New World no es, estrictamente hablando, una película de acción pura. Pero cuando la violencia hace acto de presencia resulta tan explosiva, física y bestial que merece sobradamente un hueco en El Arte de Hostiar.
Park Hoon-jung construye un estupendo thriller de infiltrados, traiciones y luchas de poder dentro del crimen organizado, inevitablemente emparentado con títulos como Infernal Affairs. Su principal virtud está en un guion que va colocando las piezas con paciencia hasta conducirnos hacia un tramo final magnífico.
Y qué decir del reparto. Lee Jung-jae, Hwang Jung-min y Choi Min-sik son tres rostros fundamentales del cine coreano contemporáneo y aquí forman un trío formidable. Especialmente memorable resulta Hwang Jung-min, capaz de aportar carisma, humor y una enorme sensación de peligro a un mismo personaje.
La acción tampoco está en manos de cualquiera. Heo Myeong-haeng participa como coordinador de especialistas, todo un veterano de la industria coreana con una larguísima trayectoria y trabajos en películas como The Good, the Bad, the Weird, I Saw the Devil o The Yellow Sea. Y se nota: cuando llega la violencia, la acción es de primera categoría.
La mejor escena de lucha:
La legendaria pelea dentro del ascensor.
Cualquiera que haya visto New World difícilmente podrá olvidarla. Un espacio minúsculo, numerosos adversarios, cuchillos, sangre y una violencia desesperada que va aumentando progresivamente.
Rápida, brutal y magníficamente ejecutada. Una de esas secuencias que por sí solas justifican que una película aparezca en El Arte de Hostiar.
Resumen:
New World es mucho más cine negro que cine de acción, pero importa poco cuando el resultado es tan bueno.
Magnífico reparto, excelente guion, personajes memorables y pequeñas explosiones de violencia extraordinariamente bien ejecutadas.
Otra demostración de por qué el thriller criminal coreano lleva años jugando en primera división.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊
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