The Storm Warriors comete tres errores especialmente graves. El primero es visual: gran parte de la acción transcurre en cuevas y escenarios cerrados que parecen decorados baratos rodeados de fondos digitales poco convincentes. Hay algunos hallazgos visuales interesantes y planos aislados con cierta fuerza, pero son demasiado escasos para compensar un conjunto sorprendentemente artificial.
El segundo problema está en los personajes. Apenas existe desarrollo dramático y resulta muy difícil implicarse emocionalmente con héroes o villanos. Todo parece estar construido únicamente para conducirnos de una escena fantástica a la siguiente.
Y el tercero, quizá el más imperdonable para El Arte de Hostiar, está en la acción. Las peleas son sorprendentemente mediocres, con demasiado movimiento de cámara, montaje frenético y muy poca sensación de coreografía real. En lugar de aprovechar el potencial marcial del reparto, la película intenta esconder sus carencias detrás de efectos, aceleraciones y ruido visual.
Los hermanos Pang demuestran aquí que no estaban especialmente preparados para manejar una producción fantástica de estas características.
La mejor escena de lucha:
El enfrentamiento contra el principal antagonista, interpretado por Simon Yam, es probablemente el momento más aprovechable.
No es una gran pelea, pero al menos concentra algo de tensión y permite disfrutar de una puesta en escena algo más clara que en otros combates del film.
Resumen:
The Storm Warriors es una secuela fallida en prácticamente todos los aspectos.
Tiene algún hallazgo visual aislado y un reparto atractivo, pero pierde la personalidad de la primera película, desaprovecha a sus personajes y ofrece unas escenas de acción muy por debajo de lo esperado.
Una fantasía vacía, artificial y completamente prescindible.
Nivel de hostias: 🥊
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