sábado, 22 de agosto de 2026

Crítica de Black Mask (Hong Kong, 1996) con Jet Li

Que Black Mask tenga un guion deslavazado, absurdo y lleno de personajes poco desarrollados es algo relativamente perdonable. Al fin y al cabo, cuando uno se sienta a ver una película de Jet Li de estas características no espera precisamente una historia memorable, sino acción de la buena.

Y desgraciadamente es ahí donde la película hace aguas.

La acción no sólo resulta más escasa de lo deseable, sino que además está rodada y montada de una forma tan acelerada y confusa que en demasiados momentos cuesta saber qué demonios está pasando. El problema es especialmente grave porque termina desluciendo por completo a Jet Li, uno de los artistas marciales más espectaculares de su generación.

Entre tiros, explosiones, montaje frenético y encuadres poco agradecidos, apenas podemos disfrutar de la precisión, velocidad y elegancia de sus movimientos. Y eso, tratándose de una película protagonizada por Jet Li, es casi imperdonable.

La estética de superhéroe urbano y ciencia ficción tiene cierto encanto noventero, pero no basta para compensar una historia floja y unas escenas de acción muy por debajo de lo que cabría esperar.


La mejor escena de lucha:

Probablemente alguno de los enfrentamientos del tramo final, donde Jet Li consigue lucirse algo más pese al montaje. Aun así, incluso los mejores momentos están lejos de aprovechar realmente su enorme talento marcial.


Resumen:

Black Mask tuvo cierta repercusión internacional y puede conservar algo de encanto para los nostálgicos del cine de acción hongkonés de los noventa, pero dentro de la filmografía de Jet Li resulta completamente prescindible.

Los fans acérrimos probablemente encuentren algo que disfrutar. Yo, personalmente, a la media hora ya estaba deseando que terminase.


Nivel de hostias: 🥊

Crítica de Ichi the Killer (Japón, 2001) de Takashi Miike

Una de las películas que más me sorprendió en su época.

Ichi the Killer es espectacular, violenta, divertida, enfermiza, hipersangrienta y sorprendentemente profunda. Se le pueden aplicar mil adjetivos porque estamos ante una película extraordinariamente rica en matices, cine en estado puro y con una personalidad que muy pocos directores aparte de Takashi Miike serían capaces de imprimir.

La cinta está llena de aciertos. Para empezar, una banda sonora magnífica, fundamental para construir ese ambiente perturbador y casi hipnótico. También destacan unos personajes absolutamente carismáticos, a cuál más excéntrico, bizarro y trastornado, dentro de un universo donde la violencia parece formar parte natural de la personalidad de todos ellos.

Visualmente, Miike está desatado. Su inventiva es constante, pero nunca gratuita: encuadres, colores, movimientos de cámara y explosiones de violencia convierten muchas escenas en imágenes imposibles de olvidar.

Y todo esto no tendría demasiado valor sin un guion mucho más interesante de lo que puede parecer a simple vista. Bajo toda su exageración hay una reflexión enfermiza sobre el dolor, el deseo, el sadismo, la identidad y la necesidad de violencia, rematada además por un final abierto a múltiples interpretaciones.


La mejor escena de acción:

Resulta difícil elegir una sola, porque toda la película está construida alrededor de estallidos de violencia absolutamente demenciales. Pero el enfrentamiento final resume perfectamente el espíritu de la cinta: brutalidad, humor negro, sadismo y una puesta en escena completamente desquiciada.


Resumen:

Ichi the Killer es una película incómoda, extrema y nada apta para todos los públicos, pero también una de las obras más personales y fascinantes de Takashi Miike.

Violenta hasta lo absurdo, visualmente inolvidable y mucho más profunda de lo que aparenta.

Obra maestra.



Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de El Cuervo (Estados Unidos, 1994) de Alex Proyas, con Brandon Lee

Quizá sea mi película preferida... Ya lo delata mi imagen en redes sociales.

El Cuervo es una obra poética, oscura y profundamente melancólica, una mezcla de géneros cautivadora en la que lo romántico se funde con el terror, el drama y la acción más desenfrenada.

Estéticamente es una película impresionante. La fotografía crea un ambiente onírico, decadente y tremendamente oscuro que acabaría marcando un estilo fácilmente reconocible en producciones posteriores. Basta con pensar en películas como Blade o Matrix para percibir parte de esa influencia visual.

Alex Proyas, que años después se consagraría definitivamente con la también excelente Dark City, dirige la película con enorme personalidad y un ritmo magnífico. Es de esas cintas que, pese a conocer de memoria, continúan funcionando visionado tras visionado.

La banda sonora merece también una mención especial, tanto por el excelente trabajo de Graeme Revell como por la selección de canciones, perfectamente integrada en el espíritu de la película. Todo respira esa sensación de decadencia, tristeza y pesimismo tan propia de cierta juventud de principios de los noventa.

Brandon Lee tampoco era un actor extraordinario, pero aquí encontró el personaje perfecto. Supo transmitir con enorme eficacia la tristeza, la rabia y la desesperación de Eric Draven, el magnífico personaje creado por James O'Barr.

Hay además un detalle especialmente interesante visto con perspectiva: Chad Stahelski participó en la película como doble de Brandon Lee y, tras la muerte del actor, fue utilizado en algunas de las escenas necesarias para completar el rodaje. Stahelski y Lee se conocían y habían entrenado juntos, algo que facilitó que pudiera reproducir parte de su forma de moverse.

Aquella experiencia cobra todavía más importancia décadas después. Stahelski acabaría convirtiéndose en uno de los grandes especialistas y directores de acción de Hollywood y cofundaría junto a David Leitch 87Eleven Action Design, compañía decisiva en la renovación del cine de acción estadounidense y de la que terminarían surgiendo películas como John Wick. De algún modo, El Cuervo forma parte de la prehistoria de esa escuela moderna de especialistas que apuesta por intérpretes físicamente preparados, coreografías elaboradas y una acción donde el movimiento pueda verse con claridad.


La mejor escena de acción:

El asalto al edificio de Top Dollar resume perfectamente el espíritu de la película: estilización, violencia, oscuridad y un Brandon Lee entregado por completo al personaje.


Resumen:

El Cuervo es, para mí, una de las mejores películas genuinamente góticas jamás realizadas.

Visualmente fascinante, emocionalmente poderosa, musicalmente inolvidable y protagonizada por un Brandon Lee que convirtió a Eric Draven en un icono eterno. Además, contemplada hoy, resulta fascinante encontrar en ella los primeros pasos de Chad Stahelski, futuro fundador de 87Eleven y uno de los responsables de transformar el cine de acción moderno.

Una obra maestra con todas las de la ley, y la película que mejor ha retratado esa melancolía y desesperación de la generación grunge de principios de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de Versus (Japón, 2000) de Ryuhei Kitamura, con Tak Sakaguchi

Alucinante y divertidísima. Así definiría Versus, una de esas películas que parecen hechas sin frenos (y sin presupuesto) y con la única intención de desatar toda la energía posible en pantalla.

Ryuhei Kitamura mezcla gore a raudales, zombis, yakuzas, artes marciales, tiroteos y una estupenda ambientación boscosa que termina convirtiéndose casi en un personaje más. La historia es sencilla, pero funciona perfectamente como motor para mantener la intriga y empujar al espectador hacia un desenlace absolutamente desatado.

Gran parte de la fuerza de la película está en Tak Sakaguchi, que todavía estaba lejos de convertirse en el actor de culto que sería después, pero que aquí ya demuestra un carisma físico enorme y una presencia muy particular. No siempre es el intérprete más sutil, pero encaja perfectamente en el tono exagerado de la cinta.

También es fundamental el trabajo de Yuji Shimomura, responsable de unas coreografías que aportan velocidad, claridad y personalidad a los combates. Sus peleas están rodadas con un ritmo tremendo y tienen ya ese gusto por la acción física directa que más tarde perfeccionaría en muchos otros trabajos.

Lo único que juega algo en contra son ciertos personajes secundarios prescindibles y algunos momentos que alargan innecesariamente el metraje. Pero son defectos menores dentro de una propuesta tan excesiva y única.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es sencillamente apoteósico. Espadas, golpes, saltos, sangre y una energía absolutamente desatada convierten el clímax en el resumen perfecto de todo lo que propone la película.


Resumen:

Versus es una obra de culto imprescindible para aficionados al gore, al cine de acción y a las artes marciales.

Descarada, violenta, creativa y tremendamente divertida, supuso además una carta de presentación espectacular para Tak Sakaguchi, Yuji Shimomura y Ryuhei Kitamura.

Una auténtica locura.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Fight Against Evil (China, 2021) de Qin Pengfei, con Miao Xie

Fight Against Evil confirma especialmente en su tramo final por qué Qin Pengfei se ha convertido en uno de los directores de acción más interesantes del panorama actual. Su capacidad para construir coreografías complejas y utilizar el escenario como parte activa del combate vuelve a ser uno de los grandes atractivos de la película.

Técnicamente estamos ante una producción muy solvente, con buena fotografía, montaje y diseño de producción. Sin embargo, no termina de convencerme el abuso de la cámara al hombro. Puede aportar intensidad, pero también impide apreciar con claridad algunas coreografías que habrían ganado muchísimo con una cámara más estable.

Comparada con la anterior colaboración entre Qin Pengfei y y el protagonista de The Furious Miao Xie, As God, me parece una película un poco inferior. Eso sí, resulta interesante comprobar que el director no se limita a repetirse: mientras aquella abrazaba un wuxia mucho más tradicional y cargado de cables, aquí apuesta por una acción moderna, física y brutal con una evidente influencia de The Raid.

El mayor problema está en el guion. La combinación de thriller criminal, gánsteres y melodrama familiar nunca termina de funcionar del todo, con momentos emocionales algo forzados y personajes secundarios poco desarrollados.

Afortunadamente, Miao Xie vuelve a mostrarse tremendamente sólido como protagonista y sostiene buena parte de la película gracias a su presencia y excelentes capacidades marciales.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final en el autobús es, con diferencia, el gran momento de la película. Qin Pengfei aprovecha magníficamente el escenario y lo convierte en parte de una coreografía rápida, contundente e imaginativa, demostrando nuevamente su talento para la acción física.


Resumen:

Fight Against Evil para mi gusto queda un pelín por debajo de la anterior colaboración entre Miao Xie y Qin Pengfei As God, pero sigue siendo un thriller de artes marciales bastante recomendable.

Su irregular guion y el excesivo uso de cámara al hombro juegan en su contra, pero las excelentes secuencias de acción y su buena factura compensan gran parte de sus defectos.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Wings of Dread (China, 2026) de Qin Pengfei, con Iko Uwais y Ashton Chen

Si algo demuestra Wings of Dread es que Iko Uwais continúa siendo, por méritos propios, una de las mayores estrellas del cine de acción actual.

El argumento apenas es una excusa para encadenar una set piece tras otra, pero la película tiene muy claro lo que hemos venido a ver: artes marciales espectaculares ejecutadas al máximo nivel.

Uwais está pletórico. Su velocidad, precisión, carisma físico y presencia en pantalla siguen siendo extraordinarios, recordándonos constantemente por qué se convirtió en una estrella internacional con The Raid. A ello ayuda el trabajo de Rama Ramadhan junto al equipo chino de acción, responsable de unas coreografías brutales, imaginativas y perfectamente adaptadas a las limitaciones del escenario.

Y precisamente ahí aparece una de las grandes virtudes del director Qin Pengfei: su increíble capacidad para rodar acción en espacios reducidos. Pasillos estrechos, asientos, compartimentos de carga o un diminuto baño se convierten en auténticos campos de batalla, aprovechando cada pared, asiento y objeto disponible sin que las peleas pierdan claridad. Es un terreno en el que Pengfei se mueve especialmente bien y aquí vuelve a demostrarlo.

Ashton Chen tampoco está aquí únicamente para acompañar a Uwais. Su nivel marcial sigue siendo extraordinario y sus enfrentamientos permiten disfrutar de un kung-fu mucho más tradicional frente al silat explosivo del indonesio. Su duelo en la bodega del avión es especialmente vistoso y aprovecha incluso las turbulencias para añadir dificultad al combate.

Eso sí, los momentos más cómicos pueden atribuirse en buena medida a la participación de Ashton Chen en la dirección. Funcionan de manera irregular y en ocasiones rompen un poco el tono de una película que, cuando se pone seria, resulta bastante más efectiva.

Tampoco ayuda demasiado una historia bastante pobre ni un patriotismo chino tan exagerado que en determinados momentos llega a distraer.


La mejor escena de lucha:

La espectacular pelea dentro del diminuto baño del avión entre Qu Jingjing, protagonista de The Bodyguard, y Hong Shuang.

Dos luchadoras metidas literalmente en un espacio donde apenas cabe una persona, utilizando paredes, techo y cada centímetro disponible para construir una coreografía feroz y tremendamente imaginativa. Es posiblemente el mejor ejemplo de la habilidad de Qin Pengfei para convertir los espacios cerrados en una ventaja en lugar de una limitación.

Muy cerca quedan los enfrentamientos entre Ashton Chen e Iko Uwais.


Resumen:

Wings of Dread tiene un argumento endeble, algunos momentos cómicos discutibles y ciertos excesos patrióticos, pero cuando empieza la acción todo eso pasa rápidamente a segundo plano.

Iko Uwais continúa siendo extraordinario, Ashton Chen demuestra que sigue poseyendo unas capacidades marciales impresionantes y Qin Pengfei vuelve a confirmar que pocos directores actuales saben sacar tanto partido a una pelea rodada en espacios mínimos.

Para los aficionados a la acción física, clara y contundente, una cita prácticamente obligatoria.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Estragos (Reino Unido - Estados Unidos, 2025) de Gareth Evans, con Tom Hardy

Havoc, en España conocida como Estragos y que es hasta ahora la última película de Gareth Evans, llegaba con unas expectativas altísimas... Que empiezan a desinflarse prácticamente desde el principio.

El principal problema está en un guion flojo, genérico y sorprendentemente poco interesante. Cuando por fin llega la acción, uno ya está demasiado aburrido como para que ni siquiera las habituales coreografías de Evans consigan levantar por completo la película.

Y eso que técnicamente siguen siendo espectaculares. El problema es que aquí todo está llevado hasta tal extremo que por momentos roza lo ridículo, acercándose mucho más al tono hiperbólico de Gangs of London que a la precisión, claridad y contundencia de The Raid.

Evans sigue demostrando que funciona mucho mejor en el cuerpo a cuerpo que en los tiroteos. Las peleas físicas son claramente lo mejor de la cinta, pero ni siquiera ellas consiguen compensar un conjunto tan irregular.

Tampoco ayuda un Tom Hardy que parece funcionar con el piloto automático puesto, acompañado por un reparto bastante poco inspirado. A eso hay que sumar unos efectos digitales y unos escenarios artificiales que terminan restando todavía más fuerza al resultado.


La mejor escena de lucha:

El tramo final contiene los mejores momentos de combate cuerpo a cuerpo, donde Gareth Evans vuelve a demostrar parte de su talento para la violencia física y las coreografí
as contundentes.

Aun así, queda muy lejos de sus mejores trabajos.


Resumen:

Havoc es una decepción considerable.

Tiene algunos destellos del Gareth Evans que todos conocemos, pero quedan sepultados bajo un guion anodino, una acción excesivamente exagerada y una puesta en escena demasiado artificial.

Al final, más que satisfacer las ganas de volver a ver a Evans en plena forma, consigue que echemos todavía más de menos una hipotética The Raid 3.


Nivel de hostias: 🥊🥊

OldBoy (Corea del Sur, 2003) de Park Chan-wook, con Choi Min-sik

Podría decir que Shiri, Nowhere to Hide y La Isla fueron mi puerta de entrada al cine surcoreano. Pero fue OldBoy la película que realmente me abrió los ojos y me hizo comprender que en aquel país estaba surgiendo algo extraordinario en términos de calidad cinematográfica.

Todavía recuerdo salir del cine pensando que nunca había visto algo tan visceral, tan extraño y, al mismo tiempo, tan auténtico. Park Chan-wook construye una película brutal, enfermiza y profundamente íntima, pero rodada con una personalidad visual arrolladora.

OldBoy funciona como thriller de venganza, drama psicológico y tragedia retorcida, mezclando violencia, humor negro y estilización sin que ninguna de esas piezas termine rompiendo el conjunto. Choi Min-sik ofrece además una interpretación descomunal, física y emocionalmente agotadora.


La mejor escena de lucha:

La pelea del pasillo es ya historia del cine. Un plano lateral aparentemente sencillo, multitud de enemigos y un protagonista agotado que continúa avanzando a base de golpes, martillazos y pura obstinación.

No es una coreografía marcial perfecta ni pretende serlo. Precisamente funciona porque transmite cansancio, dolor y desesperación de una forma casi física.


Resumen:

OldBoy no es simplemente una gran película coreana ni un excelente thriller de venganza. Es una experiencia difícil de olvidar y uno de los grandes hitos del cine moderno.

Violenta, enfermiza, artística y profundamente humana, confirmó que el cine surcoreano había llegado para quedarse.

Para mí, una obra maestra absoluta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊

Crítica de The Bodyguard (China, 2024) de Qin Pengfei

Qin Pengfei continúa demostrando con The Bodyguard por qué se ha convertido en uno de los nombres más interesantes de la nueva ola del cine de acción chino, aunque en esta ocasión el resultado sea algo más irregular que en trabajos como Fight Against Evil 2, Curbing Violence o Black Storm.

La protagonista absoluta es Qu Jingjing, estupenda como una antigua francotiradora de las fuerzas especiales convertida en guardaespaldas. A su alrededor encontramos varios rostros habituales de esta nueva generación, como Ashton Chen en un pequeño pero sabroso papel y, sobre todo, Liu Fengchao, que aquí asciende de habitual matón o secundario de lujo a villano principal. El cambio le sienta estupendamente gracias a su carisma, aunque paradójicamente sus excelentes capacidades marciales podrían haberse aprovechado bastante más.

The Bodyguard tiene acción para dar y tomar. Quizá demasiada. Qin Pengfei parece más inspirado cuando encierra a sus personajes en espacios reducidos, donde su cámara puede acompañar cada golpe y aprovechar el escenario, que cuando traslada las peleas a espacios abiertos. Por ello, pese a contar con una cantidad ingente de acción, las coreografías resultan algo más irregulares que en sus mejores películas.

El argumento tampoco termina de estar demasiado claro. Hay intereses farmacéuticos, información científica, conspiraciones y traiciones, pero en realidad todo funciona como excusa para desarrollar una interminable caza del gato y el ratón entre buenos y malos.


La mejor escena de lucha:

Empate técnico. Por un lado, la espectacular pelea dentro de un coche, que inevitablemente recuerda a The Raid 2 y aprovecha magníficamente el reducido espacio, aunque sin alcanzar aquella barbaridad.

Por otro, el excelente enfrentamiento entre Qu Jingjing y Yang Xing, otra magnífica pelea femenina que confirma (por enésima vez) el talento de Qin Pengfei para rodar combates en espacios cerrados.


Resumen:

The Bodyguard no está entre las mejores películas de Qin Pengfei. Su exceso de acción juega ocasionalmente en su contra y el argumento resulta bastante confuso, pero cuando acierta ofrece secuencias verdaderamente espectaculares.

Además, el cameo final de un personaje importante de otra cinta que no voy a revelar para no arruinar la sorpresa, continúa construyendo ese curioso universo compartido que Qin Pengfei parece estar creando alrededor de sus películas.

Para los seguidores de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, con combates físicos, contundentes y claras influencias de The Raid, resulta más que recomendable.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

viernes, 21 de agosto de 2026

Crítica de Karate a Muerte en Bangkok (Hong Kong, 1971) con Bruce Lee

Karate a muerte en Bangkok tiene un valor histórico indiscutible: fue la película que convirtió a Bruce Lee en una gran estrella del cine de Hong Kong. Y eso tiene todavía más mérito teniendo en cuenta que detrás de las cámaras estaba Lo Wei, director que posteriormente demostraría sus enormes limitaciones en muchas de sus películas con Jackie Chan.

La cinta presenta un argumento bastante pobre, situaciones inverosímiles y algunas decisiones dramáticas sorprendentemente crueles, incluyendo muertes que hoy resultan gratuitas y difícilmente justificables.

Tampoco ayuda su estridente banda sonora, repleta de rock psicodélico que en demasiadas ocasiones, en lugar de acompañar la acción, termina distrayendo. Tiene cierto encanto setentero, pero funciona francamente mal.

Y entonces aparece Bruce Lee.

Como actor todavía estaba algo verde, pero físicamente resulta absolutamente magnético. Sus poses, su velocidad, sus increíbles patadas y, sobre todo, su presencia transforman completamente la película. Ya existía cine de artes marciales antes de Bruce Lee, pero aquí el cuerpo del luchador se convierte definitivamente en espectáculo: su forma de moverse y combatir pasa a ser protagonista absoluta de la pantalla.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con la primera gran pelea de Bruce Lee en la fábrica de hielo, incluso por encima del enfrentamiento final, algo perjudicado por ciertos saltos y un uso bastante extraño de los cables.

Cuando Lee se quita el medallón y decide enfrentarse a una multitud de adversarios, la película cambia por completo. Velocidad, potencia y un carisma descomunal: en ese momento queda claro que había nacido una estrella.


Resumen:

Karate a muerte en Bangkok es una película bastante mediocre, con un guion paupérrimo, decisiones argumentales incomprensibles y una banda sonora horrorosa.

Pero tiene algo que compensa parcialmente todo lo demás: Bruce Lee. Aquí comenzó una fulgurante carrera como protagonista que no dejaría de crecer hasta su prematura muerte.

Como película, un aprobado raspado. Como documento histórico del cine de artes marciales, imprescindible.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

jueves, 20 de agosto de 2026

Crítica de El Bueno, El Malo y El Raro (Corea del Sur, 2008) de Kim Jee-woon

The Good, the Bad, the Weird es una explosiva reinterpretación coreana del western, dirigida por un Kim Jee-woon completamente desatado.

La película mezcla tiroteos espectaculares, humor absurdo y una estética pulp cargada de estilo, con ecos de Mad Max, del cómic y, por supuesto, del spaghetti western. La acción es constante y está rodada con una energía tremenda, apoyándose en un montaje muy preciso y una puesta en escena colorista que refuerza ese tono de aventura violenta y casi caricatur
esca.

Jung Woo-sung, Lee Byung-hun y Song Kang-ho forman un trío magnífico. Cada uno interpreta su arquetipo con enorme carisma y personalidad, convirtiéndose en uno de los grandes pilares de la película.

La historia es sencilla, pero funciona perfectamente como excusa para encadenar set pieces cada vez más espectaculares y demostrar el enorme talento técnico de Kim Jee-woon, que poco después llevaría todavía más lejos en I Saw the Devil.

La banda sonora, pegadiza y muy reconocible, termina de potenciar ese tono de aventura salvaje y desvergonzada.


La mejor escena de acción:

La gigantesca persecución final por el desierto es, sin duda, el gran momento de la película. Caballos, vehículos, disparos y explosiones se mezclan en una secuencia larguísima y frenética, rodada con una claridad y una energía extraordinarias.


Resumen:

The Good, the Bad, the Weird no busca profundidad argumental, sino puro espectáculo autoconsciente.

Y en ese terreno funciona de maravilla: es divertida, estilizada, frenética y técnicamente brillante. Una auténtica celebración pop del cine de género hecha con muchísimo talento.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de The Night Comes for Us (Indonesia - Estados Unidos, 2018) de Timo Tjahjanto, con Joe Taslim e Iko Uwais

The Night Comes for Us es, sin duda, una de las mejores películas de acción del nuevo cine de acción indonesio. Quizá no esté rodada con la precisión casi enfermiza de The Raid y The Raid 2, pero se acerca bastante a su nivel... y desde luego es muchísimo más brutal.

El argumento resulta algo confuso en determinados momentos y no siempre tiene demasiado sentido, pero consigue mantener el interés gracias a su ritmo, sus personajes y una atmósfera cada vez más salvaje. Y cuando aparece la acción, la película directamente se desata.

Las coreografías son magníficas, la música acompaña perfectamente y el nivel de violencia alcanza cotas absolutamente demenciales. Timo Tjahjanto convierte cada enfrentamiento en una carnicería, pero sin olvidar nunca la espectacularidad de las artes marciales.

Joe Taslim funciona perfectamente como protagonista, mientras que Iko Uwais ofrece aquí una presencia mucho más oscura de lo habitual.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final entre Joe Taslim e Iko Uwais es una auténtica barbaridad. Largo, agotador, técnico y extremadamente violento, con ambos actores llevando su capacidad física al límite. Una de las mejores peleas del cine de acción moderno.


Resumen:

Si te gusta la vertiente más intensa, sangrienta y desatada del cine de acción, The Night Comes for Us es absolutamente imprescindible.

Está claramente por encima de Headshot y, aunque no alcanza del todo la perfección de las dos películas de The Raid, se queda muy cerca gracias a unas coreografías soberbias y una brutalidad difícil de igualar.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de City Hunter (Hong Kong - Japón, 1993) con Jackie Chan

City Hunter no es una de las películas más recordadas de Jackie Chan... Y con razón, porque desde luego no se encuentra entre sus mejores trabajos.

Lo que sí es esta adaptación del famoso manga japonés es probablemente una de las cintas más alocadas y surrealistas protagonizadas por la estrella de las artes marciales. Wong Jing traslada a imagen real buena parte del humor absurdo del material original, construyendo una sucesión de gags, parodias y situaciones completamente disparatadas.

Eso nos deja momentos inolvidables, como la célebre parodia de Street Fighter II —ver a Jackie Chan convertido en Chun-Li no tiene precio—, la pelea en el cine con Bruce Lee ejerciendo de improvisado mentor desde la pantalla o el delirante baile a lo Michael Jackson durante el tramo final.

Las acrobacias y peleas marca de la casa también están presentes, aunque en menor cantidad y con menos brillantez de lo habitual, ya que aquí la comedia domina claramente sobre las artes marciales.

El reparto también resulta curioso, con Richard Norton, Gary Daniels, Michael Wong y varias caras conocidas del cine de Hong Kong.


La mejor escena de lucha:

Probablemente el enfrentamiento final contra Richard Norton, especialmente por su mezcla de acción, humor y referencias pop (como la parodia antes mencionada). No es una de las grandes peleas de Jackie Chan, pero encaja perfectamente con el tono completamente desquiciado de la película.


Resumen:

City Hunter está lejos del mejor Jackie Chan, pero resulta tremendamente entretenida si se acepta su humor absurdo y su tono de parodia constante.

Irregular, ridícula y excesiva, sí... pero también muy divertida y con varias escenas absolutamente inolvidables.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítca de El Protector (The Protector) (Hong Kong - Estados Unidos, 1985) con Jackie Chan

Segundo asalto de Jackie Chan a Hollywood como protagonista tras el fiasco de La furia de Chicago, y nuevo fracaso comercial para Golden Harvest... aunque, en mi opinión, el resultado cinematográfico es bastante superior.

La película cuenta con numerosas escenas de riesgo ejecutadas con la habitual entrega de Jackie y un par de peleas bastante disfrutables, aunque sin alcanzar el nivel de sus mejores trabajos hongkoneses. Aquí se dejan algo más de lado las artes marciales para apostar por una acción más directa, violenta y típicamente occidental.

La historia no deja de ser otra buddy movie policíaca más, pero gana interés gracias a su traslado a Hong Kong y a las constantes peripecias físicas de Jackie. También ayuda mucho la presencia de Danny Aiello, que aporta carisma y una buena química con el protagonista.

James Glickenhaus rueda la acción con bastante oficio y dota a la película de un tono más duro y seco de lo habitual en Jackie Chan, algo que puede chocar a sus seguidores más clásicos, pero que también le da una personalidad propia.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el mejor momento de artes marciales de la película, con Jackie Chan pudiendo mostrar algo más de velocidad y técnica. No llega a la brillantez de sus coreografías en Hong Kong, pero sí resulta contundente y bastante satisfactorio.


Resumen:

The Protector es una película bastante más interesante de lo que suele reconocerse.

Se aleja del Jackie Chan más cómico y acrobático para ofrecer un policíaco de acción más occidental, pero contiene suficientes escenas espectaculares, riesgo real y adrenalina como para merecer una reivindicación.

No está entre sus grandes obras, pero sí muy por encima de su anterior aventura americana.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de La Furia de Chicago (Hong Kong - Estados Unidos, 1980) con Jackie Chan

Primer asalto serio de Jackie Chan a Hollywood... y sonoro fracaso.

Sobre el papel, la película tenía bastantes papeletas para funcionar. Robert Clouse había dirigido a Bruce Lee en Operación Dragón y Jackie llegaba a Estados Unidos convertido ya en una gran estrella del cine de Hong Kong. Además, la cinta intenta aprovechar buena parte de aquello que lo había hecho famoso: talento natural para la comedia, acrobacias circenses, buenas coreografías y escenas de riesgo ejecutadas por el propio actor.

El problema es que todo aparece demasiado domesticado para el mercado norteamericano. Las peleas son más lentas, el ritmo menos explosivo y el potencial físico de Jackie apenas llega a desplegarse como debería.

Tampoco ayuda un guion bastante previsible y algo blando, aunque tenga algunos momentos cómicos efectivos. La presencia de Mako como instructor aporta algo de carisma y la película conserva ese tono desvergonzado propio de muchas comedias estadounidenses de principios de los ochenta.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es probablemente el momento donde Jackie puede lucirse algo más, aunque incluso ahí queda lejos de la velocidad, creatividad y espectacularidad que mostraba por aquellos mismos años en Hong Kong.


Resumen:

La furia de Chicago fue un intento fallido de adaptar a Jackie Chan al mercado estadounidense, en lugar de permitir que Hollywood se adaptara a Jackie Chan.

No es tan mala como a veces se dice y, de hecho, resulta bastante entretenida, pero sí queda muy por debajo de lo que el actor era capaz de ofrecer entonces.

Un aprobado justo. Jackie tendría que esperar muchos años antes de conquistar definitivamente Occidente.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de El Chino (Hong Kong, 1980) de Jackie Chan

Por fin, en su segunda película como director, Jackie Chan se desmarcó un poco de la fórmula argumental habitual del cine de kung-fu de la época para contarnos la historia de un joven huérfano educado en una escuela de artes marciales que intenta salvar el honor de uno de sus compañeros.

La película destaca por un estilo todavía más circense, físico y malabarístico que en trabajos anteriores del actor. A ello ayuda enormemente la presencia de su amigo y compañero Yuen Biao, uno de los intérpretes más acrobáticos de su generación. Juntos protagonizan algunos de los momentos más brillantes, divertidos y espectaculares de la cinta.

También se aprecia a un Jackie Chan cada vez más seguro detrás de las cámaras, con mayor control del ritmo cómico y de las coreografías.

El problema es que la historia pierde bastante fuerza a medida que avanza. La última parte resulta más desordenada y da cierta sensación de improvisación, como si la película no tuviera muy claro hacia dónde dirigirse.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el brutal enfrentamiento final entre Jackie Chan y Hwang In-shik. Es una pelea larguísima, agotadora y físicamente durísima, donde Jackie recibe una cantidad de castigo casi absurda antes de imponerse. Un combate magnífico que anticipa en cierto modo la resistencia física y el sufrimiento extremo que volveríamos a ver años después en La leyenda del luchador borracho.


Resumen:

The Young Master —titulada en España El Chino— no está entre las mejores películas dirigidas por Jackie Chan, pero sigue siendo una cinta muy recomendable.

Divertida, acrobática y con un combate final memorable, supone además un paso importante en la evolución del estilo que Jackie perfeccionaría durante los años ochenta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hiena Salvaje (Hong Kong - Corea del Sur, 1979) de Jackie Chan

El debut de Jackie Chan como director no supuso realmente una ruptura con respecto a las dos grandes películas que había rodado poco antes junto a Yuen Woo-Ping y que terminaron de consagrarlo como estrella de las artes marciales: La serpiente a la sombra del águila y El mono borracho en el ojo del tigre.

La buena noticia es que Jackie supo mantener prácticamente intacto el nivel de aquellas cintas gracias a unas escenas de acción magníficas, unas coreografías espectaculares y un uso del humor físico que ya empezaba a convertirse en auténtica marca de la casa.

El esquema argumental vuelve a ser el clásico de tantas películas de kung-fu de los setenta: joven impulsivo, entrenamiento, humillación, aprendizaje y enfrentamiento final. Sin embargo, todo está filtrado por la personalidad de Jackie Chan, que mezcla comedia, sentimentalismo y acción con una naturalidad que iría perfeccionando durante la década siguiente.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es claramente el gran momento de la película. Jackie despliega una combinación de velocidad, acrobacias, expresividad y técnica marcial que demuestra hasta qué punto ya dominaba no sólo la interpretación física, sino también la construcción visual de una pelea.


Resumen:

Hiena salvaje es una película fundamental dentro de la primera etapa de Jackie Chan.

No inventa nada nuevo respecto a sus grandes éxitos anteriores, pero confirma que Jackie era perfectamente capaz de mantener ese nivel sin Yuen Woo-Ping detrás de la cámara. Aquí demuestra ser tan eficaz como director y coreógrafo como lo era delante de ella.

Imprescindible para cualquier aficionado al kung-fu clásico y una de las mejores películas de su etapa setentera.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Spiritual Kung Fu (Hong Kong - Taiwán, 1978), con Jackie Chan

Dentro de las muchas películas que Lo Wei rodó a finales de los setenta aprovechando la fama creciente del talentoso Jackie Chan, Spiritual Kung Fu es probablemente una de las más disfrutables.

Eso no quiere decir que estemos ante una gran película de artes marciales, pero al menos resulta bastante divertida. A diferencia de otras cintas menos acertadas como Los Super Guardaespaldas o Meteoro Inmortal, aquí sí se aprovecha adecuadamente la vena cómica de Jackie Chan, terreno en el que el actor se mueve con absoluta naturalidad.

Otro aspecto destacable son los combates, bastante superiores a los que suelen encontrarse en otras películas dirigidas por Lo Wei. Además, aquí están algo mejor filmados, recurriendo con mayor frecuencia a planos generales que permiten apreciar realmente las coreografías y las capacidades físicas de Jackie, en lugar de esos incomprensibles planos medios o cortos que tantas veces restan espectacularidad a este tipo de escenas.

La historia, eso sí, es tremendamente previsible y todo el componente sobrenatural relacionado con los fantasmas resulta bastante ridículo, aunque termina aportando cierto encanto al conjunto.


La mejor escena de lucha:

El combate final es el momento donde mejor se aprovechan las habilidades de Jackie Chan, con una coreografía rápida, acrobática y mucho más cercana al estilo que terminaría definiendo su carrera.



Resumen:

Spiritual Kung Fu es una película menor dentro de la filmografía de Jackie Chan, pero también una de las colaboraciones más entretenidas que realizó con Lo Wei.

Su humor, sus buenas peleas y una puesta en escena algo más acertada de lo habitual compensan una historia bastante simple y unas apariciones fantasmales completamente disparatadas.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Los Superguardaespaldas (Hong Kong, 1978), con Jackie Chan

Otra de las muchas películas que Lo Wei rodó con Jackie Chan a finales de los setenta, aunque Magnificent Bodyguards presenta al menos un par de curiosidades que la hacen algo más interesante que otras colaboraciones entre ambos.

La primera es histórica: fue la primera película de Hong Kong rodada en 3D. Eso se nota constantemente en golpes dirigidos hacia la cámara, objetos lanzados contra el espectador y composiciones pensadas expresamente para aprovechar el efecto. El problema es que hoy resulta difícil disfrutarla tal y como fue concebida originalmente.

La segunda curiosidad es la presencia de Leung Siu-Lung, veterana estrella de las artes marciales que décadas más tarde Stephen Chow recuperaría para interpretar a La Bestia en Kung Fu Hustle. Aquí ya demuestra por qué fue un nombre importante del género, con un estilo de lucha potente y muy depurado.

Por desgracia, la dirección de Lo Wei vuelve a ser bastante torpe y resta fuerza a unas coreografías mucho más interesantes que la propia película. El argumento es sencillo, está contado de forma bastante atropellada y sólo consigue animarse en su tramo final gracias a unos giros tan tramposos como inesperados.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es claramente lo mejor de la película. Jackie Chan y Leung Siu-Lung tienen ocasión de lucirse más que en el resto del metraje, con una coreografía más rápida, técnica y vistosa.


Resumen:

Magnificent Bodyguards tiene cierto interés histórico por su uso pionero del 3D y por reunir a Jackie Chan con Leung Siu-Lung, pero como película resulta bastante mediocre.

Recomendable sólo para aficionados al kung-fu setentero y para completistas de Jackie Chan.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de El Mono Borracho en el Ojo del Tigre (Hong Kong, 1978), de Yuen Woo-Ping, con Jackie Chan

El esquema clásico del cine de kung-fu está aquí en toda su gloria: joven arrogante que abusa de su talento, joven arrogante que la pifia y es humillado, duro entrenamiento con un maestro excéntrico y, finalmente, transformación en héroe a través de un gran enfrentamiento final.

El mono borracho en el ojo del tigre sigue prácticamente al pie de la letra esta fórmula, por lo que argumentalmente no ofrece demasiadas sorpresas. Pero todo eso importa bastante poco cuando Jackie Chan entra en acción.

Aquí disfrutó de mucha más libertad que en películas anteriores como Meteoro inmortal o La mano de la muerte, desarrollando definitivamente esa mezcla tan personal de artes marciales, acrobacias y humor físico inspirado en los grandes cómicos del cine mudo.

El estilo del borracho se convirtió además en una de las señas de identidad más famosas de su carrera, imitado, homenajeado y reutilizado durante décadas.

La película puede resultar algo repetitiva y su estructura es tremendamente previsible, pero las constantes peleas, los entrenamientos y el humor hacen que el metraje avance con enorme facilidad.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento final es el gran momento de la película, con Jackie Chan utilizando todo lo aprendido durante su entrenamiento y desplegando el estilo borracho en una coreografía imaginativa, rapidísima y llena de personalidad.


Resumen:

Drunken Master es una de las mejores películas de la etapa clásica de Jackie Chan y una obra fundamental para entender el nacimiento del estilo que terminaría convirtiéndolo en una leyenda.

Puede que su argumento sea elemental, pero sus coreografías, su humor y el carisma de Jackie la convierten en una cinta absolutamente imprescindible para cualquier amante del cine de artes marciales.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊