Puede resultar algo empalagosa, sí, pero al mismo tiempo es una película entretenida, muy bien producida y bastante eficaz dentro de lo que pretende ser.
El principal problema está, sorprendentemente, en las artes marciales. Porque aquí no estamos realmente ante karate, sino ante kung-fu, y precisamente el kung-fu está rodado de una forma bastante poco inspirada.
La cámara al hombro al estilo norteamericano y el montaje rápido interfieren constantemente en las coreografías. En lugar de permitir que los combates se desarrollen con continuidad, ritmo y claridad física, la película parece más interesada en destacar uno o dos golpes espectaculares antes de cortar inmediatamente.
Como consecuencia, muchas de las peleas pierden impacto y espectacularidad. Se echa mucho de menos la presencia de un auténtico director de acción detrás de la cámara.
La gran excepción es, por supuesto, Jackie Chan. Su sola presencia eleva la película, y además ofrece una interpretación bastante más contenida y dramática de lo habitual.
También merece una mención especial la excelente banda sonora de James Horner, que aporta mucha más emoción a determinadas escenas de la que probablemente tendría el propio guion por sí solo.
La mejor escena de lucha:
Sin ninguna duda, el enfrentamiento de Jackie Chan contra varios jóvenes.
Es el único momento donde las artes marciales parecen cobrar vida de verdad. Jackie controla el espacio, utiliza los movimientos de los rivales contra ellos y demuestra, incluso sin necesidad de grandes acrobacias, una comprensión física de la acción que el resto de la película no consigue alcanzar.
Resumen:
Karate Kid es un remake agradable, sentimental y técnicamente impecable, pero también una oportunidad desaprovechada.
Funciona bastante bien como película familiar, pero para una cinta construida alrededor del kung-fu, sus peleas simplemente no están rodadas con la claridad y el talento que merecían.
Eso sí, Jackie Chan y James Horner elevan considerablemente el conjunto.
Nivel de hostias: 🥊🥊