.

No es tan mala como a veces se dice y, de hecho, resulta bastante entretenida, pero sí queda muy por debajo de lo que el actor era capaz de ofrecer entonces.

Un aprobado justo. Jackie tendría que esperar muchos años antes de conquistar definitivamente Occidente.


Nivel de hostias: 🥊🥊