Visualmente es una auténtica maravilla. La fotografía tiene un carácter casi pictórico, con ese uso del color tan característico de Refn, dominado por rojos, azules y neones que convierten Bangkok en una especie de pesadilla nocturna. La cámara lenta, los silencios y la puesta en escena refuerzan constantemente una atmósfera opresiva y casi irreal.
El guion, sin embargo, es otra historia. Extremadamente sencillo, deliberadamente ambiguo y lleno de situaciones que pueden parecer incluso agujeros argumentales, exige aceptar la lógica interna de Refn y dejarse llevar más por las imágenes y las sensaciones que por una narración tradicional.
Ryan Gosling cumple perfectamente con su habitual personaje contenido y casi inexpresivo, pero quien roba completamente la película es Vithaya Pansringarm. El veterano actor tailandés, al que también hemos podido ver en películas de acción muy apreciables como Ninja: Shadow of a Tear o Paradox, construye aquí una especie de antihéroe implacable, frío y casi sobrenatural. Su presencia es magnífica y, cuando toca repartir hostias, resulta tremendamente convincente.
La mejor escena de lucha:
El combate entre Ryan Gosling y Vithaya Pansringarm es el momento físico más memorable.
Refn lo rueda de forma seca, pausada y cruel, evitando convertirlo en una exhibición marcial convencional. El resultado es desigual como pelea, pero tremendamente poderoso como escena.
Resumen:
Sólo Dios Perdona puede considerarse una película fallida, pero también resulta enormemente reivindicable.
Fotografía espectacular, explosiones de violencia brutales, una atmósfera única y un Vithaya Pansringarm extraordinario compensan en buena medida un guion demasiado esquemático.
Y sí, las escenas de karaoke son tan raras como inolvidables.
Nivel de hostias: 🥊🥊🥊



