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sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de El Cuervo (Estados Unidos, 1994) de Alex Proyas, con Brandon Lee

Quizá sea mi película preferida... Ya lo delata mi imagen en redes sociales.

El Cuervo es una obra poética, oscura y profundamente melancólica, una mezcla de géneros cautivadora en la que lo romántico se funde con el terror, el drama y la acción más desenfrenada.

Estéticamente es una película impresionante. La fotografía crea un ambiente onírico, decadente y tremendamente oscuro que acabaría marcando un estilo fácilmente reconocible en producciones posteriores. Basta con pensar en películas como Blade o Matrix para percibir parte de esa influencia visual.

Alex Proyas, que años después se consagraría definitivamente con la también excelente Dark City, dirige la película con enorme personalidad y un ritmo magnífico. Es de esas cintas que, pese a conocer de memoria, continúan funcionando visionado tras visionado.

La banda sonora merece también una mención especial, tanto por el excelente trabajo de Graeme Revell como por la selección de canciones, perfectamente integrada en el espíritu de la película. Todo respira esa sensación de decadencia, tristeza y pesimismo tan propia de cierta juventud de principios de los noventa.

Brandon Lee tampoco era un actor extraordinario, pero aquí encontró el personaje perfecto. Supo transmitir con enorme eficacia la tristeza, la rabia y la desesperación de Eric Draven, el magnífico personaje creado por James O'Barr.

Hay además un detalle especialmente interesante visto con perspectiva: Chad Stahelski participó en la película como doble de Brandon Lee y, tras la muerte del actor, fue utilizado en algunas de las escenas necesarias para completar el rodaje. Stahelski y Lee se conocían y habían entrenado juntos, algo que facilitó que pudiera reproducir parte de su forma de moverse.

Aquella experiencia cobra todavía más importancia décadas después. Stahelski acabaría convirtiéndose en uno de los grandes especialistas y directores de acción de Hollywood y cofundaría junto a David Leitch 87Eleven Action Design, compañía decisiva en la renovación del cine de acción estadounidense y de la que terminarían surgiendo películas como John Wick. De algún modo, El Cuervo forma parte de la prehistoria de esa escuela moderna de especialistas que apuesta por intérpretes físicamente preparados, coreografías elaboradas y una acción donde el movimiento pueda verse con claridad.


La mejor escena de acción:

El asalto al edificio de Top Dollar resume perfectamente el espíritu de la película: estilización, violencia, oscuridad y un Brandon Lee entregado por completo al personaje.


Resumen:

El Cuervo es, para mí, una de las mejores películas genuinamente góticas jamás realizadas.

Visualmente fascinante, emocionalmente poderosa, musicalmente inolvidable y protagonizada por un Brandon Lee que convirtió a Eric Draven en un icono eterno. Además, contemplada hoy, resulta fascinante encontrar en ella los primeros pasos de Chad Stahelski, futuro fundador de 87Eleven y uno de los responsables de transformar el cine de acción moderno.

Una obra maestra con todas las de la ley, y la película que mejor ha retratado esa melancolía y desesperación de la generación grunge de principios de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

jueves, 14 de septiembre de 2017

Crítica de Curso de 1999 II: El Sustituto (USA, 1994) Con Sasha Mitchell

Penosa forma de continuar esta buena serie empezada por la notable Curso de 1984 y la alocada y divertidísima Curso de 1999, ambas dirigidas por Mark L. Lester.

En esta ocasión la ausencia de Lester se hace notar encontrándonos un producto muy de Serie B, con un argumento realmente endeble y unas interpretaciones horribles donde ni tan siquiera la presencia de Nick Cassavetes ayuda demasiado. 

Al menos Sasha Mitchell, al cual conocemos también por la franquicia de Kickboxer, reparte hostias como panes. Y es lo único divertido de todo el film junto con los numerosos asesinatos, donde ni tan siquiera nos encontramos con algo de gore que echarnos a la boca. 



La mejor escena de lucha:

Claramente, la mejor escena de lucha se encuentra al principio del film cuando Sasha Mitchell hace gala de sus habilidades despachando a una serie de estudiantes rebeldes. 


Resumen:

Sólo recomendaría este film a curiosos y completistas. O a fans de Sasha Mitchell, si es que tal cosa existe. El resto, por favor, mejor abstenerse. 


Nivel de hostias: 🥊