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sábado, 22 de agosto de 2026

OldBoy (Corea del Sur, 2003) de Park Chan-wook, con Choi Min-sik

Podría decir que Shiri, Nowhere to Hide y La Isla fueron mi puerta de entrada al cine surcoreano. Pero fue OldBoy la película que realmente me abrió los ojos y me hizo comprender que en aquel país estaba surgiendo algo extraordinario en términos de calidad cinematográfica.

Todavía recuerdo salir del cine pensando que nunca había visto algo tan visceral, tan extraño y, al mismo tiempo, tan auténtico. Park Chan-wook construye una película brutal, enfermiza y profundamente íntima, pero rodada con una personalidad visual arrolladora.

OldBoy funciona como thriller de venganza, drama psicológico y tragedia retorcida, mezclando violencia, humor negro y estilización sin que ninguna de esas piezas termine rompiendo el conjunto. Choi Min-sik ofrece además una interpretación descomunal, física y emocionalmente agotadora.


La mejor escena de lucha:

La pelea del pasillo es ya historia del cine. Un plano lateral aparentemente sencillo, multitud de enemigos y un protagonista agotado que continúa avanzando a base de golpes, martillazos y pura obstinación.

No es una coreografía marcial perfecta ni pretende serlo. Precisamente funciona porque transmite cansancio, dolor y desesperación de una forma casi física.


Resumen:

OldBoy no es simplemente una gran película coreana ni un excelente thriller de venganza. Es una experiencia difícil de olvidar y uno de los grandes hitos del cine moderno.

Violenta, enfermiza, artística y profundamente humana, confirmó que el cine surcoreano había llegado para quedarse.

Para mí, una obra maestra absoluta.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊🥊