jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de The Rebel (Vietnam, 2007) con Johnny Trí Nguyen

The Rebel es una película que cualquier aficionado al cine de artes marciales debería tener en el radar.

Su principal virtud está, sin duda, en la acción y en la extraordinaria capacidad física de Johnny Trí Nguyen, un artista marcial magnífico cuyo arsenal de patadas resulta espectacular. Por velocidad, elasticidad y variedad de giros, hay momentos en los que incluso puede recordar a Scott Adkins.

La influencia de Ong-Bak y del boom del cine marcial provocado por Tony Jaa resulta evidente, aunque The Rebel consigue adquirir personalidad propia gracias a su ambientación en la Indochina francesa. Esa combinación entre cine histórico y artes marciales le proporciona una estética bastante diferente a la de otras producciones surgidas durante aquellos años.

Las peleas pueden parecer ocasionalmente algo lentas (se nota que estamos en la época pre-Gareth Evans), pero son físicas, contundentes y permiten apreciar perfectamente las habilidades de sus intérpretes.

El problema llega cuando dejan de repartirse hostias. El ritmo se vuelve demasiado irregular, algunas escenas dramáticas se prolongan innecesariamente y Johnny Trí Nguyen resulta bastante más convincente peleando que interpretando. Su presencia física es indiscutible, pero determinados momentos emocionales dejan claras sus limitaciones como actor.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final entre Johnny Trí Nguyen y Dustin Nguyen, que interpreta al despiadado Sy. Dustin, rostro conocido también por trabajos como 21 Jump Street y, posteriormente, la serie Warrior, construye aquí un antagonista tremendamente carismático y peligroso.

El combate permite a ambos actores soltarse sin cortapisas y Johnny despliega algunas de sus patadas y giros más espectaculares. ¡Hay incluso movimientos aéreos de rotación completa que recuerdan a las patadas de 720 grados!


Resumen:

The Rebel podría haber sido una gran película de artes marciales con un ritmo más ajustado y mejores escenas dramáticas.

No lo consigue, pero cuando comienza la acción demuestra por qué Johnny Trí Nguyen merece mucha más atención entre los aficionados al género.

Física, contundente y con una identidad vietnamita muy marcada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Run Amuck (China, 2019) de Qin Pengfei

Run Amuck puede considerarse una especie de adaptación no oficial de PlayerUnknown's Battlegrounds, y cualquiera que haya pasado unas cuantas horas en el videojuego reconocerá rápidamente sus continuos homenajes a la jugabilidad, las situaciones, los detalles e incluso algunos de sus memes.

Más allá de esa curiosidad, sin embargo, la película tiene bastante poco que ofrecer.

Su mayor interés está en que supone el debut como director de Qin Pengfei, uno de los nombres fundamentales de lo que yo llamo la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, surgida a finales de la década de 2010 y cada vez más consolidada.

Y aunque aquí todavía estamos muy lejos del nivel que alcanzaría posteriormente en películas como Fight Against Evil 2, Curbing Violence o The Bodyguard, ya pueden apreciarse algunos rasgos de su estilo.

Especialmente interesantes resultan las escenas rodadas en interiores. Cuando aparece el gun-fu —bastante básico todavía— y Qin Pengfei puede utilizar paredes, puertas, muebles y espacios reducidos como parte activa de la acción, la película mejora considerablemente.

Curiosamente, esta acabaría convirtiéndose en una de sus grandes especialidades. Qin Pengfei siempre parece desenvolverse mejor cuando encierra a sus personajes y obliga a la coreografía a adaptarse al escenario. En grandes espacios abiertos, en cambio, su acción suele perder algo de personalidad.


La mejor escena de acción:

Me quedo precisamente con los enfrentamientos en interiores.

No son especialmente sofisticados y están muy lejos de lo que Qin Pengfei sería capaz de hacer años después, pero ya contienen pequeños destellos de su gusto por combinar disparos, cuerpo a cuerpo y utilización constante del entorno.

Vistos retrospectivamente, resultan casi más interesantes por lo que anticipan que por su calidad real.


Resumen:

Run Amuck es una película divertida por momentos, especialmente para quienes conozcan PUBG, pero también tremendamente olvidable.

Tiene un par de buenas escenas de acción y poco más.

Su verdadero valor está en contemplarla hoy como el modesto punto de partida de Qin Pengfei, un director que terminaría convirtiéndose en una de las figuras esenciales de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Rey de Asesinos (Hong Kong, 1998) con Jet Li

Después de ver Rey de asesinos resulta bastante fácil comprender por qué Jet Li decidió abandonar temporalmente el cine de Hong Kong para probar suerte en Hollywood.

La sensación general es que la industria hongkonesa ya no sabía demasiado bien qué hacer con una de sus mayores estrellas de las artes marciales.

Aquí Jet Li interpreta a un personaje bastante plano, poco desarrollado y sorprendentemente carente de carisma. Y eso pesa mucho si lo comparamos con trabajos como Fist of Legend o Érase una vez en China, donde su presencia física y marcial dominaba absolutamente la pantalla.

Lo peor es que sus extraordinarias capacidades quedan claramente desaprovechadas. Hay acción, sí, pero pocas veces se construye alrededor de aquello que Jet Li hacía mejor. Faltan peleas realmente memorables, mejores coreografías y una puesta en escena capaz de explotar su velocidad y precisión.

El reparto cuenta con rostros conocidos como Simon Yam, que aporta algo más de presencia al conjunto, pero ni siquiera eso consigue elevar demasiado una película que parece funcionar con el piloto automático.


La mejor escena de lucha:

Cuesta elegir una porque, sinceramente, no hay ninguna pelea realmente memorable.

Quizá me quedaría con el tramo final en el que participa Simon Yam, más por su intensidad y por algunos stunts bastante divertidos que por la calidad puramente marcial.

Y precisamente eso resume bastante bien el problema de la película: uno termina buscando lo mejor entre escenas secundarias porque Jet Li nunca recibe un combate verdaderamente digno de su talento.


Resumen:

Rey de Asesinos es una película menor dentro de la filmografía de Jet Li.

Tiene algún momento entretenido y los completistas podrán encontrar cierto interés, pero el protagonista está sorprendentemente desaprovechado y las escenas de acción quedan muy lejos del nivel que había alcanzado pocos años antes.

Vista hoy, casi parece el síntoma definitivo de que Jet Li necesitaba un cambio de aires.

Y Hollywood estaba a punto de llegar.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de The Smashing Machine (Estados Unidos, 2025), de Benny Safdie, con Dwayne Johnson

Tras su separación creativa y personal, los hermanos Safdie estrenaron en 2025 sendas películas deportivas sobre hombres consumidos por su obsesión competitiva, aunque tomando caminos muy diferentes.

Mientras Marty Supreme acaparó buena parte de la conversación mediática, The Smashing Machine tuvo una trayectoria comercial mucho más discreta. Personalmente, sin embargo, me parece claramente la mejor de las dos.

Benny Safdie evita convertir la vida de Mark Kerr en el típico relato deportivo de ascenso, caída y redención. La película mantiene un ritmo pausado pero nunca aburrido y, sobre todo, consigue algo que para mí Marty Supreme no lograba: que realmente me importen sus personajes.

Y buena parte del mérito pertenece a Dwayne Johnson.

Estamos probablemente ante la mejor interpretación de su carrera. The Rock contiene prácticamente todos los tics que han caracterizado su faceta como estrella y consigue transmitir la vulnerabilidad que escondía un luchador aparentemente invencible. Para mi gusto, su trabajo merecía perfectamente una nominación al Oscar.

Eso sí, existe un problema evidente: Johnson es demasiado mayor para interpretar al Mark Kerr de esta etapa. La historia abarca principalmente el periodo 1997-2000, cuando Kerr rondaba los 30 años, mientras que Johnson superaba los 50 durante el rodaje. Su extraordinario estado físico y su experiencia como luchador profesional ayudan muchísimo a vender el personaje y aportan credibilidad a los combates, pero creo que un actor más joven podría haber funcionado igual o incluso mejor.

El reparto que lo rodea también ayuda enormemente. Especialmente interesante resulta Ryan Bader, auténtico campeón de MMA, interpretando a Mark Coleman. Su experiencia real aporta una fisicidad extraordinaria a los combates; de hecho, Bader explicó que algunos golpes rodados en el suelo fueron reales para aumentar su autenticidad.


La mejor pelea:

Para mí, curiosamente, ni siquiera pertenece a Mark Kerr.

Me quedo con Mark Coleman (Ryan Bader) contra Igor Vovchanchyn (Oleksandr Usyk) durante la final del PRIDE Grand Prix 2000. Usyk, campeón mundial de boxeo, interpreta al mítico luchador ucraniano, mientras Bader aporta su enorme experiencia real en MMA

Es un enfrentamiento corto, brutal y tremendamente convincente, además de reproducir un combate histórico en el que Coleman derrotó realmente a Vovchanchyn.


Resumen:

The Smashing Machine no reinventa el drama deportivo, pero posee humanidad, buenos personajes, combates sorprendentemente auténticos y un Dwayne Johnson que finalmente demuestra que detrás de la gigantesca estrella de acción también había un actor dramático esperando una oportunidad como esta.

Para mí, bastante mejor que Marty Supreme, y de obligatorio visionado si te gusta el mundo de las artes marciales mixtas. 


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Storm Warriors (Hong Kong, 2009) de los Hermanos Pang

La magia y el encanto que hicieron de The Storm Riders una película tan memorable desaparecen casi por completo en esta desastrosa secuela.

The Storm Warriors comete tres errores especialmente graves. El primero es visual: gran parte de la acción transcurre en cuevas y escenarios cerrados que parecen decorados baratos rodeados de fondos digitales poco convincentes. Hay algunos hallazgos visuales interesantes y planos aislados con cierta fuerza, pero son demasiado escasos para compensar un conjunto sorprendentemente artificial.

El segundo problema está en los personajes. Apenas existe desarrollo dramático y resulta muy difícil implicarse emocionalmente con héroes o villanos. Todo parece estar construido únicamente para conducirnos de una escena fantástica a la siguiente.

Y el tercero, quizá el más imperdonable para El Arte de Hostiar, está en la acción. Las peleas son sorprendentemente mediocres, con demasiado movimiento de cámara, montaje frenético y muy poca sensación de coreografía real. En lugar de aprovechar el potencial marcial del reparto, la película intenta esconder sus carencias detrás de efectos, aceleraciones y ruido visual.

Los hermanos Pang demuestran aquí que no estaban especialmente preparados para manejar una producción fantástica de estas características.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento contra el principal antagonista, interpretado por Simon Yam, es probablemente el momento más aprovechable.

No es una gran pelea, pero al menos concentra algo de tensión y permite disfrutar de una puesta en escena algo más clara que en otros combates del film.


Resumen:

The Storm Warriors es una secuela fallida en prácticamente todos los aspectos.

Tiene algún hallazgo visual aislado y un reparto atractivo, pero pierde la personalidad de la primera película, desaprovecha a sus personajes y ofrece unas escenas de acción muy por debajo de lo esperado.

Una fantasía vacía, artificial y completamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊

miércoles, 26 de agosto de 2026

Crítica de Curbing Violence (China, 2024) de Qin Pengfei

Qin Pengfei vuelve a demostrar por qué se ha convertido en uno de los directores más fiables e importantes de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino. En esta ocasión mezcla la atmósfera oscura, enfermiza y violenta del thriller criminal coreano con las espectaculares coreografías que se han convertido ya en su principal seña de identidad.

Y lo mejor de Curbing Violence es precisamente el equilibrio. No tiene una cantidad descomunal de peleas como The Bodyguard, pero aquí el thriller y la acción se complementan perfectamente. La historia mantiene el interés y crea una atmósfera opresiva que consigue que, cuando finalmente llegan las hostias, estas tengan todavía mayor impacto.

La protagonista es Jiang Luxia, toda una veterana del cine de acción chino, y está estupenda como Qiu Yizhao. Tiene presencia física, velocidad y contundencia suficientes para cargar con una película especialmente exigente en este aspecto.

Frente a ella encontramos a Bao Bei'er, magnífico como Cheng Jie. Es un antagonista despreciable, excesivo y perturbador, y resulta especialmente interesante que Qin Pengfei volviera a utilizarlo como villano en Black Storm. En ambas películas demuestra una enorme facilidad para interpretar a personajes repulsivos y peligrosos.

Y luego tenemos la aparición de Miao Xie, recuperando nada menos que a Li Hongqi, su personaje de Fight Against Evil. Es un cameo breve, pero roba absolutamente cada segundo en pantalla y refuerza esa curiosa sensación de universo compartido que Qin Pengfei ha ido construyendo entre algunas de sus películas.



La mejor escena de lucha:

Precisamente, Miao Xie y Jiang Luxia luchando mano a mano.

Para mí es el gran momento de la película. Dos artistas marciales tremendamente dotados trabajando juntos dentro de una secuencia rápida, física y brutal, donde Qin Pengfei vuelve a mostrar su enorme talento para mantener la acción perfectamente legible sin sacrificar velocidad ni contundencia.


Resumen:

Curbing Violence es uno de los trabajos más completos de Qin Pengfei.

Quizá sus mejores escenas de acción no alcancen por muy poco el extraordinario nivel de Fight Against Evil 2, pero como película ofrece un equilibrio incluso mejor entre thriller, atmósfera y violencia.

Oscura, desagradable cuando tiene que serlo y con una acción que, cuando aparece, es sencillamente de 24 quilates.

Una recomendación clarísima para cualquier seguidor de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Detective Chen 2 (China, 2026) de Ashton Chen y Qin Pengfei

Detective Chen 2 supone un avance bastante evidente respecto a la primera película. Ashton Chen continúa creciendo como director, pero esta vez cuenta con la ayuda de todo un maestro de la nueva ola del cine de acción chino: Qin Pengfei. Y la diferencia se nota, sobre todo, donde más importa para El Arte de Hostiar: en las peleas.

La película contiene una enorme cantidad de acción, claramente superior en calidad y cantidad a la primera entrega. Qin Pengfei aporta su habitual capacidad para construir combates rápidos, físicos y contundentes, aprovechando especialmente bien los espacios reducidos y utilizando el escenario como parte activa de las coreografías.

Ashton Chen está fantástico en este terreno. Sus capacidades marciales nunca estuvieron en duda, pero resulta especialmente satisfactorio comprobar cómo continúa creciendo también como actor y director, mostrando cada vez mayor presencia dramática sin perder su velocidad, precisión y magnetismo físico.

El guion mejora respecto al original y resulta algo más directo, aunque continúa siendo innecesariamente enrevesado. Demasiados giros, personajes ambiguos y situaciones inverosímiles provocan que ocasionalmente cueste incluso saber quién está realmente de cada lado.

También resulta muy agradable reencontrarse con numerosos rostros de la primera entrega, algo que aporta continuidad y hace que quienes ya hayan visto aquella disfruten todavía más esta segunda aventura.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, Ashton Chen contra Huang Tao, a quien ya vimos como Li Jiulang, uno de los principales antagonistas de Eye for an Eye 2.

El combate se desarrolla en una buhardilla repleta de travesaños, vigas y maderas que Qin Pengfei aprovecha magistralmente. La cámara se introduce entre ambos luchadores mientras el propio escenario condiciona constantemente sus movimientos, creando una pelea rápida, física y tremendamente espectacular.

Para mí, es la mejor escena de acción de la película, aunque la divertidísima secuencia del tranvía le disputa seriamente el puesto.


Resumen:

Detective Chen 2 mejora claramente a su predecesora: mejor ritmo, argumento algo más sencillo y, sobre todo, muchísima más y mejor acción.

Sigue complicándose demasiado narrativamente, pero la combinación Ashton Chen–Qin Pengfei funciona estupendamente y confirma la evolución del primero como artista marcial, actor y director.

Una buena película de artes marciales y una secuela claramente superior.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de El Puño del Dragón Rojo (Hong Kong, 1993) de Yuen Woo-ping, con Donnie Yen

Muy en la línea de la saga Érase una vez en China, El Puño del Dragón Rojo está lejos de ser un clásico de las artes marciales. Para alcanzar semejante categoría necesitaría una historia bastante más coherente, menos humor absurdo y unos personajes mucho mejor desarrollados.

Pero cuando detrás de las escenas de acción tenemos a Yuen Woo-ping, siempre hay motivos para seguir mirando.

Su desbordante imaginación vuelve a ser el principal atractivo de la película. Estamos ante ese cine de Hong Kong de principios de los 90 donde parecía que cualquier cosa era posible: personajes volando mediante cables, movimientos imposibles, objetos convertidos en armas y coreografías frenéticas que anteponen el espectáculo y la creatividad a cualquier pretensión de realismo.

Y además tenemos a Donnie Yen, todavía varios años antes de convertirse en la superestrella internacional que conocemos actualmente, demostrando ya una velocidad, precisión y capacidad física extraordinarias. Cuando la película le permite soltarse, resulta difícil apartar los ojos de la pantalla.

El problema es todo lo que ocurre entre pelea y pelea. El argumento resulta confuso, el humor ha envejecido regular y algunas situaciones son tan exageradas que terminan restando fuerza a la propia historia.


La mejor escena de lucha:

El gran enfrentamiento final.

Narrativamente no termina de funcionar demasiado bien, pero como espectáculo de acción es precisamente donde El Puño del Dragón Rojo encuentra su razón de ser.

Cables, acrobacias imposibles, golpes a una velocidad endiablada y una creatividad desbordante ejemplifican perfectamente aquel estilo frenético, exagerado y espectacular que dominó buena parte del cine de artes marciales de Hong Kong a principios de los 90.


Resumen:

El Puño del Dragón Rojo no es ninguna obra maestra. Su guion es irregular, los personajes son demasiado simples y el humor absurdo juega demasiadas veces en su contra.

Pero Yuen Woo-ping y un magnífico Donnie Yen consiguen salvarla gracias a unas escenas de acción llenas de imaginación y personalidad.

Un buen ejemplo de las virtudes —y también de los excesos— del cine marcial hongkonés de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Drunken Prodigy (China, 2024) de Ashton Chen

En su segunda película como director, Ashton Chen contó con la ayuda de Qin Pengfei para encargarse de las escenas de acción, formando un tándem que volveríamos a ver más adelante en producciones como Wings of Dread y Detective Chen 2.

Y la mejora respecto a su irregular debut con Detective Chen es bastante evidente.

La historia está lejos de ser original, pero resulta mucho más directa, entretenida y fácil de seguir. Ashton Chen parece aquí más seguro detrás de las cámaras y consigue equilibrar mejor comedia, aventura y artes marciales, aunque todavía aparecen algunos excesos de tono que recuerdan bastante a su primera película.

También existe una curiosa conexión argumental entre The Drunken Prodigy y Detective Chen, pero mejor no desvelarla para no estropear la sorpresa.

Las escenas de acción están muy bien resueltas y aquí se nota claramente la mano de Qin Pengfei. La cámara entiende mejor el espacio, las coreografías tienen más ritmo y el conjunto resulta bastante más contundente que en el debut de Chen.

Eso sí, el uso de cables sigue siendo excesivo para mi gusto. Hay momentos donde el wirework funciona dentro del tono fantástico, pero en otros resta demasiado peso y fisicidad a los movimientos.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final.

Es precisamente aquí donde por fin podemos disfrutar plenamente del estilo borracho que da nombre a la película, y también donde más se aprecia la influencia de Qin Pengfei en la construcción del combate.

La pelea es rápida, vistosa y creativa, con Ashton Chen desplegando toda su capacidad física, aunque el exceso de cables impide que llegue a resultar tan contundente como podría haber sido.


Resumen:

The Drunken Prodigy supone un paso adelante muy claro para Ashton Chen como director.

Mejor ritmo, historia más sencilla, acción más sólida y un trabajo mucho más seguro detrás de las cámaras.

No está entre las grandes películas de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, pero demuestra que Chen aprendió bastante de los errores de Detective Chen y que su colaboración con Qin Pengfei tenía mucho potencial.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hunt the Wicked (China, 2024) de Chris Huo, con Miao Xie y Andy On

La enorme presencia en pantalla de Miao Xie y Andy On, unida a la fantástica química que existe entre ambos, ya sería suficiente motivo para acercarse a Hunt the Wicked. Si además añadimos un par de secuencias de acción realmente espectaculares y un guion sorprendentemente sólido para este tipo de producción, el resultado es una película de acción muy disfrutable.

Chris Huo firma aquí uno de sus mejores trabajos. No me parece un director tan fiable como Qin Pengfei —películas como Blind War o The Comeback están claramente por debajo de sus mejores títulos—, pero cuando acierta puede alcanzar un nivel altísimo. En ese sentido, Hunt the Wicked recuerda bastante a The Sniper, aquella sorprendentemente buena película de 2021 con la que empezó a mostrar todo su potencial para esta nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie vuelve a estar magnífico, con su habitual mezcla de intensidad, precisión y presencia física. Andy On, por su parte, funciona perfectamente como contrapunto: carismático, amenazante y con una energía que hace que cada encuentro entre ambos tenga peso.

También destaca la presencia de Hong Shuang, que interpreta a la pareja de Andy On y a la que posteriormente veríamos protagonizando junto a Qu Jingjing la famosa pelea del baño de Wings of Dread.

El principal problema es que algunas situaciones y personajes están demasiado pasados de vueltas, el tramo central pierde algo de ritmo y, sobre todo, se echan de menos más peleas. Porque cuando la acción aparece, la película sube varios enteros.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el primer gran enfrentamiento entre Miao Xie y Andy On.

Es rápido, físico y tremendamente intenso, y funciona además como una declaración de intenciones perfecta para ambos personajes. La coreografía permite apreciar las capacidades reales de los dos actores y la química entre ellos eleva todavía más la secuencia.

Para mí, es claramente el mejor momento de acción de toda la película.


Resumen:

Hunt the Wicked es uno de los mejores trabajos de Chris Huo y otra producción muy representativa del gran momento que atraviesa la nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie y Andy On están estupendos, las mejores peleas son de primer nivel y el guion funciona mejor de lo esperado.

Le sobran algunos excesos, le falta algo de ritmo en el centro y, sobre todo, más acción.

Pero merece mucho la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins: Nice Days (Japón, 2024) de Yugo Sakamoto

A la tercera va la vencida. Baby Assassins: Nice Days es, para mí, la película que por fin consigue encontrar el equilibrio que buscaba la saga desde su primera entrega.

Yugo Sakamoto mantiene intacta la peculiar personalidad de la serie, pero esta vez saca a Chisato y Mahiro de su zona de confort mediante un cambio de ambientación que le sienta estupendamente. Sigue habiendo humor absurdo, conversaciones cotidianas y situaciones extravagantes, pero el ritmo narrativo funciona mucho mejor y, sobre todo, tenemos una cantidad de acción considerablemente mayor.

Y cuando detrás de las peleas está Kensuke Sonomura, eso son palabras mayores.

En las dos películas anteriores ya habíamos podido apreciar su particular manera de entender la acción: coreografías extremadamente complejas que, paradójicamente, intenta que nunca parezcan coreografiadas. Pero en Nice Days encontramos a un Sonomura mucho más maduro. Los movimientos son rápidos, espontáneos y tremendamente físicos; los personajes fallan golpes, reaccionan, improvisan y utilizan constantemente el espacio que los rodea.

La planificación está ahí, y es extraordinaria, pero permanece escondida detrás de una sensación de violencia auténtica.

También ayuda muchísimo tener por fin un antagonista verdaderamente memorable. Kaede Fuyumura, interpretado por Sosuke Ikematsu, es posiblemente el mejor villano de las tres películas: extraño, imprevisible y suficientemente peligroso como para convertirse en un auténtico desafío para nuestras protagonistas.

Y quizá sea simplemente porque ya llevamos tres películas acompañándolas, pero también es aquí donde finalmente he terminado cogiendo verdadero cariño a Chisato y Mahiro. Sus excentricidades ya no parecen simplemente una sucesión de chistes, sino parte inseparable de la personalidad de estas dos asesinas japonesas tan particulares.


La mejor escena de lucha:

El brutal enfrentamiento final entre Akari Takaishi y Sosuke Ikematsu, es decir, Chisato contra Fuyumura.

Aquí la tensión acumulada alcanza finalmente su punto álgido y Sonomura puede dar rienda suelta a todo lo que caracteriza su estilo. Velocidad, contacto físico, utilización del escenario, cambios constantes de distancia y una coreografía extraordinariamente compleja que continúa transmitiendo la sensación de que los personajes realmente están intentando sobrevivir.

Es posiblemente uno de los mejores combates de toda la trilogía.


Resumen:

Baby Assassins: Nice Days es la entreg
a más completa de las tres.

Mejor ritmo, cambio de ambientación, el antagonista más memorable de la saga y, fundamentalmente, más minutos de acción y las mejores peleas hasta el momento.

Y por encima de todo está Kensuke Sonomura, alcanzando una madurez extraordinaria como director de acción y perfeccionando esa peculiar capacidad para hacer que una coreografía tremendamente elaborada parezca simplemente una pelea que ha estallado delante de la cámara.

Por primera vez, la peculiar vida cotidiana de Chisato y Mahiro y las hostias funcionan realmente bien dentro de la misma película.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins 2: 2 Babies (Japón, 2023) de Yugo Sakamoto

Resulta curioso que Baby Assassins 2 consiga ser incluso más floja que su primera entrega, porque detrás de sus escenas de acción vuelve a existir una cantidad enorme de talento, con nombres como Kensuke Sonomura y Naohiro Kawamoto. El problema es que Yugo Sakamoto vuelve a empeñarse en que las hostias sean casi lo de menos.

La película avanza demasiado poco respecto a la primera. Se repiten situaciones, dinámicas entre Chisato y Mahiro y, sobre todo, ese humor cotidiano y absurdo que ya era uno de los elementos más discutibles de su predecesora. Hay interminables conversaciones intrascendentes, chistes que no terminan de funcionar y un ritmo demasiado pausado para una historia que tampoco tiene demasiado que contar.

Y es una pena, porque cuando llega la acción vuelve a quedar claro que aquí había material para mucho más.

El trabajo de Kensuke Sonomura resulta nuevamente extraordinario. Una de sus mayores virtudes consiste precisamente en conseguir que la coreografía no parezca una coreografía. Detrás existe una planificación milimétrica, pero delante de la cámara vemos caos, improvisación, cuerpos chocando y personajes reaccionando a lo que sucede a su alrededor. Las peleas se sienten físicas y espontáneas en lugar de parecer una exhibición de movimientos memorizados.


La mejor escena de lucha:

Curiosamente, me quedo con la primera gran pelea de la película, en la que ni siquiera participan Chisato ni Mahiro.

Es un auténtico maremágnum de cuerpos, golpes, caos y desenfreno. Sonomura organiza una secuencia aparentemente descontrolada en la que, sin embargo, todo está cuidadosamente planificado: posiciones, movimientos de cámara, entradas y salidas de personajes y utilización del espacio.

Precisamente ahí está su genialidad. No vemos la coreografía, pero está absolutamente presente.

Hay otra excelente pelea cerca del desenlace, pero nuevamente resulta frustrante que una película con semejante talento detrás de la acción ofrezca tan poca cantidad de ella.


Resumen:

Baby Assassins 2 tenía la oportunidad perfecta para
corregir los defectos de la primera entrega, pero prácticamente los repite.

Historia previsible, ritmo deficiente, conversaciones interminables y demasiado poco aprovechamiento de Chisato y Mahiro como pareja de asesinas.

Cuando Sonomura y compañía toman las riendas, la película vuelve a demostrar un nivel extraordinario. El problema es todo el tiempo que tenemos que esperar entre una pelea y otra.

Una secuela decepcionante y, para mí, incluso inferior a la primera.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Baby Assassins (Japón, 2021) de Yugo Sakamoto

Baby Assassins parece una de esas películas nacidas al calor del éxito de John Wick, aunque no tanto por el estilo de sus peleas como por su peculiar universo de asesinos profesionales, organizaciones secretas, encargos y criminales que afrontan el asesinato casi como cualquier otro trabajo cotidiano. Aunque, si seguimos tirando del hilo, parte de estas ideas ya estaban presentes en la magnífica El Hombre sin Pasado, de Corea del Sur.

La premisa es bastante divertida: dos chicas prácticamente adolescentes intentan compatibilizar una absurda vida cotidiana con su trabajo como asesinas a sueldo. Y precisamente ahí está también mi principal problema con la película.

Yugo Sakamoto apuesta por una mezcla de comedia costumbrista, humor absurdo y cierto nihilismo juvenil que no siempre funciona. Hay demasiadas chorraditas argumentales, algunos personajes resultan poco convincentes —especialmente los antagonistas— y la acción ocupa bastante menos metraje de lo que uno podría esperar.

Pero cuando llegan las hostias, la película cambia por completo.

Aquí encontramos el enorme talento de Kensuke Sonomura, uno de los nombres fundamentales de la moderna acción japonesa, realizando un trabajo memorable. Sus peleas son rápidas y viscerales, pero sobre todo parecen auténticas. Sonomura tiene una extraordinaria capacidad para esconder la coreografía: los movimientos no parecen una sucesión de técnicas previamente ensayadas, sino reacciones espontáneas de personajes que realmente están intentando golpearse, esquivar o sobrevivir.

Y en Baby Assassins ese estilo funciona a las mil maravillas.

La mejor escena de lucha:

Para mí, el enfrentamiento inicial en el supermercado.

Caótico, creativo y tremendamente divertido, sirve además como perfecta presentación de Chisato y Mahiro, esa peculiar pareja de asesinas que terminaría protagonizando dos películas más y una serie de televisión.

Desde los primeros minutos Sonomura deja claro lo que puede hacer: movimientos rapidísimos, utilización constante del escenario y una coreografía que parece surgir naturalmente del caos.

Es una pena que el resto de la película no mantenga ese nivel.


Resumen:

Baby Assassins tiene personalidad y unas escenas de acción extraordinarias, pero como película me resulta demasiado irregular.

El peculiar humor de Yugo Sakamoto no siempre funciona, sobra bastante relleno y la cantidad de acción es escasa. Sin embargo, el trabajo de Kensuke Sonomura es excepcional y anticipa muchas de las virtudes que seguiríamos viendo en la nueva ola del cine de acción japonés.

Cuando se habla, bromea y divaga, Baby Assassins puede resultar desesperante si ese tono no va contigo. Cuando Sonomura toma el control y empiezan las hostias, es otra película.


Nivel de hostias: 🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Fuera de las Sombras (Indonesia - EEUU, 2024) de Timo Tjahjanto

The Shadow Strays (Fuera de las Sombras)  forma parte de lo que podríamos llamar el Raidverse: esa corriente de cine de acción extremo, brutal y tremendamente físico nacida a raíz del impacto de The Raid y su secuela.

Dentro de esta escuela, Timo Tjahjanto es uno de los alumnos más aventajados de Gareth Evans. Ya lo demostró en Headshot y, sobre todo, en The Night Comes for Us, una de las pocas películas capaces de mirar de tú a tú, en fuerza y violencia, a las obras maestras de Evans.

Por desgracia, The Shadow Strays no llega a esas cotas.

Y no será por la acción, porque en ese apartado la película es una auténtica barbaridad: artes marciales pasadísimas de vueltas, tiroteos tremendamente explícitos, duelos con armas blancas y enfrentamientos encadenados contra enemigos que casi parecen jefes finales de un videojuego.

El problema está en todo lo demás. La historia resulta bastante pobre, el guion es demasiado trillado y los personajes intentan ser carismáticos sin conseguirlo del todo. Tjahjanto vuelve a demostrar que le sobra talento como artesano de la acción, pero que como narrador sigue siendo mucho más irregular.


La mejor escena de acción:

Para mí, el asalto inicial contra la guardia yakuza.

Es una auténtica declaración de intenciones: rápida, brutal, sangrienta y perfectamente diseñada para mostrar desde el principio el nivel de violencia y precisión técnica que va a manejar la película.

Probablemente sea el momento donde Tjahjanto consigue el mejor equilibrio entre coreografía, ritmo y contundencia antes de que el film empiece a caer en un exceso cada vez mayor.


Resumen:

The Shadow Strays es una película de acción espectacular, pero narrativamente bastante floja.

Tiene secuencias magníficas y una factura técnica de primer nivel, pero el guion impide que alcance el nivel de The Night Comes for Us o de las dos The Raid.

Aun así, para los aficionados a la acción ultraviolenta, física y pasada de vueltas, merece sobradamente la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Presa Mortal (Estados Unidos, 1987) de David A. Prior

Presa mortal puede ser una película de culto para los amantes del cine trash y del «tan mala que resulta buena». Para mí, sin embargo, es un producto horrendo, repulsivo y casi un insulto al arte cinematográfico.

David A. Prior escribe y dirige esta baratísima variación de El malvado Zaroff, transformada en una especie de Rambo de saldo: un grupo de mercenarios secuestra a Mike Danton para utilizarlo como presa humana, sin sospechar que han elegido al tipo equivocado.

Y acción hay muchísima. El problema es que prácticamente toda es mala. Tiroteos, explosiones y abundantes enfrentamientos cuerpo a cuerpo se suceden con una planificación pobre, montaje rudimentario y una puesta en escena que provo
ca bastante más risa que emoción. El propio David A. Prior reconocería que las peleas se improvisaban básicamente preparando unos pocos movimientos, rodándolos y pasando a los siguientes.

Ted Prior, hermano del director, posee al menos una presencia física imponente y pasa buena parte de la película exhibiendo una musculatura digna del cine de acción de aquellos años. Pero poco más.


La mejor escena de lucha:

Probablemente el enfrentamiento final entre Danton y Thornton, más por ser uno de los pocos momentos en los que la película intenta construir un combate cuerpo a cuerpo propiamente dicho que por su calidad real.

Incluso entonces, la coreografía y la realización continúan siendo paupérrimas.


Resumen:

Presa mortal es barata, cutre, mal interpretada, peor rodada y llena de una acción que rara vez transmite la más mínima sensación de peligro.

Entiendo perfectamente que haya alcanzado cierto estatus de culto precisamente por sus excesos y su incompetencia —incluso su recepción popular actual conserva ese componente de «tan mala que es divertida»—, pero conmigo no funciona.

Un auténtico desastre.


Nivel de hostias: 🥊

Crítica de Mission Impossible: Sentencia Final (Estados Unidos, 2025) con Tom Cruise

The Final Reckoning (Sentencia Final) se siente durante demasiado tiempo como un larguísimo epílogo de Dead Reckoning (Sentencia Mortal) y, como consecuencia, tiene relativamente poco que ofrecer desde un punto de vista narrativo.

Christopher McQuarrie vuelve a demostrar su solvencia detrás de las cámaras, pero la película está demasiado obsesionada con cerrar tramas, recuperar personajes y conectar acontecimientos de toda la saga. El resultado es excesivamente largo y solemne para una historia que, en realidad, no necesitaba tanta complicación.

Afortunadamente, cuando llega la acción, Mission: Impossible continúa jugando en primera división.

Y buena parte de la responsabilidad vuelve a recaer en Tom Cruise, cuya obsesión por realizar personalmente escenas de riesgo cada vez más demenciales sigue siendo prácticamente irrepetible en el Hollywood actual. A estas alturas, sus películas funcionan también como escaparate de una forma de hacer cine de acción basada en especialistas, preparación física y riesgo real que cada vez resulta menos habitual.

La película vuelve a contar además con un enorme equipo de especialistas, encabezado por Wade Eastwood, colaborador habitual de Cruise y McQuarrie y uno de los grandes coordinadores de acción contemporáneos, responsable también de trabajos en Mission: Impossible – Fallout, Rogue Nation, Dead Reckoning o No Time to Die.


La mejor escena de acción:

La espectacular secuencia de las avionetas.

Tom Cruise colgado literalmente de una aeronave en pleno vuelo resume perfectamente lo mejor de esta saga: riesgo físico, espectáculo real y una estrella completamente dispuesta a jugarse el pellejo para conseguir una imagen que difícilmente tendría el mismo impacto realizada íntegramente mediante CGI.


Resumen:

Narrativamente, The Final Reckoning resulta decepcionante: demasiado larga, demasiado solemne y excesivamente dependiente de su predecesora.

Pero las espectaculares escenas de acción y los ya legendarios riesgos físicos que Tom Cruise continúa asumiendo mantienen la película a flote.

Puede que la historia ya no esté a la altura, pero el espectáculo sigue siendo extraordinario.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Yakuza: Like a Dragon (Japón, 2007) de Takashi Miike

Como adaptación del argumento del videojuego, Yakuza: Like a Dragon es bastante desastrosa. Como película de Takashi Miike, en cambio, resulta mucho más interesante.

Miike no parece demasiado preocupado por trasladar con fidelidad toda la complejidad narrativa del juego. Prefiere quedarse con sus personajes, su universo criminal y algunas situaciones concretas para pasarlas por su propio filtro de humor absurdo, violencia súbita y personajes excéntricos.

Y su estilo se nota muchísimo. Hay momentos que recuerdan incluso al Miike más desquiciado de Dead or Alive, especialmente cuando la película abandona cualquier pretensión de normalidad y se entrega a la exageración.

Kazuki Kitamura está estupendo como Kazuma Kiryu. Ya lo habíamos visto en producciones tan interesantes como Killers, y aquí demuestra una presencia física y un carisma perfectos para el personaje. Su interpretación es seca, contenida y bastante convincente.

Los efectos digitales son baratos y muy evidentes, pero curiosamente no terminan de desentonar del todo con el tono casi de cómic y videojuego que maneja Miike.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento entre Kazuma Kiryu y Goro Majima.

Es el momento en el que mejor confluyen el universo del videojuego y la particular visión de Takashi Miike. Una pelea enérgica, exagerada y con ese punto de locura tan característico del director, además de enfrentar a los dos personajes con mayor presencia física de la película.

El combate final también resulta bastante disfrutable, pero Kiryu contra Majima es para mí la mejor escena de acción de toda la cinta.


Resumen:

Yakuza: Like a Dragon es una mala adaptación si lo que buscas es fidelidad al videojuego, pero una película bastante disfrutable si entras en el juego de Takashi Miike.

Tiene CGI barato, una narración caótica y bastantes excentricidades, pero también carisma, violencia, humor absurdo y el sello inconfundible de su director.

Tómala o déjala.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Nadie 2 (Estados Unidos - Canadá - Japón, 2025) de Timo Tjahjanto, con Bob Odenkirk

Pese a la solvente dirección de Timo Tjahjanto, que por fin da su salto a Hollywood, y un puñado de buenas escenas de acción, el guion de Nobody 2 es tan pobre que termina echando por tierra casi todo lo que funcionaba en la estupenda primera entrega.

Y resulta especialmente decepcionante porque Tjahjanto parecía una elección perfecta. Después de películas como The Night Comes for Us, pocos directores actuales han demostrado semejante facilidad para representar una violencia física, rápida y brutal. Aquí deja algunos buenos momentos, pero está mucho más contenido y nunca consigue compensar una historia absurda, unos villanos caricaturescos y un tono excesivamente cómico.

Al menos, el apartado de especialistas sigue jugando en primera división. Greg Rementer regresa como diseñador y coordinador de stunts, acompañado por Kyle McLean, mientras que Kirk Jenkins se ocupa de las coreografías de lucha. Rementer es todo un peso pesado de la acción occidental moderna: trabajó en Atomic Blonde —ganando un Taurus World Stunt Award por su espectacular pelea— y posteriormente diseñó o coordinó acción en producciones como Nobody, Bullet Train, Bad Boys: Ride or Die o Red One. 

De hecho, las peleas fueron preparadas durante semanas y previsualizadas golpe por golpe antes del rodaje, algo que explica que, incluso cuando la película falla narrativamente, la acción mantenga un nivel técnico considerable.


La mejor escena de lucha:

Me quedo con la pelea del salón recreativo. Es física, divertida y aprovecha estupendamente el espacio y las máquinas, incluyendo falsos planos secuencia unidos mediante cortes ocultos.


Resumen:

Nobody 2 tenía a Timo Tjahjanto, Bob Odenkirk y un equipo de especialistas magnífico. Había talento de sobra para superar a la primera.

Pero un guion pésimo y un tono demasiado caricaturesco terminan desperdiciando gran parte de ese potencial.

Las hostias siguen funcionando. La película que las rodea, desgraciadamente, no.

Una auténtica decepción.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Bailarina (Estados Unidos - Hungría, 2025) de Len Wiseman y Chad Stahelski, con Ana de Armas, Keanu Reeves y Daniel Bernhardt

Ballerina (Bailarina en España) es claramente una historia de empoderamiento femenino y contiene algunos agujeros argumentales absolutamente disparatados. Pero cuando comienza la acción demuestra tener suficientes virtudes como para ganarse un lugar digno dentro del extraordinario universo de John Wick.

Eso sí, Len Wiseman no está a la altura de Chad Stahelski. La película carece de la precisión, personalidad y sentido del ritmo de las cuatro entregas principales, y resulta significativo que Stahelski acabara participando directamente en la fotografía adicional y en el diseño de nuevas escenas de acción.

Ana de Armas realiza un enorme esfuerzo físico y está rodeada por un reparto estupendo, mientras que la aparición de Keanu Reeves sirve para integrarla de manera mucho más directa dentro de la cronología de la saga.

También resulta una pena comprobar el material eliminado. Las ediciones domésticas incluyen numerosas escenas extendidas y descartadas que desarrollan peleas y determinados aspectos narrativos; algunas ayudan a entender mejor conexiones que en el montaje cinematográfico quedan demasiado precipitadas.


La mejor escena de lucha:

Para mí, la magnífica pelea en la taberna de ambiente centroeuropeo, donde además aparece Daniel Bernhardt, todo un habitual de las producciones vinculadas a 87Eleven.

Es rápida, física, brutal y perfectamente legible, precisamente el tipo de acción que esperamos de este universo. Bernhardt vuelve a demostrar por qué continúa siendo uno de esos secundarios que elevan inmediatamente cualquier pelea en la que participa.


Resumen:

Ballerina está claramente por debajo de cualquiera de las cuatro películas principales de John Wick.

Tiene problemas de guion, una dirección irregular y algunas decisiones bastante absurdas, pero la fantástica acción, el esfuerzo de Ana de Armas y la intervención del equipo de Stahelski terminan salvando el conjunto.

Una incorporación imperfecta, pero muy disfrutable, al universo de 87Eleven.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de El Contable (Estados Unidos, 2016) con Ben Affleck

El contable tiene un guion bastante sólido, un reparto excelente y algunas buenas escenas de acción, pero falla precisamente en uno de sus elementos fundamentales: Ben Affleck no termina de funcionar como héroe de acción.

La película llegó en plena expansión del modelo establecido por la coreana El Hombre Sin pasado y popularizado en occidente por John Wick y resulta difícil no encontrar ciertos paralelismos. Christian Wolff es otro profesional aparentemente imperturbable, extremadamente metódico, con un pasado misterioso y unas capacidades para matar que contrastan deliberadamente con su aspecto cotidiano. Sin embargo, Affleck carece aquí de la agilidad y presencia física necesarias para vender completamente esa faceta del personaje.

Resulta curioso porque detrás de las cámaras encontramos a Gavin O'Connor, director de la estupenda Warrior, donde ya había demostrado que sabía filmar violencia física y sacar un enorme partido de sus actores.

Además, El contable contó con un potente equipo de especialistas encabezado por Jeff Imada, toda una institución del cine de acción estadounidense, con una carrera que incluye títulos como Arma Letal, El club de la lucha, la saga Bourne o Collateral. El propio Affleck recibió entrenamiento en artes marciales y manejo de armas para intentar hacer creíble al personaje.

Y hay momentos en los que funciona. Los tiroteos son secos y contundentes y algunos enfrentamientos cuerpo a cuerpo están bien planteados. Pero nunca alcanza esa sensación de precisión, velocidad y espectacularidad que los mejores exponentes de esta nueva escuela de acción consiguieron desarrollar.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el asalto a la mansión del tramo final, donde finalmente podemos ver a Christian Wolff utilizando conjuntamente sus habilidades con armas de fuego y combate cuerpo a cuerpo.


Resumen:

El contable tiene buenas ideas, un reparto excelente y un director competente, pero su intento de convertir a Ben Affleck en una especie de héroe de acción pos-John Wick funciona sólo a medias.

No es una mala película y merece la pena verla, pero tampoco consigue pasar de un aprobado holgado.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊