jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de El Chino (Hong Kong, 1980) de Jackie Chan

Por fin, en su segunda película como director, Jackie Chan se desmarcó un poco de la fórmula argumental habitual del cine de kung-fu de la época para contarnos la historia de un joven huérfano educado en una escuela de artes marciales que intenta salvar el honor de uno de sus compañeros.

La película destaca por un estilo todavía más circense, físico y malabarístico que en trabajos anteriores del actor. A ello ayuda enormemente la presencia de su amigo y compañero Yuen Biao, uno de los intérpretes más acrobáticos de su generación. Juntos protagonizan algunos de los momentos más brillantes, divertidos y espectaculares de la cinta.

También se aprecia a un Jackie Chan cada vez más seguro detrás de las cámaras, con mayor control del ritmo cómico y de las coreografías.

El problema es que la historia pierde bastante fuerza a medida que avanza. La última parte resulta más desordenada y da cierta sensación de improvisación, como si la película no tuviera muy claro hacia dónde dirigirse.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el brutal enfrentamiento final entre Jackie Chan y Hwang In-shik. Es una pelea larguísima, agotadora y físicamente durísima, donde Jackie recibe una cantidad de castigo casi absurda antes de imponerse. Un combate magnífico que anticipa en cierto modo la resistencia física y el sufrimiento extremo que volveríamos a ver años después en La leyenda del luchador borracho.


Resumen:

The Young Master —titulada en España El Chino— no está entre las mejores películas dirigidas por Jackie Chan, pero sigue siendo una cinta muy recomendable.

Divertida, acrobática y con un combate final memorable, supone además un paso importante en la evolución del estilo que Jackie perfeccionaría durante los años ochenta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

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