jueves, 27 de agosto de 2026

Crítica de The Karate Kid (Estados Unidos - China - Hong Kong , 2010) con Jackie Chan

La versión de 2010 de Karate Kid es un remake hollywoodiense muy convencional, cargado de todos esos recursos emocionales tan habituales del cine familiar norteamericano: sentimentalismo, momentos diseñados para arrancar la lágrima y una estructura absolutamente previsible.

Puede resultar algo empalagosa, sí, pero al mismo tiempo es una película entretenida, muy bien producida y bastante eficaz dentro de lo que pretende ser.

El principal problema está, sorprendentemente, en las artes marciales. Porque aquí no estamos realmente ante karate, sino ante kung-fu, y precisamente el kung-fu está rodado de una forma bastante poco inspirada.

La cámara al hombro al estilo norteamericano y el montaje rápido interfieren constantemente en las coreografías. En lugar de permitir que los combates se desarrollen con continuidad, ritmo y claridad física, la película parece más interesada en destacar uno o dos golpes espectaculares antes de cortar inmediatamente.

Como consecuencia, muchas de las peleas pierden impacto y espectacularidad. Se echa mucho de menos la presencia de un auténtico director de acción detrás de la cámara.

La gran excepción es, por supuesto, Jackie Chan. Su sola presencia eleva la película, y además ofrece una interpretación bastante más contenida y dramática de lo habitual.

También merece una mención especial la excelente banda sonora de James Horner, que aporta mucha más emoción a determinadas escenas de la que probablemente tendría el propio guion por sí solo.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el enfrentamiento de Jackie Chan contra varios jóvenes.

Es el único momento donde las artes marciales parecen cobrar vida de verdad. Jackie controla el espacio, utiliza los movimientos de los rivales contra ellos y demuestra, incluso sin necesidad de grandes acrobacias, una comprensión física de la acción que el resto de la película no consigue alcanzar.


Resumen:

Karate Kid es un remake agradable, sentimental y técnicamente impecable, pero también una oportunidad desaprovechada.

Funciona bastante bien como película familiar, pero para una cinta construida alrededor del kung-fu, sus peleas simplemente no están rodadas con la claridad y el talento que merecían.

Eso sí, Jackie Chan y James Horner elevan considerablemente el conjunto.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Blind War (China, 2022) de Chris Huo, con Andy On

En 2022 el cine chino de streaming nos ofreció dos películas muy diferentes sobre luchadores ciegos. Una fue Eye for an Eye, con Miao Xie, un wuxia de época que acabaría convirtiéndose en uno de los títulos destacados de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino. La otra fue Blind War, donde Andy On traslada una idea parecida al thriller policíaco contemporáneo.

Desgraciadamente, Blind War resulta bastante menos satisfactoria.

Su gran problema es un guion demasiado convencional, lleno de personajes estereotipados, situaciones previsibles y un dramatismo que nunca termina de funcionar. La historia parece demasiado condicionada por las fórmulas habituales del thriller criminal comercial chino y pocas veces consigue sorprender.

Y es una verdadera lástima, porque cuando comienza la acción la película puede llegar a ser espectacular.

Chris Huo ya muestra aquí muchas de las virtudes que posteriormente explotaría mucho mejor en Hunt the Wicked: coreografías modernas, movimientos de cámara imaginativos y una acción física que puede resultar tremendamente contundente. Andy On se entrega completamente al personaje y su enorme presencia física consigue elevar bastantes secuencias.

También encontramos a Yang Xing, aquí como Xi Na/Cena, actriz que posteriormente tendría un papel destacado como Nana en The Bodyguard de Qin Pengfei.


La mejor escena de lucha:

Curiosamente, la mejor secuencia ni siquiera está protagonizada por Andy On.

Me quedo con el espectacular plano secuencia protagonizado por Yang Xing dentro de la mansión durante el tramo final.

Es una auténtica exhibición de planificación: plano secuencia, enemigos que aparecen constantemente y una cámara que acompaña la pelea intentando mantener la continuidad mientras combina disparos y cuerpo a cuerpo.

Por momentos parece una escena salida de John Wick y demuestra que, cuando tiene material adecuado entre manos, Chris Huo puede ser un director de acción extraordinario.


Resumen:

Blind War tiene excelentes peleas, un Andy On entregadísimo y momentos donde Chris Huo demuestra todo su potencial.

Pero la acción no puede compensar un guion tan pobre y previsible.

Vista ahora, parece principalmente un ensayo de ideas que Huo terminaría ejecutando mucho mejor en Hunt the Wicked.

Espectacular por momentos, pero globalmente mediocre.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Blade of Fury (China, 2024) de Qin Pengfei, con Ashton Chen

Blade of Fury funciona como un spin-off de la saga Eye for an Eye, protagonizada por Miao Xie, pero las diferentes cualidades de su nuevo protagonista, Ashton Chen, permiten a Qin Pengfei desarrollar un estilo de acción bastante distinto.

Mientras las dos entregas de Eye for an Eye apuestan por enfrentamientos más brutales, contundentes y centrados en las armas blancas, Blade of Fury se decanta por una acción mucho más acrobática e hiperquinética, con abundante wirework y el inconfundible sello de Qin Pengfei, que vuelve a demostrar por qué es uno de los nombres esenciales de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.

Ashton Chen se encuentra como pez en el agua. Su enorme agilidad y sus capacidades acrobáticas encajan perfectamente con unas coreografías más fantásticas, aunque personalmente sigo prefiriendo la contundencia física de Miao Xie. En cualquier caso, las escenas de acción son magníficas y muestran nuevamente la facilidad de Qin Pengfei para aprovechar las características particulares de sus intérpretes.

Además, el reparto está repleto de auténticos especialistas.


La mejor escena de acción:

Más que un único combate, me quedo con todo el extraordinario encadenamiento de peleas inmediatamente anterior al enfrentamiento final.

Es prácticamente un festival de artes marciales en el que Ashton Chen va enfrentándose a distintos rivales, entre ellos el omnipresente y siempre extraordinario Liu Fengchao, uno de los mejores secundarios marciales de esta nueva generación.

También aparece Qu Jingjing, a quien posteriormente Qin Pengfei convertiría en protagonista de The Bodyguard y que volveríamos a encontrar en Wings of Dread, donde protagoniza junto a Hong Shuang aquella extraordinaria pelea dentro del baño.

Es precisamente esta sucesión de enfrentamientos la que mejor resume las virtudes de Blade of Fury: velocidad, acrobacias, cables, utilización del escenario y una enorme cantidad de talento marcial delante y detrás de la cámara.


Resumen:

Si disfrutaste de Eye for an Eye, Blade of Fury es prácticamente imprescindible, aunque su propuesta de acción sea bastante diferente.

Qin Pengfei vuelve a ofrecer peleas extraordinarias y Ashton Chen demuestra que puede aportar a este universo una fisicidad mucho más acrobática que la de Miao Xie.

Ahora solo falta que algún día alguien decida enfrentar a ambos.

Miao Xie contra Ashton Chen bajo la dirección de Qin Pengfei sería un auténtico choque de titanes de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de La Ciudad de los Guerreros (Hong Kong, 2024) con Louis Koo, Sammo Hung y Philip Ng

La Ciudad de los Guerreros tiene prácticamente todos los ingredientes necesarios para convertirse en un clásico moderno del cine de acción, pero para mí se queda un escalón por debajo de la grandeza.

Y, sorprendentemente, mi principal problema está en la propia acción.

En lugar de apoyarse en coreografías complejas, físicas y perfectamente construidas, muchas peleas recurren demasiado al wirework, impactos exagerados, CGI y un montaje excesivamente acelerado. Personalmente, me resulta mucho más satisfactorio el enfoque de películas como John Wick o The Raid, así como el que estamos viendo actualmente dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino en títulos como Fight Against Evil 2 o Black Storm.

Aquí, demasiadas veces, parece que estamos viendo un cómic llevado a imagen real. Los personajes sobreviven a golpes, caídas y castigos completamente imposibles, reduciendo considerablemente la sensación de peligro y contundencia.

Y resulta especialmente sorprendente teniendo detrás de la acción al gran Kenji Tanigaki, uno de los mejores especialistas del cine asiático actual. Hay imaginación y muchísimo trabajo, evidentemente, pero esperaba bastante más de su participación.

En cambio, prácticamente todo lo demás funciona de maravilla. La recreación de la ciudad amurallada de Kowloon es espectacular, el diseño de producción resulta extraordinario, la fotografía tiene muchísimo carácter y el reparto está repleto de rostros conocidos del cine de Hong Kong.

Pero volviendo a los defectos, el otro gran problema para mí está en un guion innecesariamente enrevesado. Hay demasiados personajes, relaciones y conflictos procedentes del pasado, cuya excesiva complejidad termina restando impacto emocional, sobre todo en el tramo final.


La mejor escena de acción:

Me quedo con el momento en el que el protagonista y sus tres compañeros regresan a la ciudad amurallada y se enfrentan a los invasores.

Sin entrar en demasiados spoilers, es probablemente la secuencia más coral y espectacular de toda la cinta. La acción alcanza aquí una enorme intensidad y, curiosamente, la fantasía, los cables y el montaje funcionan bastante mejor que en otros combates.

Es uno de los pocos momentos donde el exceso juega claramente a favor del espectáculo.


Resumen:

La Ciudad de los Guerreros es una buena película de acción, visualmente magnífica y realizada con enormes medios.

Pero sus peleas excesivamente fantásticas y un guion demasiado complicado impiden, para mí, que alcance el nivel de los grandes clásicos modernos del género.

Buena, sí. 

La obra maestra que muchos consideran, no.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Tai Chi Master (China, 2022) de Siyu Cheng, con Yue Wu

Zhang San Feng, también conocida como The Tai Chi Master, era una película que tenía especialmente ganas de ver por la presencia de Cheng Siyu, uno de los directores que más interés me despiertan dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino. Y lo cierto es que terminó sorprendiéndome para bien.

Estamos ante un wuxia fantástico con un uso muy abundante de cables, así que quienes no soporten el wire-fu ya saben perfectamente lo que van a encontrar. Aun así, las escenas de acción están bien resueltas y algunas llegan a ser realmente espectaculares.

El protagonista, Wu Yue, funciona bastante bien gracias a su presencia física y suficiente carisma para sostener tanto las escenas dramáticas como los combates. La historia pierde algo de fuerza a mitad del metraje, pero al menos resulta relativamente sencilla de seguir, algo que se agradece especialmente en determinadas producciones chinas de fantasía donde nombres, personajes y conspiraciones pueden acabar convirtiéndose en un auténtico laberinto.

Cheng Siyu codirige junto a Lin Zhenzhao y vuelve a demostrar que es un nombre a seguir. Hay imaginación visual y una voluntad evidente de ofrecer espectáculo incluso con recursos relativamente limitados.


La mejor escena de lucha:

Sin ninguna duda, el espectacular asedio inicial a la ciudad amurallada.

Es además una fantástica presentación de buena parte de los protagonistas y antagonistas. Curiosamente, aquí la acción está bastante más pegada al suelo que en el resto de la película, con menos fantasía y una fisicidad mucho más contundente.

La secuencia es un magnífico ejemplo de montaje, planificación y ejecución. La cámara se introduce constantemente entre los combatientes, acompaña los desplazamientos y consigue mantener la claridad incluso cuando el caos aumenta, recordando por momentos a la forma de rodar de Gareth Evans.

Precisamente por eso resulta una pena que la película cambie después tanto de tono y se entregue mucho más al wire-fu y la fantasía. Ese arranque prometía una película incluso mejor.


Resumen:

Zhang San Feng no es ningún clásico del wuxia, pero sí una propuesta bastante entretenida y visualmente ambiciosa.

Tiene buenos combates, un Wu Yue convincente y un comienzo extraordinario, aunque posteriormente pierde algo de ritmo y abusa demasiado de los cables.

Muy recomendable para quienes disfrutaron con películas como As God o los wuxia protagonizados por Miao Xie, y una muestra del talento del por entonces jovencísimo Cheng Siyu como director dentro de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Black Storm (China, 2024) de Qin Pengfei, con Ashton Chen

Black Storm es otra estupenda muestra de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, una corriente que en los últimos años ha encontrado en plataformas como iQIYI un terreno perfecto para crecer y experimentar.

Dirigida por Qin Pengfei y protagonizada por Ashton Chen, la película guarda bastantes similitudes con Curbing Violence, también estrenada en 2024 y también con Bao Bei'er como antagonista. Aquí interpreta a un villano muy diferente, pero vuelve a estar magnífico, aportando personalidad, amenaza y una presencia que eleva cada escena en la que aparece.

Pero, evidentemente, lo más importante está en la acción.

Y aquí Black Storm juega a un nivel altísimo. De hecho, puede que estemos ante uno de los mejores trabajos de Qin Pengfei como director de acción, perfectamente comparable con Fight Against Evil 2. A estas alturas, casi todo depende de qué protagonista prefieras: Miao Xie o Ashton Chen.

Personalmente, sigo quedándome con Miao Xie. Su estilo quizá sea menos acrobático, pero transmite más potencia y contundencia, y además me parece un actor más convincente. Dicho esto, Ashton Chen está aquí bastante mejor que en trabajos como Detective Chen o The Drunken Prodigy.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el larguísimo enfrentamiento entre Ashton Chen y Liu Fengchao.

Es una pelea completísima: constantes cambios de altura, persecuciones, distintos escenarios, stunts, utilización del entorno y una coreografía que evoluciona continuamente sin perder claridad.

Lo impresionante es que ni siquiera se trata de una excepción aislada. La película contiene dos o tres enfrentamientos más que también podrían considerarse memorables, lo que deja claro el listón extraordinariamente alto que Qin Pengfei y Ashton Chen se impusieron aquí.


Resumen:

Black Storm es una de las películas más sólidas de Qin Pengfei y otro ejemplo perfecto de por qué la Nueva Ola de Cine de Acción Chino merece mucha más atención fuera de China.

Gran villano, Ashton Chen en plena forma y una cantidad de acción de primer nivel que pocas producciones de mayor presupuesto consiguen igualar.

Muy recomendable para cualquier aficionado serio al cine de acción.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de The Rebel (Vietnam, 2007) con Johnny Trí Nguyen

The Rebel es una película que cualquier aficionado al cine de artes marciales debería tener en el radar.

Su principal virtud está, sin duda, en la acción y en la extraordinaria capacidad física de Johnny Trí Nguyen, un artista marcial magnífico cuyo arsenal de patadas resulta espectacular. Por velocidad, elasticidad y variedad de giros, hay momentos en los que incluso puede recordar a Scott Adkins.

La influencia de Ong-Bak y del boom del cine marcial provocado por Tony Jaa resulta evidente, aunque The Rebel consigue adquirir personalidad propia gracias a su ambientación en la Indochina francesa. Esa combinación entre cine histórico y artes marciales le proporciona una estética bastante diferente a la de otras producciones surgidas durante aquellos años.

Las peleas pueden parecer ocasionalmente algo lentas (se nota que estamos en la época pre-Gareth Evans), pero son físicas, contundentes y permiten apreciar perfectamente las habilidades de sus intérpretes.

El problema llega cuando dejan de repartirse hostias. El ritmo se vuelve demasiado irregular, algunas escenas dramáticas se prolongan innecesariamente y Johnny Trí Nguyen resulta bastante más convincente peleando que interpretando. Su presencia física es indiscutible, pero determinados momentos emocionales dejan claras sus limitaciones como actor.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final entre Johnny Trí Nguyen y Dustin Nguyen, que interpreta al despiadado Sy. Dustin, rostro conocido también por trabajos como 21 Jump Street y, posteriormente, la serie Warrior, construye aquí un antagonista tremendamente carismático y peligroso.

El combate permite a ambos actores soltarse sin cortapisas y Johnny despliega algunas de sus patadas y giros más espectaculares. ¡Hay incluso movimientos aéreos de rotación completa que recuerdan a las patadas de 720 grados!


Resumen:

The Rebel podría haber sido una gran película de artes marciales con un ritmo más ajustado y mejores escenas dramáticas.

No lo consigue, pero cuando comienza la acción demuestra por qué Johnny Trí Nguyen merece mucha más atención entre los aficionados al género.

Física, contundente y con una identidad vietnamita muy marcada.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Run Amuck (China, 2019) de Qin Pengfei

Run Amuck puede considerarse una especie de adaptación no oficial de PlayerUnknown's Battlegrounds, y cualquiera que haya pasado unas cuantas horas en el videojuego reconocerá rápidamente sus continuos homenajes a la jugabilidad, las situaciones, los detalles e incluso algunos de sus memes.

Más allá de esa curiosidad, sin embargo, la película tiene bastante poco que ofrecer.

Su mayor interés está en que supone el debut como director de Qin Pengfei, uno de los nombres fundamentales de lo que yo llamo la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, surgida a finales de la década de 2010 y cada vez más consolidada.

Y aunque aquí todavía estamos muy lejos del nivel que alcanzaría posteriormente en películas como Fight Against Evil 2, Curbing Violence o The Bodyguard, ya pueden apreciarse algunos rasgos de su estilo.

Especialmente interesantes resultan las escenas rodadas en interiores. Cuando aparece el gun-fu —bastante básico todavía— y Qin Pengfei puede utilizar paredes, puertas, muebles y espacios reducidos como parte activa de la acción, la película mejora considerablemente.

Curiosamente, esta acabaría convirtiéndose en una de sus grandes especialidades. Qin Pengfei siempre parece desenvolverse mejor cuando encierra a sus personajes y obliga a la coreografía a adaptarse al escenario. En grandes espacios abiertos, en cambio, su acción suele perder algo de personalidad.


La mejor escena de acción:

Me quedo precisamente con los enfrentamientos en interiores.

No son especialmente sofisticados y están muy lejos de lo que Qin Pengfei sería capaz de hacer años después, pero ya contienen pequeños destellos de su gusto por combinar disparos, cuerpo a cuerpo y utilización constante del entorno.

Vistos retrospectivamente, resultan casi más interesantes por lo que anticipan que por su calidad real.


Resumen:

Run Amuck es una película divertida por momentos, especialmente para quienes conozcan PUBG, pero también tremendamente olvidable.

Tiene un par de buenas escenas de acción y poco más.

Su verdadero valor está en contemplarla hoy como el modesto punto de partida de Qin Pengfei, un director que terminaría convirtiéndose en una de las figuras esenciales de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Rey de Asesinos (Hong Kong, 1998) con Jet Li

Después de ver Rey de asesinos resulta bastante fácil comprender por qué Jet Li decidió abandonar temporalmente el cine de Hong Kong para probar suerte en Hollywood.

La sensación general es que la industria hongkonesa ya no sabía demasiado bien qué hacer con una de sus mayores estrellas de las artes marciales.

Aquí Jet Li interpreta a un personaje bastante plano, poco desarrollado y sorprendentemente carente de carisma. Y eso pesa mucho si lo comparamos con trabajos como Fist of Legend o Érase una vez en China, donde su presencia física y marcial dominaba absolutamente la pantalla.

Lo peor es que sus extraordinarias capacidades quedan claramente desaprovechadas. Hay acción, sí, pero pocas veces se construye alrededor de aquello que Jet Li hacía mejor. Faltan peleas realmente memorables, mejores coreografías y una puesta en escena capaz de explotar su velocidad y precisión.

El reparto cuenta con rostros conocidos como Simon Yam, que aporta algo más de presencia al conjunto, pero ni siquiera eso consigue elevar demasiado una película que parece funcionar con el piloto automático.


La mejor escena de lucha:

Cuesta elegir una porque, sinceramente, no hay ninguna pelea realmente memorable.

Quizá me quedaría con el tramo final en el que participa Simon Yam, más por su intensidad y por algunos stunts bastante divertidos que por la calidad puramente marcial.

Y precisamente eso resume bastante bien el problema de la película: uno termina buscando lo mejor entre escenas secundarias porque Jet Li nunca recibe un combate verdaderamente digno de su talento.


Resumen:

Rey de Asesinos es una película menor dentro de la filmografía de Jet Li.

Tiene algún momento entretenido y los completistas podrán encontrar cierto interés, pero el protagonista está sorprendentemente desaprovechado y las escenas de acción quedan muy lejos del nivel que había alcanzado pocos años antes.

Vista hoy, casi parece el síntoma definitivo de que Jet Li necesitaba un cambio de aires.

Y Hollywood estaba a punto de llegar.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de The Smashing Machine (Estados Unidos, 2025), de Benny Safdie, con Dwayne Johnson

Tras su separación creativa y personal, los hermanos Safdie estrenaron en 2025 sendas películas deportivas sobre hombres consumidos por su obsesión competitiva, aunque tomando caminos muy diferentes.

Mientras Marty Supreme acaparó buena parte de la conversación mediática, The Smashing Machine tuvo una trayectoria comercial mucho más discreta. Personalmente, sin embargo, me parece claramente la mejor de las dos.

Benny Safdie evita convertir la vida de Mark Kerr en el típico relato deportivo de ascenso, caída y redención. La película mantiene un ritmo pausado pero nunca aburrido y, sobre todo, consigue algo que para mí Marty Supreme no lograba: que realmente me importen sus personajes.

Y buena parte del mérito pertenece a Dwayne Johnson.

Estamos probablemente ante la mejor interpretación de su carrera. The Rock contiene prácticamente todos los tics que han caracterizado su faceta como estrella y consigue transmitir la vulnerabilidad que escondía un luchador aparentemente invencible. Para mi gusto, su trabajo merecía perfectamente una nominación al Oscar.

Eso sí, existe un problema evidente: Johnson es demasiado mayor para interpretar al Mark Kerr de esta etapa. La historia abarca principalmente el periodo 1997-2000, cuando Kerr rondaba los 30 años, mientras que Johnson superaba los 50 durante el rodaje. Su extraordinario estado físico y su experiencia como luchador profesional ayudan muchísimo a vender el personaje y aportan credibilidad a los combates, pero creo que un actor más joven podría haber funcionado igual o incluso mejor.

El reparto que lo rodea también ayuda enormemente. Especialmente interesante resulta Ryan Bader, auténtico campeón de MMA, interpretando a Mark Coleman. Su experiencia real aporta una fisicidad extraordinaria a los combates; de hecho, Bader explicó que algunos golpes rodados en el suelo fueron reales para aumentar su autenticidad.


La mejor pelea:

Para mí, curiosamente, ni siquiera pertenece a Mark Kerr.

Me quedo con Mark Coleman (Ryan Bader) contra Igor Vovchanchyn (Oleksandr Usyk) durante la final del PRIDE Grand Prix 2000. Usyk, campeón mundial de boxeo, interpreta al mítico luchador ucraniano, mientras Bader aporta su enorme experiencia real en MMA

Es un enfrentamiento corto, brutal y tremendamente convincente, además de reproducir un combate histórico en el que Coleman derrotó realmente a Vovchanchyn.


Resumen:

The Smashing Machine no reinventa el drama deportivo, pero posee humanidad, buenos personajes, combates sorprendentemente auténticos y un Dwayne Johnson que finalmente demuestra que detrás de la gigantesca estrella de acción también había un actor dramático esperando una oportunidad como esta.

Para mí, bastante mejor que Marty Supreme, y de obligatorio visionado si te gusta el mundo de las artes marciales mixtas. 


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Storm Warriors (Hong Kong, 2009) de los Hermanos Pang

La magia y el encanto que hicieron de The Storm Riders una película tan memorable desaparecen casi por completo en esta desastrosa secuela.

The Storm Warriors comete tres errores especialmente graves. El primero es visual: gran parte de la acción transcurre en cuevas y escenarios cerrados que parecen decorados baratos rodeados de fondos digitales poco convincentes. Hay algunos hallazgos visuales interesantes y planos aislados con cierta fuerza, pero son demasiado escasos para compensar un conjunto sorprendentemente artificial.

El segundo problema está en los personajes. Apenas existe desarrollo dramático y resulta muy difícil implicarse emocionalmente con héroes o villanos. Todo parece estar construido únicamente para conducirnos de una escena fantástica a la siguiente.

Y el tercero, quizá el más imperdonable para El Arte de Hostiar, está en la acción. Las peleas son sorprendentemente mediocres, con demasiado movimiento de cámara, montaje frenético y muy poca sensación de coreografía real. En lugar de aprovechar el potencial marcial del reparto, la película intenta esconder sus carencias detrás de efectos, aceleraciones y ruido visual.

Los hermanos Pang demuestran aquí que no estaban especialmente preparados para manejar una producción fantástica de estas características.


La mejor escena de lucha:

El enfrentamiento contra el principal antagonista, interpretado por Simon Yam, es probablemente el momento más aprovechable.

No es una gran pelea, pero al menos concentra algo de tensión y permite disfrutar de una puesta en escena algo más clara que en otros combates del film.


Resumen:

The Storm Warriors es una secuela fallida en prácticamente todos los aspectos.

Tiene algún hallazgo visual aislado y un reparto atractivo, pero pierde la personalidad de la primera película, desaprovecha a sus personajes y ofrece unas escenas de acción muy por debajo de lo esperado.

Una fantasía vacía, artificial y completamente prescindible.


Nivel de hostias: 🥊

miércoles, 26 de agosto de 2026

Crítica de Curbing Violence (China, 2024) de Qin Pengfei

Qin Pengfei vuelve a demostrar por qué se ha convertido en uno de los directores más fiables e importantes de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino. En esta ocasión mezcla la atmósfera oscura, enfermiza y violenta del thriller criminal coreano con las espectaculares coreografías que se han convertido ya en su principal seña de identidad.

Y lo mejor de Curbing Violence es precisamente el equilibrio. No tiene una cantidad descomunal de peleas como The Bodyguard, pero aquí el thriller y la acción se complementan perfectamente. La historia mantiene el interés y crea una atmósfera opresiva que consigue que, cuando finalmente llegan las hostias, estas tengan todavía mayor impacto.

La protagonista es Jiang Luxia, toda una veterana del cine de acción chino, y está estupenda como Qiu Yizhao. Tiene presencia física, velocidad y contundencia suficientes para cargar con una película especialmente exigente en este aspecto.

Frente a ella encontramos a Bao Bei'er, magnífico como Cheng Jie. Es un antagonista despreciable, excesivo y perturbador, y resulta especialmente interesante que Qin Pengfei volviera a utilizarlo como villano en Black Storm. En ambas películas demuestra una enorme facilidad para interpretar a personajes repulsivos y peligrosos.

Y luego tenemos la aparición de Miao Xie, recuperando nada menos que a Li Hongqi, su personaje de Fight Against Evil. Es un cameo breve, pero roba absolutamente cada segundo en pantalla y refuerza esa curiosa sensación de universo compartido que Qin Pengfei ha ido construyendo entre algunas de sus películas.



La mejor escena de lucha:

Precisamente, Miao Xie y Jiang Luxia luchando mano a mano.

Para mí es el gran momento de la película. Dos artistas marciales tremendamente dotados trabajando juntos dentro de una secuencia rápida, física y brutal, donde Qin Pengfei vuelve a mostrar su enorme talento para mantener la acción perfectamente legible sin sacrificar velocidad ni contundencia.


Resumen:

Curbing Violence es uno de los trabajos más completos de Qin Pengfei.

Quizá sus mejores escenas de acción no alcancen por muy poco el extraordinario nivel de Fight Against Evil 2, pero como película ofrece un equilibrio incluso mejor entre thriller, atmósfera y violencia.

Oscura, desagradable cuando tiene que serlo y con una acción que, cuando aparece, es sencillamente de 24 quilates.

Una recomendación clarísima para cualquier seguidor de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊

Crítica de Detective Chen 2 (China, 2026) de Ashton Chen y Qin Pengfei

Detective Chen 2 supone un avance bastante evidente respecto a la primera película. Ashton Chen continúa creciendo como director, pero esta vez cuenta con la ayuda de todo un maestro de la nueva ola del cine de acción chino: Qin Pengfei. Y la diferencia se nota, sobre todo, donde más importa para El Arte de Hostiar: en las peleas.

La película contiene una enorme cantidad de acción, claramente superior en calidad y cantidad a la primera entrega. Qin Pengfei aporta su habitual capacidad para construir combates rápidos, físicos y contundentes, aprovechando especialmente bien los espacios reducidos y utilizando el escenario como parte activa de las coreografías.

Ashton Chen está fantástico en este terreno. Sus capacidades marciales nunca estuvieron en duda, pero resulta especialmente satisfactorio comprobar cómo continúa creciendo también como actor y director, mostrando cada vez mayor presencia dramática sin perder su velocidad, precisión y magnetismo físico.

El guion mejora respecto al original y resulta algo más directo, aunque continúa siendo innecesariamente enrevesado. Demasiados giros, personajes ambiguos y situaciones inverosímiles provocan que ocasionalmente cueste incluso saber quién está realmente de cada lado.

También resulta muy agradable reencontrarse con numerosos rostros de la primera entrega, algo que aporta continuidad y hace que quienes ya hayan visto aquella disfruten todavía más esta segunda aventura.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, Ashton Chen contra Huang Tao, a quien ya vimos como Li Jiulang, uno de los principales antagonistas de Eye for an Eye 2.

El combate se desarrolla en una buhardilla repleta de travesaños, vigas y maderas que Qin Pengfei aprovecha magistralmente. La cámara se introduce entre ambos luchadores mientras el propio escenario condiciona constantemente sus movimientos, creando una pelea rápida, física y tremendamente espectacular.

Para mí, es la mejor escena de acción de la película, aunque la divertidísima secuencia del tranvía le disputa seriamente el puesto.


Resumen:

Detective Chen 2 mejora claramente a su predecesora: mejor ritmo, argumento algo más sencillo y, sobre todo, muchísima más y mejor acción.

Sigue complicándose demasiado narrativamente, pero la combinación Ashton Chen–Qin Pengfei funciona estupendamente y confirma la evolución del primero como artista marcial, actor y director.

Una buena película de artes marciales y una secuela claramente superior.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

martes, 25 de agosto de 2026

Crítica de El Puño del Dragón Rojo (Hong Kong, 1993) de Yuen Woo-ping, con Donnie Yen

Muy en la línea de la saga Érase una vez en China, El Puño del Dragón Rojo está lejos de ser un clásico de las artes marciales. Para alcanzar semejante categoría necesitaría una historia bastante más coherente, menos humor absurdo y unos personajes mucho mejor desarrollados.

Pero cuando detrás de las escenas de acción tenemos a Yuen Woo-ping, siempre hay motivos para seguir mirando.

Su desbordante imaginación vuelve a ser el principal atractivo de la película. Estamos ante ese cine de Hong Kong de principios de los 90 donde parecía que cualquier cosa era posible: personajes volando mediante cables, movimientos imposibles, objetos convertidos en armas y coreografías frenéticas que anteponen el espectáculo y la creatividad a cualquier pretensión de realismo.

Y además tenemos a Donnie Yen, todavía varios años antes de convertirse en la superestrella internacional que conocemos actualmente, demostrando ya una velocidad, precisión y capacidad física extraordinarias. Cuando la película le permite soltarse, resulta difícil apartar los ojos de la pantalla.

El problema es todo lo que ocurre entre pelea y pelea. El argumento resulta confuso, el humor ha envejecido regular y algunas situaciones son tan exageradas que terminan restando fuerza a la propia historia.


La mejor escena de lucha:

El gran enfrentamiento final.

Narrativamente no termina de funcionar demasiado bien, pero como espectáculo de acción es precisamente donde El Puño del Dragón Rojo encuentra su razón de ser.

Cables, acrobacias imposibles, golpes a una velocidad endiablada y una creatividad desbordante ejemplifican perfectamente aquel estilo frenético, exagerado y espectacular que dominó buena parte del cine de artes marciales de Hong Kong a principios de los 90.


Resumen:

El Puño del Dragón Rojo no es ninguna obra maestra. Su guion es irregular, los personajes son demasiado simples y el humor absurdo juega demasiadas veces en su contra.

Pero Yuen Woo-ping y un magnífico Donnie Yen consiguen salvarla gracias a unas escenas de acción llenas de imaginación y personalidad.

Un buen ejemplo de las virtudes —y también de los excesos— del cine marcial hongkonés de los 90.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de The Drunken Prodigy (China, 2024) de Ashton Chen

En su segunda película como director, Ashton Chen contó con la ayuda de Qin Pengfei para encargarse de las escenas de acción, formando un tándem que volveríamos a ver más adelante en producciones como Wings of Dread y Detective Chen 2.

Y la mejora respecto a su irregular debut con Detective Chen es bastante evidente.

La historia está lejos de ser original, pero resulta mucho más directa, entretenida y fácil de seguir. Ashton Chen parece aquí más seguro detrás de las cámaras y consigue equilibrar mejor comedia, aventura y artes marciales, aunque todavía aparecen algunos excesos de tono que recuerdan bastante a su primera película.

También existe una curiosa conexión argumental entre The Drunken Prodigy y Detective Chen, pero mejor no desvelarla para no estropear la sorpresa.

Las escenas de acción están muy bien resueltas y aquí se nota claramente la mano de Qin Pengfei. La cámara entiende mejor el espacio, las coreografías tienen más ritmo y el conjunto resulta bastante más contundente que en el debut de Chen.

Eso sí, el uso de cables sigue siendo excesivo para mi gusto. Hay momentos donde el wirework funciona dentro del tono fantástico, pero en otros resta demasiado peso y fisicidad a los movimientos.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el enfrentamiento final.

Es precisamente aquí donde por fin podemos disfrutar plenamente del estilo borracho que da nombre a la película, y también donde más se aprecia la influencia de Qin Pengfei en la construcción del combate.

La pelea es rápida, vistosa y creativa, con Ashton Chen desplegando toda su capacidad física, aunque el exceso de cables impide que llegue a resultar tan contundente como podría haber sido.


Resumen:

The Drunken Prodigy supone un paso adelante muy claro para Ashton Chen como director.

Mejor ritmo, historia más sencilla, acción más sólida y un trabajo mucho más seguro detrás de las cámaras.

No está entre las grandes películas de la Nueva Ola de Cine de Acción Chino, pero demuestra que Chen aprendió bastante de los errores de Detective Chen y que su colaboración con Qin Pengfei tenía mucho potencial.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Hunt the Wicked (China, 2024) de Chris Huo, con Miao Xie y Andy On

La enorme presencia en pantalla de Miao Xie y Andy On, unida a la fantástica química que existe entre ambos, ya sería suficiente motivo para acercarse a Hunt the Wicked. Si además añadimos un par de secuencias de acción realmente espectaculares y un guion sorprendentemente sólido para este tipo de producción, el resultado es una película de acción muy disfrutable.

Chris Huo firma aquí uno de sus mejores trabajos. No me parece un director tan fiable como Qin Pengfei —películas como Blind War o The Comeback están claramente por debajo de sus mejores títulos—, pero cuando acierta puede alcanzar un nivel altísimo. En ese sentido, Hunt the Wicked recuerda bastante a The Sniper, aquella sorprendentemente buena película de 2021 con la que empezó a mostrar todo su potencial para esta nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie vuelve a estar magnífico, con su habitual mezcla de intensidad, precisión y presencia física. Andy On, por su parte, funciona perfectamente como contrapunto: carismático, amenazante y con una energía que hace que cada encuentro entre ambos tenga peso.

También destaca la presencia de Hong Shuang, que interpreta a la pareja de Andy On y a la que posteriormente veríamos protagonizando junto a Qu Jingjing la famosa pelea del baño de Wings of Dread.

El principal problema es que algunas situaciones y personajes están demasiado pasados de vueltas, el tramo central pierde algo de ritmo y, sobre todo, se echan de menos más peleas. Porque cuando la acción aparece, la película sube varios enteros.


La mejor escena de lucha:

Sin duda, el primer gran enfrentamiento entre Miao Xie y Andy On.

Es rápido, físico y tremendamente intenso, y funciona además como una declaración de intenciones perfecta para ambos personajes. La coreografía permite apreciar las capacidades reales de los dos actores y la química entre ellos eleva todavía más la secuencia.

Para mí, es claramente el mejor momento de acción de toda la película.


Resumen:

Hunt the Wicked es uno de los mejores trabajos de Chris Huo y otra producción muy representativa del gran momento que atraviesa la nueva ola del cine de acción chino.

Miao Xie y Andy On están estupendos, las mejores peleas son de primer nivel y el guion funciona mejor de lo esperado.

Le sobran algunos excesos, le falta algo de ritmo en el centro y, sobre todo, más acción.

Pero merece mucho la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins: Nice Days (Japón, 2024) de Yugo Sakamoto

A la tercera va la vencida. Baby Assassins: Nice Days es, para mí, la película que por fin consigue encontrar el equilibrio que buscaba la saga desde su primera entrega.

Yugo Sakamoto mantiene intacta la peculiar personalidad de la serie, pero esta vez saca a Chisato y Mahiro de su zona de confort mediante un cambio de ambientación que le sienta estupendamente. Sigue habiendo humor absurdo, conversaciones cotidianas y situaciones extravagantes, pero el ritmo narrativo funciona mucho mejor y, sobre todo, tenemos una cantidad de acción considerablemente mayor.

Y cuando detrás de las peleas está Kensuke Sonomura, eso son palabras mayores.

En las dos películas anteriores ya habíamos podido apreciar su particular manera de entender la acción: coreografías extremadamente complejas que, paradójicamente, intenta que nunca parezcan coreografiadas. Pero en Nice Days encontramos a un Sonomura mucho más maduro. Los movimientos son rápidos, espontáneos y tremendamente físicos; los personajes fallan golpes, reaccionan, improvisan y utilizan constantemente el espacio que los rodea.

La planificación está ahí, y es extraordinaria, pero permanece escondida detrás de una sensación de violencia auténtica.

También ayuda muchísimo tener por fin un antagonista verdaderamente memorable. Kaede Fuyumura, interpretado por Sosuke Ikematsu, es posiblemente el mejor villano de las tres películas: extraño, imprevisible y suficientemente peligroso como para convertirse en un auténtico desafío para nuestras protagonistas.

Y quizá sea simplemente porque ya llevamos tres películas acompañándolas, pero también es aquí donde finalmente he terminado cogiendo verdadero cariño a Chisato y Mahiro. Sus excentricidades ya no parecen simplemente una sucesión de chistes, sino parte inseparable de la personalidad de estas dos asesinas japonesas tan particulares.


La mejor escena de lucha:

El brutal enfrentamiento final entre Akari Takaishi y Sosuke Ikematsu, es decir, Chisato contra Fuyumura.

Aquí la tensión acumulada alcanza finalmente su punto álgido y Sonomura puede dar rienda suelta a todo lo que caracteriza su estilo. Velocidad, contacto físico, utilización del escenario, cambios constantes de distancia y una coreografía extraordinariamente compleja que continúa transmitiendo la sensación de que los personajes realmente están intentando sobrevivir.

Es posiblemente uno de los mejores combates de toda la trilogía.


Resumen:

Baby Assassins: Nice Days es la entreg
a más completa de las tres.

Mejor ritmo, cambio de ambientación, el antagonista más memorable de la saga y, fundamentalmente, más minutos de acción y las mejores peleas hasta el momento.

Y por encima de todo está Kensuke Sonomura, alcanzando una madurez extraordinaria como director de acción y perfeccionando esa peculiar capacidad para hacer que una coreografía tremendamente elaborada parezca simplemente una pelea que ha estallado delante de la cámara.

Por primera vez, la peculiar vida cotidiana de Chisato y Mahiro y las hostias funcionan realmente bien dentro de la misma película.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊

Crítica de Baby Assassins 2: 2 Babies (Japón, 2023) de Yugo Sakamoto

Resulta curioso que Baby Assassins 2 consiga ser incluso más floja que su primera entrega, porque detrás de sus escenas de acción vuelve a existir una cantidad enorme de talento, con nombres como Kensuke Sonomura y Naohiro Kawamoto. El problema es que Yugo Sakamoto vuelve a empeñarse en que las hostias sean casi lo de menos.

La película avanza demasiado poco respecto a la primera. Se repiten situaciones, dinámicas entre Chisato y Mahiro y, sobre todo, ese humor cotidiano y absurdo que ya era uno de los elementos más discutibles de su predecesora. Hay interminables conversaciones intrascendentes, chistes que no terminan de funcionar y un ritmo demasiado pausado para una historia que tampoco tiene demasiado que contar.

Y es una pena, porque cuando llega la acción vuelve a quedar claro que aquí había material para mucho más.

El trabajo de Kensuke Sonomura resulta nuevamente extraordinario. Una de sus mayores virtudes consiste precisamente en conseguir que la coreografía no parezca una coreografía. Detrás existe una planificación milimétrica, pero delante de la cámara vemos caos, improvisación, cuerpos chocando y personajes reaccionando a lo que sucede a su alrededor. Las peleas se sienten físicas y espontáneas en lugar de parecer una exhibición de movimientos memorizados.


La mejor escena de lucha:

Curiosamente, me quedo con la primera gran pelea de la película, en la que ni siquiera participan Chisato ni Mahiro.

Es un auténtico maremágnum de cuerpos, golpes, caos y desenfreno. Sonomura organiza una secuencia aparentemente descontrolada en la que, sin embargo, todo está cuidadosamente planificado: posiciones, movimientos de cámara, entradas y salidas de personajes y utilización del espacio.

Precisamente ahí está su genialidad. No vemos la coreografía, pero está absolutamente presente.

Hay otra excelente pelea cerca del desenlace, pero nuevamente resulta frustrante que una película con semejante talento detrás de la acción ofrezca tan poca cantidad de ella.


Resumen:

Baby Assassins 2 tenía la oportunidad perfecta para
corregir los defectos de la primera entrega, pero prácticamente los repite.

Historia previsible, ritmo deficiente, conversaciones interminables y demasiado poco aprovechamiento de Chisato y Mahiro como pareja de asesinas.

Cuando Sonomura y compañía toman las riendas, la película vuelve a demostrar un nivel extraordinario. El problema es todo el tiempo que tenemos que esperar entre una pelea y otra.

Una secuela decepcionante y, para mí, incluso inferior a la primera.


Nivel de hostias: 🥊🥊

Crítica de Baby Assassins (Japón, 2021) de Yugo Sakamoto

Baby Assassins parece una de esas películas nacidas al calor del éxito de John Wick, aunque no tanto por el estilo de sus peleas como por su peculiar universo de asesinos profesionales, organizaciones secretas, encargos y criminales que afrontan el asesinato casi como cualquier otro trabajo cotidiano. Aunque, si seguimos tirando del hilo, parte de estas ideas ya estaban presentes en la magnífica El Hombre sin Pasado, de Corea del Sur.

La premisa es bastante divertida: dos chicas prácticamente adolescentes intentan compatibilizar una absurda vida cotidiana con su trabajo como asesinas a sueldo. Y precisamente ahí está también mi principal problema con la película.

Yugo Sakamoto apuesta por una mezcla de comedia costumbrista, humor absurdo y cierto nihilismo juvenil que no siempre funciona. Hay demasiadas chorraditas argumentales, algunos personajes resultan poco convincentes —especialmente los antagonistas— y la acción ocupa bastante menos metraje de lo que uno podría esperar.

Pero cuando llegan las hostias, la película cambia por completo.

Aquí encontramos el enorme talento de Kensuke Sonomura, uno de los nombres fundamentales de la moderna acción japonesa, realizando un trabajo memorable. Sus peleas son rápidas y viscerales, pero sobre todo parecen auténticas. Sonomura tiene una extraordinaria capacidad para esconder la coreografía: los movimientos no parecen una sucesión de técnicas previamente ensayadas, sino reacciones espontáneas de personajes que realmente están intentando golpearse, esquivar o sobrevivir.

Y en Baby Assassins ese estilo funciona a las mil maravillas.

La mejor escena de lucha:

Para mí, el enfrentamiento inicial en el supermercado.

Caótico, creativo y tremendamente divertido, sirve además como perfecta presentación de Chisato y Mahiro, esa peculiar pareja de asesinas que terminaría protagonizando dos películas más y una serie de televisión.

Desde los primeros minutos Sonomura deja claro lo que puede hacer: movimientos rapidísimos, utilización constante del escenario y una coreografía que parece surgir naturalmente del caos.

Es una pena que el resto de la película no mantenga ese nivel.


Resumen:

Baby Assassins tiene personalidad y unas escenas de acción extraordinarias, pero como película me resulta demasiado irregular.

El peculiar humor de Yugo Sakamoto no siempre funciona, sobra bastante relleno y la cantidad de acción es escasa. Sin embargo, el trabajo de Kensuke Sonomura es excepcional y anticipa muchas de las virtudes que seguiríamos viendo en la nueva ola del cine de acción japonés.

Cuando se habla, bromea y divaga, Baby Assassins puede resultar desesperante si ese tono no va contigo. Cuando Sonomura toma el control y empiezan las hostias, es otra película.


Nivel de hostias: 🥊🥊

lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de Fuera de las Sombras (Indonesia - EEUU, 2024) de Timo Tjahjanto

The Shadow Strays (Fuera de las Sombras)  forma parte de lo que podríamos llamar el Raidverse: esa corriente de cine de acción extremo, brutal y tremendamente físico nacida a raíz del impacto de The Raid y su secuela.

Dentro de esta escuela, Timo Tjahjanto es uno de los alumnos más aventajados de Gareth Evans. Ya lo demostró en Headshot y, sobre todo, en The Night Comes for Us, una de las pocas películas capaces de mirar de tú a tú, en fuerza y violencia, a las obras maestras de Evans.

Por desgracia, The Shadow Strays no llega a esas cotas.

Y no será por la acción, porque en ese apartado la película es una auténtica barbaridad: artes marciales pasadísimas de vueltas, tiroteos tremendamente explícitos, duelos con armas blancas y enfrentamientos encadenados contra enemigos que casi parecen jefes finales de un videojuego.

El problema está en todo lo demás. La historia resulta bastante pobre, el guion es demasiado trillado y los personajes intentan ser carismáticos sin conseguirlo del todo. Tjahjanto vuelve a demostrar que le sobra talento como artesano de la acción, pero que como narrador sigue siendo mucho más irregular.


La mejor escena de acción:

Para mí, el asalto inicial contra la guardia yakuza.

Es una auténtica declaración de intenciones: rápida, brutal, sangrienta y perfectamente diseñada para mostrar desde el principio el nivel de violencia y precisión técnica que va a manejar la película.

Probablemente sea el momento donde Tjahjanto consigue el mejor equilibrio entre coreografía, ritmo y contundencia antes de que el film empiece a caer en un exceso cada vez mayor.


Resumen:

The Shadow Strays es una película de acción espectacular, pero narrativamente bastante floja.

Tiene secuencias magníficas y una factura técnica de primer nivel, pero el guion impide que alcance el nivel de The Night Comes for Us o de las dos The Raid.

Aun así, para los aficionados a la acción ultraviolenta, física y pasada de vueltas, merece sobradamente la pena.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊