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domingo, 23 de agosto de 2026

Crítica de Retroceder Nunca, Rendirse Jamás (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) de Corey Yuen, con Jean-Claude Van Damme

Retroceder nunca, rendirse jamás es una de esas películas que, más allá de su calidad, merece un pequeño lugar en la historia del cine de artes marciales.

Dirigida por Corey Yuen, al que posteriormente veríamos trabajando con Jet Li o dando forma a la acción de Transporter, supone un interesante y temprano encuentro entre el cine estadounidense y la escuela de acción de Hong Kong. Fue, además, el primer largometraje en inglés dirigido por Yuen.

Y esa procedencia hongkonesa se nota especialmente en las peleas. La acción fue diseñada por el propio Corey Yuen junto a Mang Hoi, veterano especialista, actor y coreógrafo relacionado con decenas de producciones de Hong Kong y con estrellas como Jackie Chan. El resultado son unas coreografías sorprendentemente ágiles que, cuarenta años después, siguen funcionando bastante bien.

La historia, por supuesto, es otra cuestión. Su mezcla de drama juvenil, entrenamiento marcial y fantasía resulta tremendamente naïve vista actualmente, pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto ochentero.

Y luego está Jean-Claude Van Damme.

Aparece muchísimo menos de lo que uno desearía, pero cada vez que entra en pantalla se adueña completamente de la película. Joven, rapidísimo, flexible y con una presencia física extraordinaria, ya deja claro que estaba destinado a convertirse en una estrella. No fue su primera aparición cinematográfica, pues anteriormente había realizado pequeños trabajos, pero sí supuso su primer papel verdaderamente relevante.


La mejor escena de lucha:

Más que un único combate, me quedo con todo el tramo final y la entrada en acción de Van Damme.

Su enfrentamiento definitivo quizá resulte demasiado corto, pero sus patadas, elasticidad y explosividad convierten esta parte de la película en su momento más memorable. Cada segundo suyo en pantalla demuestra por qué pocos años después acabaría convertido en uno de los grandes iconos del cine de acción.


Resumen:

Retroceder nunca, rendirse jamás es puro cine de artes marciales ochentero: ingenuo, sencillo y tremendamente nostálgico.

Corey Yuen y Mang Hoi aportan una dirección de acción muy superior a la habitual en producciones estadounidenses similares y Van Damme, pese a su escaso tiempo en pantalla, roba completamente la función.

Una curiosa y divertida conexión entre Hong Kong y Hollywood que merece ser recordada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítca de El Protector (The Protector) (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) con Jackie Chan

Segundo asalto de Jackie Chan a Hollywood como protagonista tras el fiasco de La furia de Chicago, y nuevo fracaso comercial para Golden Harvest... aunque, en mi opinión, el resultado cinematográfico es bastante superior.

La película cuenta con numerosas escenas de riesgo ejecutadas con la habitual entrega de Jackie y un par de peleas bastante disfrutables, aunque sin alcanzar el nivel de sus mejores trabajos hongkoneses. Aquí se dejan algo más de lado las artes marciales para apostar por una acción más directa, violenta y típicamente occidental.

La historia no deja de ser otra buddy movie policíaca más, pero gana interés gracias a su traslado a Hong Kong y a las constantes peripecias físicas de Jackie. También ayuda mucho la presencia de Danny Aiello, que aporta carisma y una buena química con el protagonista.

James Glickenhaus rueda la acción con bastante oficio y dota a la película de un tono más duro y seco de lo habitual en Jackie Chan, algo que puede chocar a sus seguidores más clásicos, pero que también le da una personalidad propia.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el mejor momento de artes marciales de la película, con Jackie Chan pudiendo mostrar algo más de velocidad y técnica. No llega a la brillantez de sus coreografías en Hong Kong, pero sí resulta contundente y bastante satisfactorio.


Resumen:

The Protector es una película bastante más interesante de lo que suele reconocerse.

Se aleja del Jackie Chan más cómico y acrobático para ofrecer un policíaco de acción más occidental, pero contiene suficientes escenas espectaculares, riesgo real y adrenalina como para merecer una reivindicación.

No está entre sus grandes obras, pero sí muy por encima de su anterior aventura americana.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊