Y lo más doloroso es que detrás continúa estando Ridley Scott, uno de los grandes maestros del espectáculo cinematográfico. La película tiene medios, excelentes profesionales y algunas imágenes poderosas, pero parece empeñada en demostrar constantemente que todo tiene que ser más grande, más extravagante y más espectacular que en Gladiator.
¿El resultado? Monos asesinos, rinocerontes, tiburones nadando dentro del Coliseo y un espectáculo progresivamente más cercano a la fantasía que a la épica relativamente terrenal de la primera película. Incluso algunas críticas contemporáneas señalaron precisamente esa obsesión por aumentar constantemente la escala de los juegos.
Y aquí aparece uno de sus mayores problemas: el CGI.
La primera Gladiator utilizaba efectos digitales, por supuesto, pero buena parte de su violencia transmitía suciedad, peso y fisicidad. Aquí la presencia digital resulta muchísimo más evidente. Es especialmente llamativo en los animales, aunque muchas secuencias combinaron realmente elementos físicos con VFX; por ejemplo, para el rinoceronte se utilizó en el rodaje una estructura de tamaño real controlada remotamente que después fue reemplazada digitalmente.
La acción cuenta al menos con un equipo impresionante, con Nikki Berwick y Peter White en la coordinación de especialistas, y Ray Nicholas y Cali Nelle en las peleas.Y cuando Scott abandona los animales digitales y se concentra en seres humanos pegándose con espadas, la película mejora considerablemente.
El problema fundamental está en otro sitio: falta la emoción.
La primera Gladiator era una película épica que tenía
acción. Gladiator II parece demasiadas veces una película que quiere ofrecer espectáculo épico porque recuerda que eso funcionó en Gladiator. Incluso su estructura y muchos de sus elementos narrativos parecen empeñados en reproducir la película original en lugar de justificar realmente esta continuación.
La mejor escena de acción:
Me quedo con el enfrentamiento entre Lucius y el general Acacius.
No es la secuencia más grande ni la más cara de la película, y precisamente por eso funciona mejor. Dos hombres, armas, especialistas, golpes y una motivación dramática reconocible.
Sin monos digitales. Sin tiburones. Sin necesidad de convertir el Coliseo en Jumanji.
Resumen:
Gladiator II tiene dinero, buenos actores, especialistas de primer nivel y a Ridley Scott detrás de la cámara. Evidentemente, contiene momentos espectaculares.
Pero confunde demasiadas veces grandeza con exceso.
Donde la primera película tenía emoción, personajes memorables y una violencia con peso dramático, esta secuela ofrece demasiadas veces CGI, criaturas, batallas gigantescas y situaciones cada vez más disparatadas.
Un espectáculo aparatoso y ocasionalmente entretenido, pero una secuela profundamente decepcionante de una película que no necesitaba continuación.
Nivel de hostias: 🥊🥊