En ese contexto llegó Jailbreak, dirigida por el italiano Jimmy Henderson, con la intención de hacer por el bokator camboyano algo parecido a lo que The Raid había hecho por el silat indonesio.
La idea era atractiva. El problema es que la comparación acaba jugando en su contra.
Las peleas son numerosas y muy físicas, pero rara vez alcanzan la inventiva, la claridad o la contundencia de las películas de Gareth Evans. Las coreografías empiezan a repetirse demasiado pronto y el montaje no siempre ayuda a que luzca el talento marcial del reparto.
Tampoco el guion sostiene demasiado bien el conjunto. Los personajes son planos, el humor resulta bastante pueril y muchas situaciones transmiten una sensación casi amateur.
A partir de la mitad, tanta pelea empieza paradójicamente a cansar.
La mejor escena de lucha:
Me quedo con algunos de los combates multitudinarios dentro de la prisión, donde el reducido espacio permite aprovechar mejor el bokator y la fisicidad de los intérpretes.
Son momentos contundentes y entretenidos, aunque nunca llegan a transmitir esa sensación de peligro y precisión que convirtió The Raid en referencia absoluta.
Resumen:
Jailbreak tiene mérito por intentar colocar el cine de acción camboyano y el bokator en el mapa, pero se queda lejos de sus referentes.
Acción tiene de sobra, pero le faltan mejores coreografías, personajes más sólidos y una dirección más inspirada para que toda esa energía no termine resultando repetitiva.
Puede servir para calmar momentáneamente el mono mientras Gareth Evans se decide finalmente a hacer The Raid 3.
A mí, personalmente, me dejó bastante insatisfecho.
Nivel de hostias: 🥊🥊
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