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lunes, 24 de agosto de 2026

Crítica de A Bittersweet Life (Corea del Sur, 2005) de Kim Jee-woon con Lee Byung-hun

A Bittersweet Life es una de esas películas que justifican por sí solas que un thriller criminal tenga un hueco en El Arte de Hostiar. No es acción pura, pero cuando la violencia aparece lo hace con una elegancia, contundencia y personalidad extraordinarias.

Kim Jee-woon firma aquí uno de sus mejores trabajos, para mí sólo comparable con I Saw the Devil. La estética está cuidadísima: fotografía impecable, composición de planos milimétrica y una atmósfera nocturna y sofisticada que convierte cada escenario en parte fundamental de la película.

Pero buena parte del mérito recae en Lee Byung-hun, que encontró aquí uno de los papeles decisivos de su carrera. Su presencia física es enorme. Se mueve con una elegancia natural, entiende perfectamente qué movimientos funcionan delante de la cámara y posee carisma a raudales. Si hubiera dedicado su carrera exclusivamente al cine de acción, habría podido convertirse perfectamente en una de sus grandes estrellas internacionales.

La acción, además, cuenta con un nombre fundamental del cine coreano: Jung Doo-hong, uno de los grandes directores de acción y especialistas del país. Su trayectoria incluye trabajos en títulos como The Good, the Bad, the Weird, Arahan, City of Violence, Veteran o The Berlin File, además de colaboraciones habituales con directores como Ryoo Seung-wan. Su estilo se caracteriza por una acción física, contundente y muy clara, y en A Bittersweet Life se nota especialmente en la forma de rodar los enfrentamientos cuerpo a cuerpo y la violencia más seca.

El guion funciona muy bien en términos generales, aunque la segunda mitad tiene algún momento algo menos inspirado y pierde ligeramente la precisión del magnífico arranque.


La mejor escena de acción:

Todo el tramo final es sencillamente antológico.

La violencia va creciendo hasta desembocar en una sucesión de enfrentamientos secos, elegantes y brutales que muestran perfectamente el talento de Kim Jee-woon para rodar acción y el trabajo de Jung Doo-hong en la coordinación física. Y esa última escena frente al espejo aporta además un cierre extraño, poético y absolutamente memorable.


Resumen:

A Bittersweet Life es cine negro coreano en estado puro: estilizado, melancólico, violento y extraordinariamente elegante.

Lee Byung-hun está inmenso, Kim Jee-woon firma una de sus obras cumbre y Jung Doo-hong aporta una dirección de acción de primerísimo nivel.

Para mí, junto con I Saw the Devil, lo mejor de Kim Jee-woon.


Nivel de hostias: 🥊🥊🥊🥊