Retroceder nunca, rendirse jamás es una de esas películas que, más allá de su calidad, merece un pequeño lugar en la historia del cine de artes marciales.
Dirigida por Corey Yuen, al que posteriormente veríamos trabajando con Jet Li o dando forma a la acción de Transporter, supone un interesante y temprano encuentro entre el cine estadounidense y la escuela de acción de Hong Kong. Fue, además, el primer largometraje en inglés dirigido por Yuen.
Y esa procedencia hongkonesa se nota especialmente en las peleas. La acción fue diseñada por el propio Corey Yuen junto a Mang Hoi, veterano especialista, actor y coreógrafo relacionado con decenas de producciones de Hong Kong y con estrellas como Jackie Chan. El resultado son unas coreografías sorprendentemente ágiles que, cuarenta años después, siguen funcionando bastante bien.
La historia, por supuesto, es otra cuestión. Su mezcla de drama juvenil, entrenamiento marcial y fantasía resulta tremendamente naïve vista actualmente, pero precisamente ahí reside buena parte de su encanto ochentero.
Y luego está Jean-Claude Van Damme.
Aparece muchísimo menos de lo que uno desearía, pero cada vez que entra en pantalla se adueña completamente de la película. Joven, rapidísimo, flexible y con una presencia física extraordinaria, ya deja claro que estaba destinado a convertirse en una estrella. No fue su primera aparición cinematográfica, pues anteriormente había realizado pequeños trabajos, pero sí supuso su primer papel verdaderamente relevante.
La mejor escena de lucha:
Más que un único combate, me quedo con todo el tramo final y la entrada en acción de Van Damme.
Su enfrentamiento definitivo quizá resulte demasiado corto, pero sus patadas, elasticidad y explosividad convierten esta parte de la película en su momento más memorable. Cada segundo suyo en pantalla demuestra por qué pocos años después acabaría convertido en uno de los grandes iconos del cine de acción.
Resumen:
Retroceder nunca, rendirse jamás es puro cine de artes marciales ochentero: ingenuo, sencillo y tremendamente nostálgico.
Corey Yuen y Mang Hoi aportan una dirección de acción muy superior a la habitual en producciones estadounidenses similares y Van Damme, pese a su escaso tiempo en pantalla, roba completamente la función.
Una curiosa y divertida conexión entre Hong Kong y Hollywood que merece ser recordada.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊